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Si aplicáramos la simetría, con la desaparición del Pacto de Varsovia (disuelto en 1991), debería haber desaparecido la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), un pacto defensivo para contener a los países del Este de Europa. Sin embargo, lejos de desvanecerse se apunta a convertirse en una Alianza ofensiva con pretensiones de gendarme universal que aplica sus principios selectivamente y de acuerdo a sus intereses hegemónicos. Como dijera el presidente francés Charles DeGaulle: “Es una organización impuesta a la Alianza Atlántica y que no es más que la subordinación militar y política de Europa Occidental a Estados Unidos de América”.

En la actualidad, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Barack Obama, el comandante de Marina James Jones, hizo llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se reforzara el control estadounidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. La Secretaría de Estado durante la Administración Clinton, respondiendo a ese llamado expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. Aparentemente, Barack Obama intenta continuar la expansión.

Inmediatamente después de la desintegración del Pacto de Varsovia. La OTAN fortaleció su poder militar y lo extendió literalmente alrededor del globo terráqueo. De 16 estados pasó a 28 y, aproximadamente, puede contar con dos millones de soldados. Los integrantes de la Organización adquieren el 70% del gasto mundial en armas.

El general Jones también abogó por una “fuerza de respuesta” que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos “mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas”, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.

De tal forma, se ha visto destinada a enredarse en las grandes crisis de la comunidad internacional y a ser utilizada en las enormes maniobras que realizan las potencias mundiales. El deseo de ver jugar un papel más preponderante a la OTAN, en detrimento de la Organización de Naciones Unidas (ONU) - la justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas - evaporándose el pretexto al desaparecer la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Apegados en las doctrinas del momento, muchos esperaban que también la OTAN desapareciera y fue lo contrario y en un dos por tres, se expandió con aún mayor rapidez. Debido a esas condiciones, es inevitable una divergencia entre la ONU, en donde están representados todos los países del mundo y cuyo principio de base es la igualdad jurídica de los estados. La OTAN, siendo sus miembros entre los más ricos y poderosos de alianza militar europea defensiva y en donde están representados unos cuantos, ha dado muestras de querer transformarse de manera ilegal en los mayores y más poderosos gendarmes del mundo.

En síntesis, se trata de una institución política organizada jurídicamente y debe ser considerada como tal. Pretender reemplazar a la ONU por la OTAN, solamente porque la organización mundial ya no responde a los intereses de los poderosos, es cada vez menos aceptable, un grave error y aberración no solo político, sino jurídico.

Efectivamente, la ONU con más de sesenta y cuatro (64) años de existencia, en la que los pueblos del mundo han depositado todas sus esperanzas, ha probado el papel trascendental que tiene en la vida de las naciones. La historia del mundo después de la segunda guerra mundial no puede escribirse sin referirse a ella. No hay que olvidar que la supresión de La Sociedad de las Naciones, tuvo como consecuencia la Segunda Guerra Mundial, por lo que descartar la ONU podría tener repercusiones negativas para la paz mundial.

Una Sociedad Global necesita valores universales para mantenerse unida, una sociedad sin valores no puede sobrevivir. La Carta de las Naciones Unidas firmada el 26 de junio de 1945 en San Francisco-California por representantes de 50 naciones (entre ellas Nicaragua), reúne los valores universales de este siglo con el objeto de erradicar la guerra como mecanismo de solución de diferencias entre los países.

La tradición cultural de los países agresores de la OTAN no puede imponerse indiscriminadamente al resto del mundo en nombre de los valores universales, esa decisión es una burla al Sistema de Naciones Unidas, un menosprecio de sus miembros, una grave violación de sus principios y procedimientos, una señal de que en la nueva organización de la Sociedad Global, del próximo siglo, estarán ausentes la mayoría de las naciones, y que sus decisiones serán tomadas por las más ricas y desarrolladas.

Las decisiones regionales (OTAN) no pueden estar sobre los principios de la ONU. Las decisiones colectivas que autorizan el uso de la fuerza deben tomarse de acuerdo con la Ley y el Derecho, guiadas por los intereses de la sociedad internacional en su conjunto y no por los estrechos intereses de unos cuantos países.

Nadie, puede clamar para sí el monopolio de la verdad, cuando los valores deben ser reflexivos y sometidos a cambios en el curso de la historia. El mayor desafío para este milenio es construir un conjunto de valores fundamentales que puedan aplicarse a una sociedad global. Pero mientras no se estructure otro modelo de Organización Mundial, debemos respetar el actual que con tanto esfuerzo se ha logrado mantener en el presente siglo y ha evitado tantas guerras.


*Diplomático, jurista y politólogo.