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Los actos de promoción, sean estos de preescolar, primaria, bachillerato y universidad en sus distintos niveles, constituyen una maravillosa síntesis de todo lo que constituye el proceso educativo. Es la llegada de un recorrido que paso a paso va construyendo la personalidad de cada uno.

En dicho recorrido y en dicha construcción el estudiante va desarrollando los componentes esenciales de su personalidad en interacción con personas claves que le acompañan en su interior y exterior, en su carácter y en sus acciones.

Entre estas personas es el educador, maestra, maestro, docente, director, asesor quien junto con los padres, llega a introducirse más adentro de la individualidad y totalidad de cada persona.

El educador trabaja sin conocer donde termina su influencia, aunque sabiendo que la ejerce, entra y permanece en el estudiante.

“El educador ayuda a templar el alma para las dificultades de la vida”, dijo Pitágoras porque hay dos tipos de educación, “la que te enseña a ganarte la vida y la que te enseña a vivir”, puesto que según Freire más que llenar un vaso, el maestro, la maestra encienden un fuego, es decir, la fuerza, el potencial y los valores que carga todo estudiante.

Kant se atrevió a decir que “tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre…, el hombre no es más que lo que la educación hace de él y él hace de su educación”. Pero ¿quién lo acompaña en ésta aventura del espíritu?. El maestro, porque el maestro no es sólo el que enseña, es más bien de quien aprendes con su ciencia, ejemplo y personalidad. El maestro sabe y es consecuente con lo que expresó Antonio Machado “en cuestiones de cultura y de saber sólo se pierde lo que se guarda, sólo se gana lo que se da”. Esto es lo extraordinario del maestro, en razón de lo que da, gana en él sentido y plenitud de su vida, a la par que da, recibe, a la par que se vacía se llena, a la par que se desgasta se desarrolla y crece. Toda promoción de estudiantes es a la vez la promoción de cada maestro. Es una promoción compartida. No es fácil comprender el sentido y alcance de ser maestro (a). Con frecuencia lo miramos desde la institucionalidad del sistema educativo, desde su función, desde la práctica docente, desde la teoría pedagógica, desde la didáctica, pero sin atravesar las distintas capas de su personalidad trabajadora, sin penetrar y llegar hasta ese santuario del que sale su capacidad, su esfuerzo de dar y de asentar las bases humanas de la sociedad y de la nación, porque la educación y la cultura siguen siendo la base del progreso, desarrollo y bienestar de los pueblos. De ahí que el maestro está y es parte de cada promoción de estudiantes.

Por eso cuando en las promociones se reúnen tantos factores que irradian felicidad, satisfacción, éxitos, me permito mirar con especial atención y sobrecogimiento al maestro, a la maestra. Para mí, cada maestro hace de la educación su propia recompensa. Seguirá siendo pobre pero siendo a la vez muy rico y creando la mayor riqueza de los pueblos, el potencial humano, es decir, la inteligencia, la voluntad, las competencias, la creatividad, el trabajo, la ética de los ciudadanos. Esto es lo que deja y recibe el maestro en cada promoción de estudiantes, la que a la postre significa la promoción del país.

Ideuca