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En el mundo terrenal nada es perfecto, todo está sujeto a cambio. Este proceso de transformación es producto del deseo del ser humano por mejorar su nivel de vida. Estos cambios se inician en la familia, cuando los padres corrigen a sus hijos para que sean mejores. Luego continúa en las escuelas, con las orientaciones de los maestros.

En las empresas o instituciones de cualquier índole este proceso se hace de diversas maneras. En la evaluación del desempeño laboral, seguido de la retroalimentación, la que todos deberíamos recibir. Otro método común es la encuesta, para ver cómo percibe el público los bienes y servicios que producen, y qué cambios se pueden hacer para mejorarlos.

Esto debe hacerse a nivel público y privado, y de forma transparente, para obtener los insumos del cambio. Desgraciadamente, a menudo, por intereses personales, este proceso no es realizado de forma correcta, sobre todo a nivel gubernamental, donde la información muchas veces es sesgada para dar la impresión de que las cosas marchan bien.

Este fenómeno social del cambio lleva implícito el sentido de la escucha. Estamos obligados a escuchar lo que nos dicen nuestros hijos, los empleados, los clientes, los ciudadanos, incluso los animales, porque en los estados modernos estos también tienen derechos. Sin escucha no puede haber cambios.

En Nicaragua en el gobierno actual sabemos que algunas cosas no se han hechos correctamente, ahí tenemos los diferentes agentes de la sociedad reclamando porque se cambie la dirección que lleva el país. La sociedad civil para que haya plena libertad de expresión y de organización, y además no se les garrotee cuando protesten, las organizaciones gremiales para que haya más empleos y mejores salarios, los productores del campo para que haya mejores carreteras y más acceso al crédito, las cámaras empresariales para que no haya tantos impuestos, los consumidores para que se mejoren los servicios públicos, los partidos políticos para que haya elecciones transparente e instituciones no partidizadas, la comunidad internacional que haya más gobernabilidad, etc.

No escuchar tiene sus consecuencias. Y esto es aplicable a cualquier dimensión de la vida. Hace unos meses atrás, era gerente de un restaurante bien conocido, y mi superior que era el representante de los propietarios era una persona autoritaria que se creía dueña de la verdad, actuaba como el Sr. Ortega. En varias ocasiones le hice saber algunas cosas en las cuales no actuaba correctamente, pero nunca escucho. Finalmente me cansé y me fui de la empresa, a los pocos meses los dueños se dieron cuenta de los problemas y lo forzaron a renunciar.

Se dice que uno de los mayores atributos que un líder puede tener es saber escuchar a sus seguidores. El Sr. Ortega debe entender que el gobierna para el 100% de los nicaragüenses y no solo para el 38% de su partido y que el 62% no está de acuerdo con la forma que está dirigiendo el país, que él llegó al poder porque Somoza fue derrocado por hacer lo mismo que él está haciendo; No escuchar lo que dicen los demás.

Me da mucha tristeza escuchar lo que dijo un concejal municipal esta semana recién pasada cuando aseguró que la agresión se está poniendo de moda. Espero que esto no sea un preludio de lo que va a pasar este sábado 21 en la marcha que realizará la oposición. No quiero creer que esto se convierta en nuestra forma de vida, tal como pasaba en la era paleolítica, en donde el garrote prevalecía sobre la palabra.

Esta sordera gubernamental ya está teniendo sus consecuencia para Nicaragua. Da pena Cuando uno ve los principales índices de desarrollo humanos y competitividad, Nicaragua siempre está en los últimos lugares, y si el país en los próximos años sigue por la misma senda de los dos últimos años seguiremos hundiéndonos, y lo que le dejaremos a nuestras próximas generaciones será un país con los niveles de África, tanto económico como social.

henrymontoyad@hotmail.com