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La primera carta de San Pablo a los tesalonicenses considerada como el primer libro escrito (año 51) del Nuevo Testamento, empieza con una expresión tierna del afecto y de la estima que tiene el escritor para la comunidad: En todo momento los tenemos presentes en nuestras oraciones, y damos gracias sin cesar a Dios por ustedes, pues constantemente recordamos ante Dios, nuestro Padre, su fe que produce frutos, su amor que sabe actuar, su espera de Cristo Jesús, nuestro Señor, que no se desanima (1 Tesalonicenses 1:2-3).

¡Qué alegría sintió la gente al saber que Pablo está siempre pensando en ellos! Y que él está dando gracias a Dios por sus virtudes. Se nota que Pablo recuerda no solamente su fe sino también una fe que produce frutos y un amor que sabe actuar. Hoy, viviendo en estructuras políticas y económicas más o menos reformables o “revolucionables”, sabemos que estos frutos de la fe y las acciones del amor tienen que incluir la lucha por la justicia que es el camino a la verdadera paz.

El agradecimiento del Apóstol Pablo por la buena conducta de la comunidad caracteriza la mayoría de sus epístolas en su primer capítulo. Y en las pocas que no empiezan así con una explicitación de su agradecimiento, no faltan expresiones de estima y ternura para sus lectores y oyentes aún en medio de unas llamadas de atención.

Pablo sigue alabando a la gente por su buen ejemplo y por ser modelo para otras comunidades aún en medio de fuertes oposiciones: Y tampoco han olvidado cómo nos portamos entre ustedes y en atención a ustedes. A su vez ustedes se hicieron imitadores nuestros y del mismo Señor cuando, al recibir la palabra, probaron la alegría del Espíritu Santo en medio de fuertes oposiciones. De este modo pasaron a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya (1:5-7).

Las fuertes oposiciones experimentadas hoy por los seguidores de Jesús liberador tienen su motivo en el apego de los ricos y poderosos a sus privilegios y en su deseo de reprimir cualquier esfuerzo profético a crear un mundo distinto y más justo.

Todos hablan del éxito que tuvimos entre ustedes y de cómo se pasaron de los ídolos a Dios. Pues empezaron a servir al Dios vivo y verdadero…. (1:9). Puesto que los ídolos del imperio romano incluían al emperador mismo, el pasar de ellos al verdadero Dios implica una actitud crítica y a veces subversiva en relación con las autoridades humanas, especialmente cuando éstas se absolutizan como si fueran la autoridad suprema.

Pablo sigue hablando casi exageradamente de su amor y orgullo por esta comunidad: En efecto, ¿quién sino ustedes es nuestra esperanza, nuestra alegría y la corona de la que nos sentiremos orgullosos ante Jesús, nuestro Señor, cuando venga? Ustedes son nuestra gloria y nuestra alegría (2:19-20).

¿Será que se repite tanto en este sentido y con tanto afecto para penetrar y sanar la mala auto-estima de ellos, convenciéndoles que sí ya han sido perdonados por Dios de verdad y que están cambiando notablemente para el bien? Estos pobres y marginados, despreciados por la élite, probablemente tenían un recuerdo muy claro de los vicios de su pasado y la opinión, tan común como falsa, de que estos vicios y pecados de los pobres eran más grandes y serios que los pecados de los ricos.

Llama la atención que Pablo, en contraste con muchos predicadores de la mala noticia de la perdición, no denuncia a sus oyentes como pecadores sino reconoce el gran amor que ya se tienen unos a otros – ese amor que es el elemento fundamental de la santidad. Que el Señor los haga crecer más y más en el amor que se tienen unos a otros y en el amor para con todos, imitando el amor que sentimos por ustedes. Que él los fortalezca interiormente para que sean santos e irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el día que venga Jesús, nuestro Señor, con todos sus santos. Por lo demás, hermanos, les pedimos y rogamos en nombre del Señor Jesús: Aprendieron de nosotros cómo han de portarse para agradar a Dios; ya viven así, pero procuren hacer nuevos progresos…. (1 Tesalonicenses 3:12-4:1)
Claro, este amor no tiene una calidad y cantidad fija sino puede y debe crecer como fruto del trabajo del Señor y del Espíritu de Amor, que fortalecen a los cristianos(as) para que sean más santos: Procuren hacer nuevos progresos….

Los nuevos progresos que Pablo espera para la iglesia abarcan, a través de muchos siglos, un reconocimiento de la injusticia de la esclavitud y un rechazo ético a la discriminación contra la mujer – dos malas costumbres que Pablo en su época no consideraba condenables. El hombre es cabeza de la mujer…. Que la esposa, pues, se someta en todo a su marido…. (Efesios 5:23-24). Y en cuanto a la esclavitud, Pablo recomienda: Siervos, obedezcan a sus patrones de este mundo con respeto y responsabilidad…. (Efesios 6:5).

Muchas mujeres y muchos varones conscientes de la igualdad y dignidad de la mujer y apenados y arrepentidos por la perseverancia del machismo en la Iglesia y la sociedad consideramos el amor de Pablo seriamente limitado por su concepto del rol de la mujer. Así es, aunque el Apóstol también urge a los maridos: cada uno ame a su esposa como a sí mismo (Efesios 5:33). Hoy reconocemos que el verdadero amor está basado en el respeto a la igualdad de la persona.

Como la humanidad, incluyendo el cristianismo, después de muchos siglos llegamos a rechazar la esclavitud como contraria a la voluntad del Dios liberador, también hemos visto lo injusto de toda discriminación contra la mujer, especialmente durante el siglo pasado.

Todo esto quiere decir que Pablo, como los otros escritores humanos de la Palabra de Dios, eran seres humanos de su época con las actitudes y mentalidades de sus contemporáneos. Por esto, muchos consejos de ellos no son la divina revelación para toda la historia en adelante sino son condicionados culturalmente y así limitados históricamente.

La conclusión que muchas personas sacamos: aunque queremos que Pablo fuera un teólogo más moderno -- respetuoso de la igualdad de la mujer y abolicionista con respecto a la esclavitud – la realidad es que era un varón del primer siglo que reflejaba la opinión común de su gente (tal vez con un poco más sensibilidad en unos respectos) pero que enseñaba, con unas excepciones importantes, un camino de vida fundamentado en el amor y la esperanza que sigue siendo digno de seguir. Es decir, no hay necesidad de rechazarlo de viaje por unas limitaciones que se evidencian en unos pocos pasajes.

Pablo concluye su carta con un versículo que resume el tono de la carta: Saluden a todos los hermanos con el beso santo (5:26).