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Poner en práctica algunas de las siguientes ideas coadyuvaría a salir de alguna manera de la mentalidad de un país tercermundista. No es un proceso fácil, pero tampoco es imposible. El desarrollo exige un esfuerzo personal y colectivo.

No quepa la menor duda que la educación es la base del desarrollo. Con la educación, es decir mediante el conocimiento de las ciencias y la cultura mundial, podremos entender mejor cómo funcionan las relaciones en los diferentes sistemas o culturas, de tal suerte que cada persona culta podrá desenvolverse con mayor eficiencia.

Cada vez más los países desarrollados se fortalecen entre sí debido a mayores intercambios comerciales, educativos y culturales. Los cambios en los patrones culturales no es una tarea fácil, por otro lado, los ideólogos que defiende el estatus quo son los primeros en defender ideas anquilosadas, las cuales ya no tienen cabida hoy por hoy, excepto solo en los países más atrasados del orbe.

Recordemos cómo el imperio romano para perdurar se nutrió de lo mejor de la cultura griega. Los japoneses y otras naciones asiáticas mejoraron y superaron los inventos de las naciones avanzadas en el hemisferio occidental. Actualmente, los asiáticos siguen preparando a gran cantidad de profesionales en universidades estadounidenses y europeas. Aprenden la cultura occidental para sacar provecho de la misma y ser más productivos y competitivos en sus actividades económicas.

En esos países desarrollados, los patrones culturales del comportamiento humano se han modificado significativamente. Por ejemplo, los tigres asiáticos avanzan vertiginosamente porque realmente invierten y promueven el principal valor de una sociedad, es decir, la educación. Cada hijo de una familia tiene la expectativa que al ser el mejor estudiante podrá entrar a una buena universidad y luego obtener un buen puesto de trabajo.

El proceso de transformación de nuestros hábitos de conducta requiere desaprender patrones culturales que ya no responden a los tiempos actuales y nos mantienen atados al pasado, tanto a nivel personal como colectivo.

Los jóvenes deben estudiar con disciplina; tratar de obtener las mejores notas honestamente; y siempre leer e investigar más de lo indica el profesor. En vez de utilizar la red mundial o internet para un entretenimiento improductivo, “chatear” o parlotear, se debe buscar programas gratuitamente disponibles de matemáticas, de inglés y de diversos temas científicos y de actualidad, inclusive la televisión y animaciones educativas. En otras palabras, el estudiante debe utilizar internet para desarrollar intereses de utilidad que lo llevaran a ser un profesional de calidad en un mundo globalizado.

Para aumentar nuestra estima, tenemos que dejar de pensar que somos “chapeollos” y de subestimarnos. El camino de la educación es permanente y a veces no es fácil el acceso a la misma. No obstante, querer es poder. A manera de ilustración, después de la segunda guerra mundial, ni Japón ni Alemania en ruinas se vieron como víctimas. En esa época, los lideres e ideólogos de esas naciones tuvieron la sabiduría de utilizar un lenguaje adecuado para orientar a sus pueblos.

Las palabras se convierten en la realidad cuando una nación deja que las mismas calen en su conciencia colectiva. No sigamos creyendo ni repitiendo las frases del pasado, por ejemplo, estamos empobrecidos por lo que nos hicieron, lo cual significa somos víctimas y así seguiremos por los siglos de los siglos. Cada nicaragüense ya debe de dejar de poner excusas y ponerse a estudiar y trabajar con ahínco para no seguir siendo prisioneros del pasado.

Hay que entender que debemos de ser puntuales en todas nuestras actividades y trazarnos metas realistas que solamente con nuestra propia iniciativa y esfuerzo serán una realidad.

Valores como la honestidad, la cooperación, la dedicación, la integralidad y disciplina, el respeto a los demás y armonía, el debate de temas constructivos y especialmente los de carácter científico en todos los ámbitos de la sociedad, nos harán cambiar la cultura del “yoquepierdismo” o falta de interés o responsabilidad, la mentalidad asistencialista, la cultura del no pago, la impuntualidad, el derrotismo o negativismo que se manifiesta con la palabra “pero,” inclusive las palabras soeces.

Eliminemos expresiones y formas de pensar obsoletas que se manifiestan en nuestro lenguaje, el cual determina nuestra realidad a nivel personal y de la sociedad. Si la mayoría de la población pone en práctica estas ideas, dejaríamos de ser un pequeño e insignificante país para ser la gran patria que soñó nuestro genio, Rubén Darío.


e_tellez@hotmail.com