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El próximo 21 de noviembre podría producirse un terrible encontronazo entre dos trenes atestados, y lo peor de todo, es que lo sabemos todos los nicaragüenses medianamente informados. Y no hacemos lo necesario para evitarlo. Más bien pareciera que hay quienes están estimulando que se produzca ese choque, atizando las calderas de leña seca y crujiente, sin importar que el impacto pueda devenir en una tragedia, con personas golpeadas, heridas y hasta muertas, y, que pudiéramos ser nosotros mismos, amigos, familiares, conocidos. Basta que sea un ser vivo para lamentarlo.

Ante nuestros ojos se está dando algo inaudito: estamos viendo la organización de dos marchas con intereses ideológicos y políticos totalmente opuestos, y con antecedentes de violencia, que se producirán el mismo día. Es como una invitación a la hostilidad, a la agresión, al mortereo, la garroteadera y el apedreo. ¿Cómo es posible que ocurra esto si sabemos del peligro de un fatal encontronazo? ¿Por qué el Estado y la sociedad están conduciendo hacia esta estupidez? ¿Acaso perdimos la racionalidad y la sensatez?

Dos contingentes antagónicos se preparan sigilosamente para concentrarse y marchar el mismo día por la capital, y todo esto ocurre ante la opinión pública, ante las autoridades que deben velar por la buena marcha del país. El Ministerio de Gobernación y la Policía Nacional deberían impedirlo, pero la Ministra más bien dice que Managua es grande, y que puede haber dos marchas; y la Policía, por su parte, peligrosamente extiende dos permisos a marchas antagónicas para el mismo día. Para remate, el principal agitador público del partido de gobierno, el mesiánico Gustavo Porras, dice que la marcha oficial no tiene rumbo, es decir, podría agarrar para cualquier lado. ¡Es increíble!

El escenario principal está montado y en todo el país a marchas forzadas se desarrollan los preparativos, unos para que se produzca la marcha opositora, y otros, para impedirla. Todo el mundo lo sabe, todos los sabemos, todos seremos cómplices de la desgracia anunciada. ¿Por qué no prevalece la sensatez y uno marcha un día, y el otro, otro día? ¿Por qué llegar hasta el encontronazo para después lamentar el saldo o, por otro lado, perversamente regodearse de ello? Parecemos unos salvajes.

El conocido agitador Víctor Cienfuegos dice con crudeza y candorosa sinceridad, que los adversarios del partido del gobierno deben protestar, pero en sus casas, no en las calles, porque las calles son del pueblo. Este pensamiento simplista y equivocado, excluyente y autoritario, se origina en la cúpula que controla al FSLN, cuya estrategia de comunicación develada en el año 2007, sostiene que el poder es del pueblo y que el pueblo es el FSLN. Este es el gran problema, quizás derivado de que no procesaron las más recientes experiencias históricas como la caída del socialismo europeo, la derrota electoral del Frente en 1990 y la multimillonaria apropiación de bienes públicos de parte de la dirigencia de este partido. Si no estás conmigo, sos mi enemigo, es una máxima del pensamiento autoritario que lamentablemente prevalece en esta desfasada organización política.

Guerrillero de larga trayectoria, compañero de cárcel de Daniel Ortega, y en el gobierno revolucionario de los años ochenta funcionario de la Seguridad del Estado y del Departamento de Relaciones Internacionales (DRI), del FSLN, Jacinto Suárez planteó abiertamente en un medio de comunicación que se trata de un enfrentamiento, de una lucha por el control, no sólo de las calles, sino del pensamiento de la gente. También dijo que como el Frente es mayoría, por eso le gana a los opositores. Mayoría activa y agresiva en las calles, ciertamente, contra una mayoría que no votó por Ortega, pero que no se entusiasma aún con la idea de salir de sus casas a defender sus derechos pisoteados.

Es revelador el decir de Suárez, porque, en efecto, en la mente de quienes gobiernan, en Nicaragua hay una guerra, no conciben diferentes pensamientos, y caen en el simplismo dictatorial de que todo lo que está fuera del Frente, es enemigo a combatir sin piedad. La disención y la crítica no deben existir. El pensamiento distinto debe ser reprimido.

Seguramente Jacinto Suárez no recuerda que su conciencia antisomocista surgió precisamente de acciones represiva de la dictadura somocista contra manifestaciones opositoras en las que él comenzó a participar desde que tenía apenas catorce años de edad. Él no integraba la marcha de 1960 por el primer aniversario de la masacre estudiantil del 23 de julio, en León, pero fue testigo en el barrio San Antonio, del asesinato de su compañero de primer año en el Instituto Ramírez Goyena, Julio Óscar Romero, un renquito que vivía frente al Cine América, destrozado por los grupos de choque progubernamentales frente a la casa de la Dra. Miriam Argüello.

Suárez cuenta que para no enfrentar a la Guardia con el pueblo, Somoza utilizó a grupos paramilitares, exactamente igual como hace ahora el Presidente Daniel Ortega. Cada vez se están pareciendo más, porque igualmente el Frente ya robó bienes estatales y elecciones y actualmente los que mandan están en un desaforado proceso de acumulación de capital. Así lo hizo Somoza. No han reprimido a matar, hay que decirlo, no hay comparación, como acertadamente señala el Comandante Tomás Borge, uno de los fundadores del FSLN sobrevivientes. Una cosa es que haya rasgos dictatoriales, y otra es que sea una dictadura, y menos como la somocista. Exageran, por ahora.

Los principales cuadros del Frente están llenos de protagonismo histórico, y de referencias de la Historia, y por ello deberían ser de los más preclaros de esta sociedad, y comprender, y asumir que, como miembro de la ONU, Nicaragua está comprometida con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y por tanto, debe garantizar dichos derechos a su población, sin excluir a nadie. Entre esos derechos están los de organización, movilización, elección de autoridades y libertad de expresión.

En la medida que un gobierno no puede garantizar los derechos humanos, se debilita, pierde autoridad moral y se deslegitima. La represión puede causar heridas, chuchucas, dolores y calambres, también la muerte, pero lo más importante, como le ocurrió a Jacinto Suárez, es que dispara la toma de conciencia. Los grupos de choque del partido de gobierno, imitadores de las hordas nicolasianas somocistas, podrán ser muy eficientes golpeadoras, pero, sobre todo, desacreditan al Frente, ya bastante golpeado por su distanciamiento de la ética y los principios; y alimentan una conducta y una ideología opositora.

Todavía es tiempo de evitar el choque de trenes. El Presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, puede llamar a sus simpatizantes a desmontar todo el operativo contra la oposición, y marchar tranquilamente al día siguiente, o antes.

*Director de la Revista Medios y Mensajes.

gocd56@)hotmail.com