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La Región Atlántica nicaragüense constituye aproximadamente el 50% del territorio nacional. Representa, no obstante, sólo el 9.5% de la población del país, con cerca de 500,000 habitantes.

En la región de La Moskitia existen siete grupos o etnias. Lo mestizos (200,000 habitantes), Sumos o Mayangnas (13,500 habitantes), Ramas (1,350), Miskitos (125,000), Negros, Garífonas (2,000) y Creoles (43,000). La zona en su conjunto posee variada flora y fauna, maderas preciosas, recursos acuáticos e hídricos, reservas petroleras, minas. Contiene las reservas de la biosfera Bosawás y de los ríos Indio y Maíz, así como los cayos y las 27 lagunas naturales. Sin embargo, durante más de 300 años, tanto los ingleses como el Estado de Nicaragua han impuesto en la Costa Atlántica un modelo de producción de enclave, por el cual obtienen rentas en actividades primarias con nulo valor agregado, sin que se invierta el escaso beneficio en capital humano costeño, en infraestructura, en bienes de capital y en la sostenibilidad ambiental de los propios recursos de la zona. Por ello, pese al enorme potencial de sus recursos naturales, la contribución económica total al Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua es de apenas 6 por ciento.

El 19 de abril de 2009, un millar de indios miskitos del Caribe de Nicaragua, representantes de cada una de las 375 comunidades indígenas de la Costa, conformaron un movimiento independentista que eligió los Almuk Nani, o sea, al Consejo de Ancianos de la nación comunitaria de La Moskitia, integrado por tres ancianos o venerables (como mínimo), con gran prestigio y honorabilidad ante la sociedad India. Este Consejo tiene función política de Gobierno propio y de guías espirituales; que legitiman, además, la elección del jefe de la Comunidad o Wihta tara.

La asamblea del 19 de abril, nombró a Héctor Williams como Wihta tara o Gran juez de la Mosquitia, y aprobó una proclama anunciando que buscarán su independencia de Nicaragua; crearán un consejo de ministros; y un ejército propio que contará inicialmente con 200 hombres ex combatientes de Yatama. No permitirán la realización de los comicios electorales en ambas regiones, en los que se pretende elegir a los 45 miembros que conformarán los consejos regionales de la Costa Caribe. Decidieron, así mismo, suspender cualquier concesión petrolera, no permitir que se realice ningún estudio en la zona, y proceder al cobro de los impuestos de parte del nuevo gobierno de la Moskitia
Esta proclama otorgó seis meses de plazo para que el actual Consejo y Gobierno de la Región Autónoma del Atlántico Norte traspase la autoridad al Gran Juez Williams, quien mandará en la región junto a sus Ministros Ancianos.

Vencido este plazo el lunes 19 de octubre, se han gestado movilizaciones de cientos de indígenas para tomar por la fuerza el palacio gubernamental de Bilwi. Las manifestaciones fueron reprimidas a pedradas por empleados públicos, partidarios de Ortega y por la Policía, con bombas lacrimógenas que, por ahora, han culminado con la muerte por asfixia de un indígena de 68 años y con el arresto de 6 personas. Sin que ningún partido político de Nicaragua denuncie la represión policíaca del gobierno orteguista.

Después de 34 años, también, el grito de asanglawana (asamblea general, en lengua sumu-mayangna), volvió a escucharse por parte del pueblo Sumu, el 21 de abril. Esta asamblea decidió constituirse en Nación Indígena Mayangna de Nicaragua, con un sistema de autogobierno y autodeterminación de su pueblo. Sus intenciones, sin embargo, a diferencia de los miskitos, no son separarse de la República de Nicaragua, sino, llevar a cabo una efectiva autonomía.

A pesar de que la Ley de Autonomía para las Regiones Autónomas del Caribe de Nicaragua fue aprobada demagógicamente desde el 30 de octubre de 1987, fue hasta que cayó el gobierno de Ortega, en 1990, que se eligieron las primeras autoridades de los Consejos Regionales. Pasaron, además, 15 años (hasta el 2004) para que la ley de autonomía fuese reglamentada.

