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La reciente decisión por parte del gobierno de Myanmar de sentenciar a la líder prodemocrática Aung San Suu Kyi a otros 18 meses de arresto domiciliario demuestra lo difícil que es lidiar con los generales que gobiernan ese país. Sin embargo, tal vez ya se hayan dado los primeros pasos hacia una nueva estrategia.

La señal más clara surge de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por su sigla en inglés), a la que pertenece Myanmar. Al principio, la mayoría de los gobiernos que son miembros de la ASEAN respondieron dócilmente al veredicto, expresando su “desilusión” -una postura que refleja el principio de no interferencia del grupo en la política interna de los países miembros.

Pero el ministro de Relaciones Exteriores tailandés, Kasit Piromya, luego consultó a sus pares en Camboya, Indonesia, Singapur y Vietnam. Como presidente actual de la ASEAN, propuso la idea de exigir de manera concertada el perdón para Aung San Suu Kyi.

Los funcionarios de gobierno de la ASEAN se han reunido desde entonces para redactar un texto. La aprobación por parte de los ministros de Relaciones Exteriores de la asociación puede producirse en septiembre, mientras que los líderes de la ASEAN podrían tratar la cuestión en octubre.

Por supuesto, es de esperarse que haya enmiendas y objeciones al borrador. Pero el pedido de perdón ya es significativo. Intenta ser un delicado equilibrio entre respetar la soberanía del régimen y sutilmente presionar al unísono, como estados vecinos, para que el perdón se cumpla. El pedido estaría redactado de manera amable, pero también sería un modo de comunicación oficial y público, en lugar de la habitual diplomacia tranquila detrás de escena.

Lo que la ASEAN diga o no diga no cambiará las cosas de inmediato. Los cínicos podrían agregar que aún si Aung San Suu Kyi fuera perdonada, tal vez seguiría detenida con cargos políticos o enfrentaría otras barreras destinadas a impedirle competir en las elecciones prometidas en Myanmar para 2010.

Pero las sanciones occidentales no han funcionado tampoco. Desde la crisis de los años 1990, las violaciones a los derechos humanos han continuado, más recientemente con la represión de las protestas lideradas por monjes budistas en 2007. El ciudadano promedio se ha vuelto más pobre, incluso mientras quienes están cerca de la junta se enriquecen ostensiblemente.

Las sanciones occidentales, más bien, prepararon el terreno para inversiones en Myanmar de personas menos preocupadas por las violaciones a los derechos humanos -primero los vecinos de la ASEAN en hotelería y otros sectores, y más recientemente China e India, que compiten por proyectos e influencia en el sector estratégico de la energía-. En consecuencia, los generales de Myanmar han podido enfrentar a un bando contra otro.

El juego, sin embargo, ahora puede estar cambiando. La iniciativa de la ASEAN es un nuevo paso hacia adelante para el grupo. Mientras que la ASEAN rechazó los llamados previos a imponer sanciones, o incluso expulsar a Myanmar, este paso demuestra que no se mantendrá inerte no importa lo que hagan los generales. Es más, algunos países que son miembros de la ASEAN, como Singapur, han solicitado explícitamente que a Aung San Suu Kyi se le permita participar en las elecciones de 2010.

El esfuerzo de la ASEAN coincide con otros dos acontecimientos. Uno es la decisión de parte de Estados Unidos de reconsiderar su política de sanciones, volviéndose más flexible al mismo tiempo que se mantiene fiel a sus valores e intereses.

Algunos activistas han criticado el viaje del senador norteamericano Jim Webb a Yangon para obtener la liberación de John Yettaw, el norteamericano cuyas acciones dieron lugar a las acusaciones contra Aung San Suu Kyi. Pero esto es coherente con la política de la administración Obama de buscar el diálogo incluso con quienes no son amigos de Estados Unidos. Este diálogo es vital si se pretende impedir que Myanmar se haga de armas nucleares y lleve a cabo elecciones fraudulentas, a la manera de Irán.

El otro acontecimiento es menos obvio. Después de que la Corte pronunciara su veredicto, el régimen redujo la sentencia a la mitad y aceptó mantener a Aung San Suu Kyi bajo arresto domiciliario, en lugar de trasladarla a una de sus peores cárceles. Esto tal vez no parezca demasiada concesión. Pero la junta parece estar intentando causar menos ofensa.

Consideremos, también, el gesto de la junta de entregarle a Yettaw al senador Webb, y su interacción con la comunidad internacional en materia de asistencia humanitaria después del ciclón Nargis. ¿Sería posible que los generales en Myanmar reconozcan que están en un callejón sin salida? ¿El régimen podría estar buscando maneras de salir de su aislamiento en la carrera para las elecciones de 2010? ¿Podría aceptar con agrado el diálogo y el compromiso?

Cómo respondan los generales al pedido de la ASEAN será una señal importante de las intenciones del régimen. Aún si el régimen no quiere empezar a hablar, sostener un diálogo no será más fácil de lo que ha sido en el caso de Corea del Norte.

La ASEAN, como la organización de estados vecinos, es importante para alcanzar ese objetivo, pero la participación de Estados Unidos es clave, al igual que la inclusión de China e India. Se los debe presionar para que vean algo más que la oportunidad de un acceso estratégico a la energía y otros recursos naturales. Japón -todavía la economía asiática más importante y un donante tradicional a la región- también debe desempeñar un papel.

Es necesario construir una comunidad moral pero pragmática, en la que todos sus integrantes estén de acuerdo sobre cómo hacer frente a Myanmar. Aún si, como en una orquesta, diferentes países utilizan instrumentos diferentes y desempeñan roles diferentes, el tema principal debe ser coherente.

Si se puede hacer esto, las posibilidades de progreso en la carrera para las elecciones de 2010 se fortalecerán. El éxito todavía puede resultar esquivo, pero un nuevo juego con una mayor posibilidad de éxito habrá comenzado.

*Simon Tay es presidente del Instituto de Asuntos Internacionales de Singapur y miembro de la Asia Society.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
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