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Mahatma Gandhi, filosofo y político indio, decía: “Creo firmemente que la fortaleza del alma crece proporcionalmente a la rendición de la carne”. Bello pensamiento que podemos interpretar de muchas maneras, una de ellas puede ser, que en la medida que nos envejecemos nos volvemos más prudentes, más sensibles y sobre todo más realistas, o sea menos apasionados, menos fanáticos, si es que lo fuimos en un determinado momento de nuestra convulsionada historia, en la que en muchas ocasiones hemos superado cuantas crisis se nos hayan presentado superándonos así mismo sin quedar superados, pues, como bien dijera Albert Einstein “Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay meritos”.

Nuestra actual edad no es más que la sumatoria de todas nuestras edades o vivencias, donde nuestros desaciertos y aciertos se disputan la construcción de lo que somos en el presente. Probablemente, eternamente jóvenes, llenos de vida, de una fortaleza proporcional a la rendición de la carne, y con la capacidad de “morirnos orgullosamente cuando ya no nos sea posible vivir con orgullo” como nos habla la filosofía del vitalismo de Federico Nietzsche. Se trata, en otras palabras, de entender como nos lo reafirma el existencialista Ortega y Gasset, de que no existe un “yo” separado del mundo real:”Yo soy mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.

Para Ortega y Gasset, “la vida es una realidad radical y el hombre no es naturaleza sino historia, porque la vida no es sino lo que hacemos y lo que nos pasa”. Son estos contextos histórico-filosóficos los que marcan nuestras vidas, por ejemplo, después de aprender mis primeras letras en escuelas privadas y públicas, pase a estudiar la Primaria, bajo una concepción medieval practicada por los curas salesianos de la época, en el Colegio San Juan Bosco de la ciudad de Masaya, pasando luego al Instituto Anastacio Somoza de mi natal ciudad Masatepe, donde después de participar en la toma de dicho centro en apoyo a Tomás Borge y otros prisioneros políticos fui expulsado, por lo que mediante gestiones de mi padre, quien era tío del viceministro de educación logre continuar mis estudios en el Instituto Juan XXIII de la ciudad de San Marcos, después en el Instituto Juan José Rodríguez, de la ciudad de Jinotepe, y producto de una riña callejera me tuve que trasladar al Instituto el Maestro, centro privado ubicado cerca de El Calvario, en Managua, para luego retornar al Juan José Rodríguez, donde al fin me bachilleré.

Vino la guerra contra la dictadura somocista, como toda guerra cruel y despiadada hizo de mi persona un hombre de carácter duro, como a la mayoría de los miembros que integrábamos la columna guerrillera “Jorge Sinforoso Bravo”. Dispersa la columna, pasé a ser uno de los fundadores del Ministerio del Interior, luego diplomático a la carrera y no de carrera (Segundo Secretario con Funciones Consulares en la República de Guatemala), pero consciente de que “la vida es un instinto de desarrollo, de supervivencia, de acumulación de fuerzas, de poder”, parafraseando a Nietzsche, me diplomé en Relaciones Internacionales en el Instituto Superior Raúl Roa, en La Habana, Cuba. De regreso en Nicaragua obtuve la licenciatura en Sociología, más tarde un Postgrado en Gerencia de Mercadeo y últimamente la licenciatura en Derecho, con diplomado en Derecho Privado. He hecho de las universidades mi refugio preferido, después de mi hogar, pues ahora imparto materias tan interesantes como la vida misma: Filosofía, Sociología, Métodos y Técnicas de la Investigación, Filosofía del Derecho y Derecho de Familia.

En conclusión hemos tratado de ajustarnos a ideas como las de Martín Heidegger, filosofo alemán, cuando indica que “las personas, si desean vivir de un modo auténtico, deben ampliar sus perspectivas. En vez de dar por supuesta su existencia, deberían verse a sí mismo como parte de un Ser”. O como nos dice Sören Kierkegaard, filósofo y teólogo existencialista de origen danés, “cada individuo debía intentar realizar un examen profundo de su propia existencia”. Admirables reflexiones sobre la filosofía existencialista expuestas en este prestigioso medio de comunicación, motivados por un grupo de jóvenes masatepinos que tienen la cualidad de discernir sobre una serie de tópicos con la entereza de personas adultas, concientes del adagio popular de que “sabe más el diablo por viejo que por diablo”. Me satisface enormente este tipo de jóvenes, pues demuestran estar claros de entender que “el destino será implacable con los que quieren vivir en un Universo que ya se ha terminado”. Paulo Coelho.

A veces arriesgar todo es la única alternativa.

A veces estar realmente jodido puede ser una experiencia liberadora.


*Sociólogo y Abogado.