El 66 % de los costeños considera que el principal problema es que el gobierno central de Managua no ha querido apoyar la autonomía. El desengaño de los pueblos del Caribe con la autonomía se refleja en el incremento del abstencionismo electoral de los habitantes del Atlántico, que del 21.8 % en 1990, ha pasado a 62.4 % en 2002. El 68 % de la población califica la gestión de los gobiernos y de los Consejos Regionales con un puntaje deplorable. A estas autoridades se les acusa, entre otras cosas, de negociar en provecho personal la madera derribada por el huracán Félix.

Con relación a la integración nacional, el 47.4 % de los miskitos no se consideran nicaragüenses; entre los Mayangna este porcentaje sube al 67.2 %; y entre los garífonas el porcentaje es de 49.1 %. La autonomía no ha permitido a los habitantes de la Costa Atlántica incidir a favor del desarrollo de la región, y participar en la elaboración del presupuesto central, y en los programas de salud, educación, justicia, economía de cada ministerio, con planteamientos propios para que su ejecución en la Costa se adapte a la realidad de una sociedad comunal indígena que toma como base el interés colectivo, a diferencia de la economía del Pacífico que se fundamenta en el interés individual. Por desgracia, la totalidad de los recursos públicos se queda en Managua.

Pese a sus abundantes recursos naturales, las regiones autónomas de la Costa Caribe son los territorios con más pobreza y con más pobreza extrema de Nicaragua. De sus 19 municipios, 12 están en situación de pobreza extrema. Las condiciones más críticas las presentan, en la RAAN, los municipios de Waspam, Prinzapolka y Siuna. Y en la RAAS, los municipios de Paiwas, Nueva Guinea, El Tortuguero, Muelle de los Bueyes y la Cruz de Río Grande.

¿Qué posición debe adoptar el movimiento socialista en Nicaragua frente a esta reivindicación concreta de autodeterminación y de independencia de los pueblos indígenas del Atlántico que, obviamente, introduce un conflicto entre el derecho democrático a la libre determinación de los pueblos y la integridad territorial del Estado nicaragüense?

Al margen de los argumentos jurídicos coloniales que los dirigentes miskitos esgrimen para justificar el separatismo, y al margen, también, que una potencia externa pueda alentar el movimiento separatista con fines neocoloniales de dominación, las grandes masas de los pueblos costeños están desesperadas con el abandono extremo y desean transformar su situación radicalmente. Este es el elemento decisivo del cual debe partir la política socialista, para reconocer el derecho a la separación de las naciones del Atlántico. La población costeña ha decidido la separación, dado que el estrangulamiento actual de parte de la burocracia central les obliga a vivir en condiciones insoportables de atraso, sin que sus recursos sean explotados bajo un plan de desarrollo económico en beneficio de las comunidades del Caribe nicaragüense.

Es una postura política de principio, para el marxismo, contribuir a liberar a las naciones que yacen sojuzgadas bajo relaciones que frenan el desarrollo económico, con el fin de construir nuevas relaciones con las mismas, sobre la base de una unión igualitaria libre, en la que predomine el interés colectivo.

El tipo de nacionalismo que Ortega le impone al país es, ahora, un retroceso al feudalismo absolutista; y se convierte en el mayor obstáculo para la democracia y para la lucha socialista. El movimiento socialista, lucha contra los privilegios y las imposiciones de la nación opresora, pero, sin tolerar, tampoco, la pretensión de privilegios de ninguna nación oprimida contra el resto de etnias de la región. De manera, que apoya condicionalmente el elemento progresivo implícito en la movilización de las masas campesinas de las naciones indígenas oprimidas, con el fin que la lucha revolucionaria de Bilwi por la libertad política contra el régimen bonapartista de Ortega sirva para asegurar, con la conquista del poder, condiciones más favorables para el desarrollo económico igualitario de todos los pueblos del Atlántico, en alianza con los sectores oprimidos del resto del país.

Así, aunque parezca paradójico, en la dialéctica de las contradicciones históricas actuales de opresión orteguista, ¡Bilwi es Nicaragua!

*Ingeniero eléctrico