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Es una flagrante violación a la Carta Fundamental de la República, por parte de seis magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quienes actuando sobre la base del lema el papel aguanta lo que le pongan, dictaron la denominada “sentencia” para convertir de hecho y no de derecho candidato presidencial a don Daniel Ortega Saavedra.

El insólito documento judicial fue redactado por el súper magistrado Francisco Rosales, quien rompió récord, pues en sólo noventa minutos elaboró la sentencia de marras, que consta de 25 páginas, en la que recoge centenas de jurisprudencia nacional. Esto ha obligado a juristas, expertos en derecho constitucional, abogados, personas de distintos signos políticos e ideológicos, a criticar acremente la actuación de los jueces del máximo tribunal de justicia de nuestro país.

Los versados, en absoluta mayoría, han rechazado y condenado el atentado jurídico con que se pretende dar el golpe de gracia, de una vez por todas, lo poco que quedaba de la Constitución Política. Sin embargo, uno que otro acólito del orteguismo se ha pronunciado defendiéndolo, alegando que es un derecho inalienable del gobernante de turno se postule por sexta ocasión como candidato a la presidencia.

Justifican el barbaricidio contra la Constitución, arguyendo que existe una corriente reeleccionista que inunda a países de América del Sur: Venezuela, Bolivia, Ecuador y Colombia. Señalan a países de la Unión Europa, como España, donde Felipe González, al frente del PSOE, estuvo catorce años en el gobierno; no escapa al actual Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, para finalmente decir que reelegirse en la Presidencia de la República no es un pecado político. Y se preguntan por qué los diputados de la Asamblea Nacional se pueden reelegir sin límite alguno, mientras que al Presidente de la República le impiden la reelección continua.

Deliberadamente, olvidan que todo análisis sobre determinado fenómeno político debe partir de la realidad histórica de cada pueblo. Es decir, el enfoque debe ser tirando una mirada retrospectiva a la historia y a las experiencias por la que han travesado los nicaragüenses en materia de reelección. Los que hoy defienden la reelección de Daniel Ortega no escriben una sola palabra de lo que le tocó vivir y pagar a nuestro pueblo por causa y culpa del reeleccionismo.

Hay amnesia calculada en estas personas para no recordar que la Revolución Liberal de José Santos Zelaya se vio frustrada por su afán de reelección. Pese a que la Constitución llamada Libérrima prohibía la reelección continua, el dictador se mantuvo en el poder en forma ininterrumpida por 17 años, hasta que finalmente fue derrocado por un movimiento armado y la injerencia norteamericana.

El fenómeno de la reelección fue lo que llevó a la tumba al fundador de la dinastía, Anastasio Somoza García, quien se mantuvo en el Poder de 1937 a 1947, luego se reelige de 1950 al 1955, se postula para las elecciones de 1956, cuya candidatura fue abortada por la acción heroica del poeta Rigoberto López Pérez, del 21 de septiembre de 1956. Le suceden sus hijos Luis Somoza y Anastasio Somoza Debayle, quien fue Presidente de la República de 1967-1972, luego se reelige en 1974 y abandona el poder en 1979, por el levantamiento popular, al grito de… ¡basta ya de Somoza¡
De manera que teniendo esa larga, triste y dolorosa historia, ¿cómo es posible que aún existan personas que defienden a capa y espada la reelección presidencial continua? Es el continuismo el que saca del gobierno al caudillo José Santos Zelaya. Quien mata a Anastasio Somoza García fue su propia ambición reeleccionista. Por estas tristes experiencias que ha pasado el pueblo de Nicaragua es que la inmensa mayoría de los nicaragüenses se opone a la reelección de Daniel Ortega.

Nadie quiere que esa historia se repita. El pueblo ya está cansado de estar aportando sacrificios, sudor y sangre, para que cada cierto tiempo tenga que rebelarse para sacar del poder a los que emulan a dictadores
En cuanto a la pandemia reeleccionista que afecta a países de Sudamérica, lo que no dicen los simpatizante de la reelección es que en Venezuela, Bolivia y Ecuador, sus líderes, para reformar sus constituciones y eliminar la prohibición a la reelección, convocaron a sus pueblos a referendos para consultarles si se reformaba o no la carta magna, al final las ganaron, y los observadores internacionales ratificaron su limpieza. Entonces, ¿por qué don Daniel Ortega, no retoma el buen ejemplo de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa?
Si el sempiterno aspirante presidencial nicaragüense está seguro de tener el respaldo de la mayoría, ¿por qué no convoca al pueblo a un referendo para preguntarle si está o no de acuerdo con que se elimine de la Constitución la prohibición de la reelección continua? Si el pueblo vota a favor o en contra de la consulta, todos debemos respetar la voluntad soberna del pueblo expresada en las urnas.

No sigamos buscándole tres pies al gato. La solución a la crisis en que está inmerso el país, a causa y efecto de la sentencia de la Sala Constitucional, se resuelve fácilmente, realizando un plebiscito para que el pueblo resuelva el ficticio conflicto de competencia entre la Corte Suprema de Justicia y la Asamblea Nacional. La salida al problema político la tiene en sus manos el Presidente de la República; todo está en que se disponga a seguir el ejemplo de sus colegas agrupados en el ALBA. Señor Presidente, don Daniel Ortega Saavedra: si en verdad usted no le tiene miedo a la voluntad del pueblo, decídase a convocar un referendo, pregúntele a la población si se elimina de la carta fundamental la no reelección, o si quiere que se mantenga la prohibición.

Creo que nadie le tiene temor a otra candidatura de Daniel Ortega, éste ya fue derrotado como candidato en 1990, época en que políticamente estaba mucho más fuerte, y sin embargo fue derrotado ampliamente por una señora ama de casa (Violeta Barrios), quien no tenía ni idea de lo que era la política. Ahora, el mismo personaje derrotado pretende postularse, en estos momentos que está dividido y debilitado. El gobierno de Ortega está muy desprestigiado, pues nada de lo que prometió en la campaña electoral ha podido cumplir. Su administración es tildada de incapaz; por ende, otra candidatura del actual mandatario presagia otra derrota política más aplastante que la ya sufrida en 1990.

El cuestionamiento a la resolución de la Sala Constitucional de la CSJ no se funda en el temor a otra candidatura de Ortega; la inconformidad estriba en la forma burda cómo se quiere atropellar la inteligencia colectiva de los nicaragüenses, ultrajando la Constitución Política con una candidatura que expresamente esta proscrita.


*Abogado y Notario Público