•  |
  •  |
  • END

Creo que podemos pasar horas, días, meses y años debatiendo con los mejores especialistas de la psicología y la psiquiatría sobre todos los fenómenos, males o trastornos de la personalidad que se desarrollan dentro de la mente del ser humano, ya existen suficientes tratados sobre las disciplinas que analizan y estudian de manera científica el comportamiento de las personas, pero no podemos descartar al margen de todas estas explicaciones científicas y académicas; el factor sociológico que hace caer las mentes que un día fueron las más brillantes e inteligentes de nuestro país.

En todos los ámbitos de la sociedad de seguro hemos conocido honorables hombres y mujeres que en momentos que tenían una lucidez mental que enaltecía su inteligencia reconocida por todos, eran los mejores eruditos y referentes de opiniones basadas en el razonamiento puro que nos diferencia de los animales, tenían una virtud casi mágica de hacer y construir interpretaciones basadas en la justicia, la ley y el respeto por las ideas de los semejantes.

Este tipo de individuos sobresalían por encima de los demás miembros de la comunidad, desde el punto de vista profesional desarrollaban e inculcaban una admirable eficiencia y eficacia que incluso cuando estaban a cargo de proyectos administrativos o académicos lograban irradiar las mejores opiniones de sus logros en cuanto a la ejecución de tareas que se sustentaban en la norma vigente, de las cuales eran sus más férreos defensores, a tal grado que su capacidad de convencimiento era absolutamente envidiable, es más, a nadie le importaba, por el contrario, se le respetaba su opción política partidaria aunque sus compañeros de trabajo o subordinados diferían de sus opiniones al respecto, ellos también eran un ejemplo de la tolerancia e incluso, profesaban el respeto a las ideas alegando que las opiniones políticas debían dejarse en casa o en sus actividades partidarias propias de cada individuo y recordando los sagrados derechos fundamentales contemplados en la propia constitución política.

Pero como en todo hay excepciones, sorpresas y cosas incomprendidas que la propia naturaleza se encarga de enseñarnos; un día, estos honorables seres llenos de sabiduría y bondades, un día para lamento de muchos escogieron el tan devaluado y bochornoso camino del fanatismo partidario, decidieron trabajar en cuerpo y alma para las órdenes de su partido y ocupar por orientaciones y casi órdenes divinas un cargo en el gobierno o en instituciones académicas, incluso, y jurar ante una bandera traicionada por sus propios guías encargados de su alienación y por arte de magia, así con un chasquido de los dedos, entraron en lo más profundo del embrutecimiento partidario que impulsado por ese fanatismo que tenían aletargado como una célula terrorista, despertaron sus más temidos deseos de revancha y de venganza por todos los años que debieron fingir ser unas personas dignas del más alto respeto por sus ideas y sus acciones, cuando tuvieron el poder, la oportunidad y las condiciones tiraron la pluma que escribió tantas palabras que en forma de textos sirvieron un día de documentos de estudio y alabanzas a la convivencia pacífica de los seres humanos, no había terminado de caer esa pluma cuando ya se encontraban empuñando con las dos manos el garrote cavernícola que con todas sus fuerzas comenzaron a blandir en contra de sus antiguos compañeros de trabajo y de respeto, por una fuerza oscura venida de quien sabe donde cambiaron las fuerza de las palabras del convencimiento por la fuerza bruta de la represión y el odio, desvelizaron los morteros sanguinarios del ultraje a todo aquel que no estuviese dispuesto a renunciar a su inteligencia, ésta era un enemigo que debía destruirse, así lo ordenaba el partido y su caudillo, acabar con la razón y producir militantes en serie que el único requisito a presentar era su capacidad de obedecer, o más bien su incapacidad de pensar por sí mismos.

Ha sido impresionante cómo han embrutecido, ya no son ni la sombra de lo que fueron quienes defendían la ley son ahora los que no duermen inventando formas de cómo violarlas de la manera más descarada, pero que en sus huecos craneales donde una vez existió un cerebro cuerdo se hacen la idea de que todo lo actuado es legítimo y hasta la saciedad tratan de convencer a los pensantes con sus canalladas disfrazadas de actos administrativos.

Muchos de nosotros tenemos ejemplos de la transformación de nuestros antiguos amigos y compañeros de inteligencia, ya no escuchan razones y han desarrollado impulsivamente una mitomanía enfermiza y contagiosa jurando verdades en una bandera llena de mentiras, la pregunta es si de verdad su idiotez está basada en una conciencia de querer hacer el papel de ridículos o más bien está impulsada de manera pensada por obtener y mantener el puestecito y los bollitos extras mientras dure su gobierno, esa es la duda que nos queda a todos, ya sus palabras son expresiones vacías que se articulan en sus bocas como un rebuzno disimulado de lenguaje, el partido les quitó quizás lo que nunca tuvieron y a lo mejor sus constantes migrañas se producían en la lucha diaria por aparentar ser normales en un mundo de gente que piensa libremente y distinto sin el temor de ningún secretario político que los humille de la manera más vil.

¡Entraron al mundo de la irracionalidad! ¡Ya no son ni serán jamás quienes un día dijeron que eran! Se han sumergido ellos mismos en el aislamiento y el desprecio social, ya no tienen ni vergüenzas, para ellos la orden del partido es como la divina providencia que un día motivó al propio Hitler a cometer tantos crímenes contra la humanidad, pocos despertaron de semejante alienación, miles gritan ahora vivas a su partido y empuñan las armas de la brutalidad institucionalizada en sus propios estatutos para destruir todo aquello que signifique un peligro para mantener el poder de su caudillo, su familia y una bola de parásitos que siempre les rodea en una tarima llena de flores carnívoras que cada día se comen la dignidad de todo un pueblo.

¡La brutalidad partidaria avanza cada día, nadie que jure ante su militancia se salva, ni Presidentes, Vicepresidentes, Ministros, Directores, Embajadores, Cardenales, Diputados, Rectores, Vice-rectores, Secretarios académicos, Decanatos completos, Catedráticos, Dirigentes estudiantiles y sindicales, Comisionados, policías, soldados y hasta Generales! Es una plaga que se expande, es tan tentadora para muchos que en vez de pensar en la patria solo velan por sus propios intereses personales pensando en el próximo salto para agarrar un cargo en un gobierno de funcionarios que no piensan, no critican, no contradicen, solo obedecen con el robot más barato del mercado de la tecnología.

Eso produce el fanatismo partidario, seres despreciables que a la larga ellos mismos no saben el vergonzoso papel que ahora están jugando, sabiamente lo dice la canción: ¡Bienaventurado el hombre, que no escucha las consignas del partido, ni se sienta en la mesa(o se sube a la tarima enflorada) con los gansters!