•  |
  •  |
  • END

Es conmovedor cómo el imperio y la derecha parecen haberse salido con la suya en Honduras.

Desde el primer día de este drama singular algunos estamos seguros de cuan presto estaba el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, para bendecir, en el momento oportuno, el golpe contra la democracia en el país contrarrevolucionario. Este falso premio Nóbel, es astuto, ambicioso, un veterano besa manos del imperio. Ni por casualidad le interesa la democracia hondureña.

En una ocasión --cuando fue electo, en Nicaragua, Arnoldo Alemán-- nos dijo, en privado, que la elección, a su juicio, había sido fraudulenta. Cuando lo entrevistaron los periodistas en el aeropuerto, afirmó, con un inaudito cinismo, que no había conocido resultados más limpios. Es hipócrita.

Nunca creímos en el rechazo norteamericano al cuartelazo de Micheleti y la confianza de este sujeto alrededor del apoyo imperial, no fue hija del optimismo. Desde siempre conoció de este apoyo.

CNN, desde que el reloj marcó los primeros segundos, después del crimen, en forma mañosa, cínica, con astucia diabólica, embelleció la ridícula pretensión del Micheleti de ser presidente de Honduras.

Como se sabe, este individuo levanta la cabeza como presidente, se rasca como presidente.

No tengo dudas de cuando está a solas y se mira en el espejo, y hace sus inevitables, coloca las caderas y se inclina, satisfecho, creyendo que así lo hacen los presidentes. Por algo tiene nombre de recién bautizado. Se llama Roberto pero todos lo llaman Micheleti que es algo así como decir diminuto.

Al golpe; destinado a golpear el Alba y a aislar a Nicaragua se suma la vanidad y la pretensión de este pequeño personaje ansioso de ser reconocido como un estadista, siendo una persona que apenas puede balbucear algunos lugares comunes e ideas elementales y eso lo saben sus compañeros más cercanos. No obstante, detrás de sus reducidos discursos está la base de Palmerola y la complicidad de cuanto derechista existe en este planeta. Los Fox, los Arias, los Uribe, etc., los no me acuerdo como se llama, el ricachón panameño y otro ricachón aspirante a la presidencia de Chile, llamado Piñera.

Con todo y la euforia de gorilas y micos chillones de este mundo, el pueblo hondureño levanta su frente digna, peligrosa, entusiasta, molesta y profética.

No está escrita la última palabra en la tierra de Morazán. No está lejano el día en que se escucharán los claros clarines y en que veremos marchar a los nuevos vencedores. ¿Cuánto apostamos, amigos?
Estoy escribiendo un día antes de las elecciones más idiotas y mal nacidas, de la historia Centroamericana, pero preparadas para la fantasía política y para el engaño deliberado, prefabricadas con el propósito de estropear la realidad y ofrecer una imagen imposible de democracia. Esta farsa será reconocida por el imperio, por los gobiernos de derecha en este continente, cuatro o cinco y desconocida por todos aquellos, partidarios de la decencia que, ahora, son la mayoría en estas tierras de Bolívar, Sandino, Martí y Fidel.

Es obvio que saldrán “victorioso”, el candidato más conservador, del Partido “Nacionalista”. Los liberales en su gran mayoría se abstendrán y algunos ilusos van a darle su voto al “candidato” del partido liberal.

No tengo duda de que habrá una altísima abstención pero los medios de comunicación de la derecha dirán que fue “masiva” la farsa electoral.

Escrito este artículo el sábado, los resultados previstos han sido dados a conocer por medios oficiales y los diarios de la SIP y Patricia, la muchacha de los huesos largos, de CNN, que solo asiste eventos a los cuales la trasnacional le da importancia, con su mañosa experiencia en mentiras y verdades a medias, es la estridente vocera de la “nueva democracia” hondureña.

La intentona de blanquear esta burda falsificación tendrá un rechazo universal.