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día lunes 19 de octubre de 2009 la Corte Suprema de Justicia mediante la Sala Constitucional sorprendió al país entero con la sentencia 504 que le permite al Presidente Daniel Ortega reelegirse en las elecciones generales de 2011, en contravención a lo dispuesto en el artículo 147 de la Constitución Política que prohíbe la reelección continua y asimismo postularse para un tercer período. Es obvio que la resolución conduce a la polarización, que curiosamente favorece más a Arnoldo Alemán.

A partir de ese día, la información y los análisis de la sentencia por parte de connotados juristas han sido abundantes. No es para menos, esa sentencia nos hizo retroceder hasta los inicios de la conformación de la criminal dictadura somocista, imagino que las personas que vivieron en la época, lucharon por un cambio y legaron a las nuevas generaciones una Nicaragua imperfecta pero distinta, se sienten indignadas, la rueda giró y no se avanzó a ninguna parte.

Dentro de los comentarios vertidos por estos juristas está el hecho de que el recurso interpuesto ante el CSE es impertinente, ya que no estamos en un proceso electoral donde hayan pretendido inscribirse como candidatos los recurrentes. De igual manera, el amparo mismo era inconsistente ya que no se violentaba un derecho fundamental y en cambio se aplicaba una disposición constitucional.

No obstante, el tiro de gracia estuvo a cargo de la Sala Constitucional de la CSJ, que se extralimitó en su función de vigía del orden constitucional al emitir una sentencia invocando instrumentos internacionales, para de manera insólita sostener que la prohibición de la reelección presidencial continua atenta contra el principio de igualdad.

Esta postura se desvanece al aplicar la ponderación de derechos, es decir, ningún derecho es absoluto ya que tienen límites, tal y como lo reconoce el arto. 24, párrafo segundo de nuestra Constitución Política. Simplemente, la prohibición deriva de un límite del derecho al sufragio pasivo.

En términos sencillos es lo que se ha argumentado hasta ahora y estoy totalmente de acuerdo. Naturalmente no han faltado los mercenarios del Derecho que se muestran a favor de esta obscenidad jurídica, algunos de ellos vistiendo trajes, usan una retórica aparentemente compleja y se apoyan en teorías que ni ellos mismos comprenden. Estos personajes no merecen más mérito que el que refiero, debido a que con sus aportes niegan su formación universitaria.

Por mi parte, adiciono el hecho de que la prohibición de la reelección presidencial continua constituye también una discriminación positiva. Este principio tiene su origen en la antidiscriminación y básicamente es la adopción de medidas orientadas a superar la desigualdad. Puedo referir como ejemplo, la obligación del encargado de una oficina de acceso a la información pública de llenar el formato de solicitud de acceso a la información a una persona con limitaciones de escritura, lo que ubica al ciudadano en un plano de igualdad respecto de la persona con nivel académico superior, ya que a ambos les asiste el derecho de acceso a la información pública.

Lo mismo ocurre con esta prohibición, un presidente siendo candidato tiene a su favor la publicidad del gobierno como propaganda indirecta, además de todo el apoyo logístico que el ser gobernante implica. Asimismo, la medida obliga al sistema democrático a garantizar una sucesión, lo que a su vez aumenta la competitividad entre las diferentes fuerzas políticas.

Creo que si en nuestro país existiera una ley de partidos políticos que obligue a tener cuotas de mujeres y jóvenes en sus listas de candidatos a cargos a elección popular y en la dirección del partido, el relevo generacional, en este caso, fuese natural por la necesidad de su promoción. Retomando la finalidad de esta prohibición, nos vemos obligados a elegir distintos representantes, lo que aumenta la competitividad entre los ciudadanos que aspiren a ser electos y promueve que un número mayor de ciudadanos ejerciten su derecho al sufragio pasivo, que es una de las finalidades de la democracia.

Me causa profunda tristeza escuchar a jóvenes liberales decir que en el PLC no hay más líderes que Arnoldo Alemán, de igual manera oír la misma expresión de Daniel Ortega en jóvenes militantes del FSLN es lamentable. Mantener la prohibición protege nuestra democracia del populismo y dar un paso más al exigirle a los partidos políticos cuotas de mujeres y jóvenes en nombre de la discriminación positiva, hará desaparecer esos obtusos pensamientos que nos hacen creer que hay personas indispensables para el desarrollo de nuestro país.


*Miembro de la Juventud del Partido Conservador