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¿Qué es lo que no funcionó con los mercados financieros globales? En dos palabras: la implosión del nuevo mundo valiente de las finanzas modernas, y la crisis económica que sobrevino después, estaba arraigada en la idea de que los mercados de capital libres y desregulados siempre trabajan para el bien público, y son todo lo que se necesita para la prosperidad económica. El prólogo de la crisis fue una combinación de dinero barato, desregulación y una carrera por retornos por parte de ejecutivos no amedrentados por los riesgos asociados.

Cuando estalló la burbuja inmobiliaria y luego colapsaron los mercados financieros, el crecimiento se desplomó en todo el mundo como nunca antes desde la Gran Depresión. Se espera que el PBI en las economías avanzadas se reduzca aproximadamente el 4% este año. Las pérdidas totales del sector financiero en las economías avanzadas del mundo rondan los 1,6 billones de dólares. El FMI estima que todavía se producirán pérdidas por más del doble de esta cifra. Se seguirán perdiendo empleos. A las generaciones futuras se les está endilgando una explosión de deuda pública. Pasarán años antes de que nos recuperemos plenamente.

A pesar de todo este dolor, los participantes que aún quedan en el mercado financiero obtuvieron suficientes beneficios gracias a los rescates del gobierno. El respaldo promedio del G-20 al sector financiero es de más del 30% del PBI (esto incluye inyecciones de capital, garantías, préstamos del tesoro y compras de activos, provisión de liquidez y otros respaldos de los bancos centrales). En nuestra respuesta política a esta crisis, tendrán que entrar en juego nuevas formas de financiamiento y distribución de la carga fiscal. En este contexto es que el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, y yo presentamos nuestra propuesta para un impuesto a las transacciones financieras (FTT por su sigla en inglés).

Los participantes que quedan en el mercado financiero no están arrimando el hombro en esta crisis. Pero los contribuyentes ven lo que sucede en Wall Street -y en Londres y Francfort-. Los ciudadanos son conscientes de los cientos de miles de millones de euros y dólares que han sido utilizados para respaldar a los bancos. Los pagos de sobresueldos en el sector financiero van al unísono con pérdidas masivas de empleos en la economía real.

En mi opinión, la respuesta política a esta crisis debe englobar algo más que mejores regímenes regulatorios, estrategias de gestión de riesgo y requerimientos de capital. La manera en que los gobiernos manejen la distribución de la carga entre Wall Street y los contribuyentes determinará la cohesión social, la estabilidad del mercado financiero y las reputaciones de los líderes políticos en los próximos años.

Por supuesto, a los bancos que participan en los programas de estabilización financiados por los contribuyentes se les están imponiendo pagos de compensaciones y honorarios por las garantías del gobierno. Pero eso no basta. Los participantes del mercado financiero tienen que demostrar que entienden el papel que desempeñaron en el origen de la crisis, y que están dispuestos a contribuir significativamente para impedir que se vuelva a repetir.

Un impuesto global a las transacciones financieras (FTT), aplicado de manera uniforme en todos los países del G-20 y que cubra todas las transacciones financieras a una tasa muy baja, es el instrumento de elección obvio para asegurar que todos los participantes del mercado financiero contribuyan equitativamente. El ministro de Relaciones Exteriores Steinmeier y yo sugerimos que el G-20 tome medidas concretas para implementar un FTT del 0,05% a todas las transacciones de productos financieros dentro de sus jurisdicciones, sin importar si estas transacciones se producen en una bolsa. Los gobiernos nacionales podrían establecer una prestación personal para eximir a los inversores minoristas.

En base a cálculos del Instituto Austríaco de Investigación Económica, que estudió los posibles efectos de un FTT general en nombre del gobierno austríaco, un FTT global del 0,05% podría rendir hasta 690.000 millones de dólares por año, o aproximadamente el 1,4% del PBI mundial. Un impuesto de esa naturaleza gravaría no indebidamente a los participantes en el mercado financiero, y al mismo tiempo permitiría recaudar una cantidad importante de dinero para financiar los costos de esta crisis.

Los participantes en el mercado financiero están peleando con uñas y dientes para no pagar lo que les corresponde. Para ello, esgrimen una cantidad de argumentos contra un FTT para camuflar su resistencia. Algunos de ellos sostienen que un impuesto de estas características generaría reacciones evasivas por parte de los participantes del mercado y tendría efectos distorsivos. Pero esas acciones evasivas por parte de los participantes del mercado serían casi imposibles si el G-20 se mantuviera unido.

El volumen de operaciones en las bolsas del G-20 y de la Unión Europea representa aproximadamente el 97% de las operaciones globales totales en acciones que operan en bolsa, y alrededor del 94% del volumen total en bonos que operan en bolsa. Como el impuesto sería muy bajo e incluiría transacciones en mercados al contado y de derivados que operan en bolsa y mercados OTC, así como toda clase de activos (acciones, bonos, derivados y divisas), tampoco habría demasiado efecto distorsivo. No creo que un impuesto de esta naturaleza vaya a tener un impacto significativo en la liquidez de mercado, pero aunque así fuera, un estímulo para comprar y retener tal vez no sea algo tan malo.

El debate entre los ministros de Finanzas en Londres en los preparativos para la reunión del G-20 en Pittsburgh reveló un acuerdo básico de que las cargas impuestas por la crisis financiera deben ser compartidas de manera justa. En la cumbre del G-20, deberíamos discutir cómo debería ser una distribución justa y equitativa de la carga entre los contribuyentes y el mercado financiero. La canciller alemana, Angela Merkel, obtuvo un apoyo inicial para una idea de este tipo de parte del primer ministro británico, Gordon Brown, y del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy. Estamos recibiendo mucho interés y buena disposición para un mayor diálogo sobre este tema dentro de la UE y más allá.

Existe un caso claro para un FTT global: sería justo, no haría daño y haría mucho bien. Si existe una idea mejor para una distribución justa de la carga entre los contribuyentes y sus Wall Streets del mundo, oigámosla. Si no la hay, implementemos un FTT ahora.

*Peer Steinbrück es el ministro de Finanzas de Alemania.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
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