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La primera referencia contemporánea a la enseñanza de los Derechos Humanos la encontramos en la propia Carta de las Naciones Unidas de 1945 y, más concretamente, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, en cuyo preámbulo se dice que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclama la Declaración “como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades”. Luego, en su Artículo 26, inciso 2, la Declaración subraya que “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz”.

La Unesco ha asumido el liderazgo internacional en el campo de la enseñanza de los Derechos Humanos.

La Asamblea General de las Naciones Unidas resolvió el año 1968 pedir a sus Estados Miembros que tomaran, cuando conviniera, medidas para introducir o estimular, según el sistema escolar de cada Estado, los principios proclamados en la “Declaración Universal de Derechos Humanos” y otras declaraciones. Pidió, asimismo, la enseñanza progresiva de esta materia en los programas de las escuelas primarias y secundarias.

En la Décima Octava Conferencia General de la Unesco, celebrada en París en 1974, los Estados Miembros de la organización aprobaron la “Recomendación sobre la educación para la comprensión, la cooperación y la paz internacionales y la educación relativa a los Derechos Humanos y las libertades fundamentales”. En virtud de dicha recomendación, los Estados adquirieron el compromiso de introducir, en todos los niveles y modalidades del sistema educativo, la enseñanza de los derechos humanos.

En 1993 se celebró en Viena, Austria, la Conferencia Mundial sobre los Derechos Humanos, que aprobó el “Plan Mundial de Acción sobre educación para los Derechos Humanos y la Democracia”. Dicho Plan, reafirmó que “los valores democráticos son requeridos para el disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales, por lo cual la educación sobre los derechos humanos y la democracia deberían recibir atención especial”. El Plan incluso sostiene que “la educación sobre los derechos humanos y la democracia es en sí misma un derecho humano, y un prerrequisito para la plena realización de la justicia social, la paz y el desarrollo”. De esta suerte, el Plan eleva a la categoría de derecho humano el derecho a recibir una educación sobre los derechos humanos y la democracia. Ergo, cuando un gobierno desatiende este tipo de educación, está violando un derecho humano, que concierne especialmente a los niños y a los jóvenes, pero que pertenece a todas las personas, sin límite de edad.

El respeto a los Derechos Humanos es la base para construir una Cultura de Paz, paradigma adoptado por las Naciones Unidas como guía del Siglo XXI. La Cultura de Paz se funda en los valores universales de respeto a la vida, la libertad, la justicia, la solidaridad, la tolerancia y la igualdad de género.

Los Derechos Humanos y la Cultura de Paz deben ser los ejes de la educación para el siglo XXI. Mañana, diez de diciembre, es el “Día Internacional de los Derechos Humanos”. En esta ocasión cabe preguntarse: ¿Cumple Nicaragua con los compromisos contraídos en lo que concierne a la educación en derechos humanos y el fomento de una Cultura de Paz? Creemos que estamos aún lejos de tal cumplimiento, principalmente cuando nuestro gobierno no es ningún modelo de respeto a los derechos humanos de los ciudadanos nicaragüenses, que son constantemente atropellados en sus derechos fundamentales, entre ellos, el de que se respete su voto en las elecciones y el derecho a manifestarse pacífica y públicamente, etc.

Y en cuanto a la Cultura de Paz, ¿acaso se contribuye a crear en la mente de nuestros niños una disposición para la paz cuando se les invita a disfrutar de un momento de alegría mostrándoles instrumentos de guerra: armas, tanques y otros artefactos que más bien abonan a una cultura de violencia.