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Nacho Briones Torres es otro formidable pilar del periodismo clásico nicaragüense que desaparece, pero a la vez pasa a ser una luminaria más que brilla en las páginas de la historia del periodismo nicaragüense.

No sería exagerado apuntar que Nacho Briones fue una de las figuras más influyentes del periodismo nacional. Con su estilo incisivo e inteligente de periodismo, él hizo escuela en la cual aprendimos muchos de los que éramos más jóvenes que él en la década de los 70. Nacho no sólo era un excelente cronista y analista sobre todo en el campo político; su columna histórica “Ver, oír y no callar” que comenzó a publicar a mediados de los 60 en La Prensa respetada e influyente de Pedro Joaquín Chamorro. Era una verdadera cátedra de análisis políticos que no sólo desnudaba el cinismo y la maldad de la tiranía somocista, sino también enseñaba como hacer crítica de altura.

Otra cualidad de Nacho era su capacidad para establecer y mantener buenas relaciones con los periodistas jóvenes que por entonces aspiraban, como yo, a ganarse un lugar en la elite del periodismo nicaragüense. Por eso es que estuvo involucrado desde que comenzó el proceso incipiente de la unidad nacional de los periodistas un año después del terremoto de Managua, en 1972, y su muerte me ha impulsado a hacer una breve historia de cómo las bases de lo que vendría a ser la UPN fueron echadas.

A mediados de 1973, un pequeño grupo de corresponsales comenzaron a sostener tertulias semanales en Jinotepe y Diriamba, y ese grupo estaba formado por Silvio Mora, Leonel Delgado (nuestro amado compadre), Noel Delgado, Trinidad Vásquez, el siempre recordado Miguel Ángel Borgen (MABO) y una simpática joven recién egresada de la escuela de periodismo de nombre Miryan Morales Prado, de Masaya, fallecida trágicamente hace algunos años, y el autor de este artículo.

En una de esas reuniones de tan íntimo grupo de amigos y colegas surgió la idea de convocar a todos los corresponsales de las regiones de Masaya, Carazo, Granada y Rivas para formar la Asociación de Periodistas de Oriente, APO. Entonces empezamos a atraer a aquellos corresponsales y periodistas locales que no estaban ligados al somocismo y uno de nuestros primeros reclutados fueron el doctor Teófilo Jiménez Viales y Julio Jácamo Ledesma, quienes eran corresponsales de La Prensa en el departamento de Rivas.

Viales, junto con los doctores Humberto Obregón y José Morales Prado, hermano de Miryan, eran nuestros asesores legales y quienes nos ayudaron a escribir los estatutos legales de la APO y además, representaban los intereses del gremio en las regiones señaladas. Cuando Nacho leyó la noticia dando cuenta de nuestro esfuerzo de unidad regional, él también fue a unirse para apoyar a los corresponsales regionales, y desde entonces él siempre se mantuvo participando en nuestras reuniones las que eran celebradas en las cabeceras de los 4 departamentos, incluyendo en la casa de mis padres en Niquinohomo.

Como un periodista que también tenia visión, Nacho empezó a plantear la necesidad de que era necesario, a pesar de la represión Somocista, expandir la APO hasta convertirla en una organización nacional. La APO nació como la primera expresión de unidad organizada de los periodistas nicaragüenses, y tiempo después nació también la Asociacion de Periodistas de Occidente con el esfuerzo organizativo de Aragón Pastora, otro formidable corresponsal de La Prensa en León y del doctor Pedro Reyes Vallejos. Inicialmente, la APO no fue del agrado de los corresponsales que estaban estrechamente ligados al somocismo local como en el caso de Masaya, donde había un “sindicato de periodistas” que hasta nombró presidente honorario al tristemente célebre Cornelio Hüeck, a quien Pedro Joaquín Chamorro “bautizó” como el “Señor de Masaya” por ser el cacique somocista mas poderoso de la región.

El apoyo de Nacho con sus escritos, realzando y apoyando el esfuerzo de unidad regional de los corresponsales, y sus llamados constantes a expandir las bases de la unidad nacional de los periodistas, hizo posible que la APO sobreviviera y evolucionara a pesar de los ataques del periodismo somocista hasta desembocar en la Unión de Periodistas de Nicaragua. Lo que aquí describo, creo que es una página muy importante de la historia del periodismo nicaragüense que a su vez se convirtió en un frente formidable de la lucha político ideológica contra la tiranía somocista.

Otras figuras del periodismo nicaragüense que se sumaron a la lucha y el esfuerzo de quienes dieron los pasos iniciales de la unidad nacional de los periodistas, fueron el doctor Danilo Aguirre Solís, Francisco Hernández Segura, inolvidable maestro de generaciones de periodistas, Álvaro Montoya Lara, quien cayó en el Frente Sur combatiendo armas en mano a la Guardia somocista y, por supuesto, el doctor Pedro Joaquín Chamorro quien daba amplio espacio a toda la información relacionada con el movimiento inicial de la unidad de los periodistas nicaragüenses en los departamentos Orientales de Nicaragua.

Finalmente, en marzo de 1978, si no estoy equivocado, se fundó la UPN en la ciudad de Granada, y la primera asamblea nacional se dedicó a la memoria del doctor Pedro Joaquín Chamorro, en mi opinión el mas grande luchador de la libertad de prensa y de expresión en Nicaragua. La huella de Nacho Briones sigue viva en la actual UPN, aunque desafortunadamente, según lo que frecuentemente leo, el periodismo nicaragüense volvió nuevamente a la división que le caracterizaba en tiempos de la tiranía somocista; algo lamentable, y que no hace ningún honor a la memoria de las figuras que lucharon por la unidad nacional del gremio.


(Desde Kansas, U.S.A.)