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“Deus maria fecit, batavous terrae”(1) Proverbio holandés

El canciller por la ley, jefe temporal de la diplomacia nicaragüense, un señor de apellido Coronel Kautz, llamó a Holanda, sin motivo alguno, “paisucho”. Un diplomático, por lo general, es un estratega de la negociación para cambiar la correlación de fuerzas. Alguien que no sólo conoce las características de los países con quienes mantiene relaciones (y de los cuales accede a oportuna información privilegiada), sino, que a base de conocimientos y habilidades especializadas sabe concertar alianzas o individualizar y aprovechar ventajas comerciales que potencialmente ayuden a consolidar el propio Plan Nacional de Desarrollo.

Llamar a Holanda “paisucho” es muestra no sólo de ignorancia e incapacidad, ya que Holanda ocupa la posición número once a nivel mundial, según la clasificación de países por el nivel de vida o de prosperidad de su población, que considera tres indicadores: el PIB per cápita, la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) y el Índice de Desarrollo Humano (IDH). En los cuales Holanda figura a la cabeza de países como el Reino Unido, Alemania y Japón. Y alcanza este nivel extraordinario de prosperidad, con una densidad de 385 hab/km², de las más altas del mundo; en una extensión territorial de 41.526 km²; de los cuales, 6.500 km² se los han ganado al mar. Más del 15 % del territorio ha sido obtenido con base a diques, canales, esclusas de presas, molinos de viento que drenan las aguas en un continuo bombeo para mantener secas las tierras que se encuentran por debajo del nivel del mar (en las que vive el 60 % de la población, en grandes pólders, como los de Flevoland Sur y Este, y el pólder del Noreste).

Holanda recuerda la habilidad de los aztecas en el desarrollo de chinampas para el cultivo de horticultura intensiva sobre las lagunas, de las cuales, a base de diques, obtenían amplias extensiones de tierra firme que, tras algún tiempo, podían ser pobladas, como la antigua y bella ciudad de Tenochtitlán construida sobre el lago de Texcoco.

Además de la admiración del mundo por esta capacidad de lucha en contra de situaciones geográficas adversas, el pueblo holandés está a la cabeza de políticas de protección medioambiental y de desarrollo sostenible, y de políticas de planificación económica que le permite distribuir a la población, en planes de contenido social (educación, salud, protección al desempleo, subsidios por enfermedad e incapacidad, pensiones a ancianos, huérfanos y viudas), el 50 % de los ingresos nacionales. El 70 % de la población (con ingresos menores a un nivel establecido) tiene acceso gratuito al servicio de salud, considerado de los mejores del mundo. Como resultado de todo ello, la esperanza de vida en Holanda es de 76 años para los hombres, y de 81 para las mujeres.

En Holanda se han promovido, además, importantes leyes de contenido social, incluida la legalización de la eutanasia activa (bajo determinados supuestos). Mientras en Nicaragua, por contraste, el gobierno reaccionario del cual es por la ley el máximo representante diplomático el señor Coronel Kautz, promueve y aprueba una ley clerical que penaliza el aborto terapéutico, y que conscientemente convierte a su partido en militante activo de prejuicios eclesiásticos (que contradicen la práctica médica y atentan en contra de los derechos humanos de las mujeres).

Esta actitud del canciller por la ley no es debida sólo a ignorancia y a incapacidad de pensar racionalmente, sino, que revela un nacionalismo estrecho, de contenido reaccionario. Para un socialista no hay país al que no considere su patria, con tanto mayor ímpetu cuanto en él se presenten condiciones objetivas y subjetivas que favorezcan la lucha histórica de la humanidad por un orden social más igualitario. O del cual no recoja como propia la lucha por destruir los privilegios y la opresión, y avanzar hacia el progreso.

¿Con base a qué criterio reaccionario el jefe de la diplomacia de este gobierno discrimina a las naciones del mundo en países y paesuchos?

La pregunta de fondo para la población nicaragüense, ¿es si el pensamiento reaccionario y la fidelidad al caudillo, al margen del conocimiento y de la capacidad, es el mérito suficiente para ocupar un cargo en este gobierno que carece de un programa nacional?

El señor Tomás Borge, otro diplomático de este gobierno, demuestra por su cuenta una incapacidad de razonar semejante a la del señor Coronel Kautz. En la edición de El Nuevo Diario, del sábado 14 de noviembre, con la ilusión de resultar irónico escribe: “La dictadura de Ortega tiene la limitación de no despellejar vivo a nadie como lo hacía el somocismo. No ha tenido el talento de tener presos políticos, ni exilados, ni censura de prensa, ni lanzar bombas lacrimógenas”. Con lo cual, pretende demostrar que el régimen actual no es una dictadura, a pesar que de manera evidente desarrolla un proceso violento de control totalitario (en esta etapa, de manera especial, sobre la organización y la movilización independiente de los ciudadanos).

Con sólo aplicar los postulados de Euclides, basados en axiomas y teoremas escritos en el año 300 antes de Cristo, Borge comprendería que su demostración no sigue un razonamiento lógico elemental. Determinado método represivo (la capucha, el aislamiento carcelario, despellejar vivo a alguien, etc.) no es en sí la dictadura. Para el fortalecimiento del proyecto dictatorial, los métodos represivos se seleccionan y se usan para eliminar obstáculos concretos. Lo decisivo, por lo tanto, para comprender el proceso dictatorial, es analizar la evolución de su contenido reaccionario. Es decir, los intereses y privilegios de clase que se van consolidando.

Para la afirmación del culto a la personalidad del caudillo en el seno de su partido, por ejemplo, la amenaza de recortar privilegios puede resultar más eficaz que una capucha. Con la esperanza que el señor Borge racionalice la dinámica particular de los método represivos de la dictadura en función de los objetivos –que no siempre despellejan vivo a alguien o lo aíslan en una celda-, basta preguntarle ¿cuál es su posición con respecto al aborto terapéutico, y por qué temor, cuando era diputado, se salió del parlamento a la hora de la votación de la ley que lo penaliza (promovida por Ortega), en lugar de denunciar el carácter reaccionario de esa ley y de votar abiertamente en contra, como consecuentemente corresponde a alguien simplemente progresista?

Dictadura, en fin, es el plan en curso de Ortega de formar un régimen de partido único, como expresara en Cuba. Dictadura es la propuesta en vigor del propio señor Borge de no entregar el poder, pase lo que pase.

Tampoco la dictadura de Ortega corresponde a una “dictadura desarmada”, que se hace posible por el abandono ético de parte de la población de los principios abstractos del bien y el mal (como consecuencia de una herencia del somocismo), como ingenuamente sostiene Pérez Baltodano en la edición de El Nuevo Diario, del domingo 15 de noviembre. Antes de 1934, (cuando Hitler aún no había culminado la subordinación total de las fuerzas armadas) Pérez Baltodano, con evidente ingenuidad y miopía, habría llamado al nazismo “dictadura desarmada”, como hace ahora con el orteguismo.

Para Pérez Baltodano la historia humana es consecuencia – no de la lucha de clases -, sino, de la moral. Y a ella confía la solución de la dominación totalitaria. Su política, ante el orteguismo, es esperar un tsunami de honestidad, por el cual los corruptos devolverán lo robado. Más que la herencia del somocismo, es la oferta de esperanzas de este tipo la que pavimenta el camino a la dictadura orteguista.

*Ingeniero eléctrico

“Dios hizo los mares, los holandeses la tierra”.