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Introducción
¿Se puede decir que el socialismo, como el Cid Campeador, puede ganar batallas aún después de muerto? Algunos autores señalan el fenómeno del socialismo del siglo XXI en Latinoamérica como prueba, aunque en los otros continentes no se hable más de él o, al revés, venga de combinarse con el capitalismo, como en China e Indochina; o sea hoy un susurro, como en Tanzania, Angola, Argelia y Egipto.

Sobre este resurgir de un socialismo regional, de bajo espesor teórico, sobrevuelan a su alrededor dos, de las tres escuelas, que figuran en el nuevo pensamiento latinoamericano, porque a pesar de que se distingan por dialogar una, y por proponer alternativas “puras”, la otra, ambas se inscriben en proyectos emancipatorios (esa obsesión por librar a alguien, de preferencia si sufre, que no lo solicita) que los llevarán de alguna manera a aliarse fácilmente con los socialistas del siglo XXI, justificando sus rigideces y autoritarismos. Veamos una por una.

1. Interculturalidad: Diálogo Retroalimentario

Tiene el mérito de haber descentrado, más que al eurocentrismo, desmontado desde siempre por algunos antropólogos, al mestizaje clásico latinoamericano. Ofrece la palabra escrita y representacional (que no saben reconocer como recursos de vencedor) a afrodescendientes y aborígenes, reprimidos por el “mestizocentrismo” (colonización interna) por medio de un diálogo horizontal y un intercambio fecundo, manteniendo la liberación clásica, que ellos mismos, también, no la saben reconocer aún como europea. Su autor de mayor relieve es Raúl Fornet Betancourt, filósofo de origen cubano, que ejerce docencia en universidades de Alemania.

2. Decolonialidad: Desobediencia Epistémica

Menos ingenuos que los interculturales, porque incorporan las relaciones de poder entre los eurocentrados y la episteme postcolonial, he visto, sin embargo en los decoloniales cuatro cosas: a) una insistencia, como la de Enrique Dussel en sus últimos trabajos, por establecer antes que las rupturas, las continuidades de Descartes con los jesuitas españoles, no para demostrar la obsolescencia de aquel, sino la influencia de estos; b) el papel de España y Portugal en la fundación de la modernidad, como para devolverle una dignidad e importancia que cree que América Latina necesita recuperar, a través de sus conquistadores; c) en la recaída emancipatoria de esta escuela, la naturalidad con que esta corriente en el terreno político (que prefiero llamar campo de fuerzas) tendrá que aliarse y justificar con ello los despotismos del socialismo del siglo XXI; y d) la construcción de “purezas”, por la vía intelectual, a despecho de una de sus fuentes, como el pensamiento de fronteras de las “chicanas”, que permita dirigir los procesos de redención “otros”.

Esto último, curiosamente se complementa con lo primero, pues, es como regresar a la escena primordial, en una especie de solicitud de segunda oportunidad, como los malos alumnos, donde España y Portugal, otra vez, desembarquen, con unos “indios” y “negros” que esta vez los esperarán para derrotarlos, dirigidos por gente de vanguardia, jesuitas arrepentidos, socialistas del siglo XXI y descoloniales, claros y lúcidos. Su autor de mayor relieve es Walter Mignolo, un semiólogo de origen argentino que ejerce docencia en Universidades de EEUU.

3. Supermestizajes: Baile de Subalterno

No le interesa si la modernidad empezó con España, Inglaterra o Francia, cosa que deben decidir sus historiadores. Hay que vernos en un campo de fuerzas y registrar que hemos pasado por tres momentos: a) de súbditos de un rey (que incluso llegó a cubrir como casas reales a varios países colonizadores que después fueron enemigos), a b) ciudadanos de, por lo menos, dos grupos letrados rivales, como partidos políticos de repúblicas independientes. Y c) ahora hay que prepararse para controlar a quienes nos controlan y hablan por nosotros. Lo central en este momento es reconocerse como mestizos letrados, semi e iletrados, de las ex colonias que se educaron con la TV y que ahora presionan en forma de redes y migraciones; y son irrepresentables, por el número de partes que componen la mezcla. El mestizo combina todo y si separa algo, es de un modo algebraico, dando valor al signo del momento. Significa que los subalternos no son dueños de lo que emiten, en efecto, pero tampoco los hegemónicos tienen el derecho de apropiárselo. El supermestizaje es un holón (“el todo en las partes”) a lo Ken Wilber que, junto a Homi Bahhba (destructor del dualismo colonizador/colonizado), las pensadoras chicanas de fronteras (que combinan todo), el Tao y el Zen, se muestran abiertos a todo tipo de escuelas en “holoarquías”, de tal manera que esta escuela contiene a las otras dos, pero sin desgarramientos, sin ilusiones prometeicas ni representacionalidades. Sus autores son personas como este servidor, devuelto de mil batallas yermas y seguro sólo de las banderas de su señora, en nombre de las cuales aún combate en los mares más hostiles y en las tierras más infieles.

http://freddyquezada.blogspot.com