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Últimamente se ha desatado una guerra de descalificaciones hacia quienes ahora se quieren autodenominar héroes de las luchas revolucionarias, por un lado, y contra luchadores incansables por la democracia, por el otro. El encasillamiento de las ideas se ha convertido en una moda de la retórica más común de los políticos, para estos señores solo existe el blanco o el negro, el rojo y negro y el rojo sin mancha, pretenden obligarnos a ponernos una camiseta y si no lo hacemos, entonces se creen con el derecho de descalificarnos por no seguir su dogma.

Lamentable, a muchos de estos fanáticos irracionales la crítica les quema la cara, en sus retorcidas mentes el sandinista es aquel que como un perro fiel sigue las órdenes de quienes tienen secuestrado al Frente Sandinista, aquel que un día muchos de nosotros defendimos, que honramos su bandera y con ella misma cubrimos nuestros muertos, ni la bandera ni la causa ha dejado de ser gloriosa e histórica, ésa es la bandera de Sandino, de la dignidad, de la lucha de todo un pueblo; ahora hay un montón de jóvenes que se autollaman “revolucionarios” y que no habían ni nacido cuando perdimos las elecciones del noventa, ahora estos mismos ignorantes de la historia nacional se creen grandes “guerrilleros revolucionarios” por ponerse un pasamontañas o una camiseta en la cara y agarrar un tubo lanzamorteros para agredir a personas indefensas, ya me hubiera gustado verlos si estuviéramos en guerra y con ese llamado valor se fueran a la montaña de forma voluntaria a como muchos de nosotros, que sin haber cumplido los diecisiete años y pesando poco más de cien libras nos pusimos el uniforme camuflado, dejamos nuestra niñez en la casa, con la madre llorando por el miedo de que no regresáramos vivos.

Me da risa ver ahora a los nuevos “sandinistas” salidos de la nada, sin trayectoria ni historia revolucionaria, los llamados sandinistas de la fábrica gubernamental, queriendo ser más sandinistas que Sandino, son ellos los que gozan de los beneficios de la cooperación extranjera y de los recursos del Estado, no tienen ni la más mínima autoridad moral para descalificar a todos aquellos que participamos en el proceso revolucionario sin ningún interés, todos los que éramos unos niños cuando entraron los muchachos a la Plaza de la Revolución, nos integramos inmediatamente a la ANS, a los BEP, a la FES, a las Milicias Populares, todavía guardo un certificado de vanguardia en los entrenamientos militares cuando apenas cumplía los doce años de edad, estuvimos en todos los frentes y líneas de combate y con medallas agregadas por nuestros esfuerzos en defensa de una causa, y ahora vienen cuatro vividores y se creen que tienen la autoridad para decirnos que somos traidores, oligarcas y de derecha solo por el hecho de oponernos y criticar a los corruptos que gobiernan el país y que destruyen cada día el partido por el que un día entregamos nuestros mejores años.

¡Qué clase de valor tienen estos parásitos del erario, chupa sangre de la plata venezolana para siquiera atreverse a descalificarnos, se deberían poner firmes cada vez que nos vean y respetar a sus mayores de edad, de grado y de trayectoria! Ellos jamás vivirán una Revolución, no tendrán nunca ese privilegio histórico que nos tocó vivir a muchos compañeros, el hecho de que ya no estemos en un partido traicionado por sus propios dirigentes no nos quita ni el mérito, ni la historia revolucionaria, y talvez pueda parecer pretencioso y jactancioso, pues déjenme decirles que no me importa lo que parezca, sencillamente tenemos la autoridad para merecernos el respeto de quienes nunca tiraron ni un triquitraque en los años ochenta, creo que este reclamo es el de muchos compañeros que ahora luchamos por la democratización del país, acá están ex Comandantes de la Revolución como Henry Ruiz, que me gustaría saber quién tiene la cáscara y el valor de llamarle traidor, oligarca o de derecha, sería un degenerado mental quien se atreviera a hacerlo, ya no digamos igualmente comandantes guerrilleros que de verdad se fajaron con la muerte.

Por ello, ese absurdo argumento de calificarnos como traidores, oligarcas, derechosos, reaccionarios y hasta contrarrevolucionarios es lo más ridículo que se pueda decir, lo que es verdad es que un llamado partido de izquierda perdió una oportunidad histórica para consolidar logros que beneficiarían al pueblo, por ello, es falso que todos los sandinistas seamos danielistas, o que para ser sandinista se tiene que ser danielista, les puedo asegurar que dentro del mismo partido de gobierno hay miles de militantes que aborrecen a Daniel Ortega, su familia y sus parásitos, pero también saben que si critican les vuelan la cabeza, por ello tienen que caminar con la guatuza dentro de la bolsa y esperando el momento preciso para ver si salvan ese histórico partido, además, la historia del Frente es la de un movimiento popular que abrazaba todas las tendencias de pensamiento y estrategias, estas nunca desaparecieron ni en los años ochenta ni ahora, entonces pretender hacer creer que la historia revolucionaria y sandinista está ligada a un partido político es una absoluta falsedad, los revolucionarios no estamos ligados a historias partidarias, siempre se ha ido más allá de una estructura formal, la historia partidaria del frente es después del triunfo de la revolución y su destrucción inicia a partir del año noventa, cuando no son capaces de adecuarse a una nueva realidad y seguían creyendo que todo el mundo debería decirles: ¡Sí señor!

Sandino es más que un partido que se ha robado su figura, el sandinismo es más que un simple cliché, el respeto a la historia tal a como fue debe mantenerse, nadie tiene el monopolio de la verdad revolucionaria, quienes nos acusan de traicionar una causa primero se deberían de preguntar ¿quiénes son ahora los dueños del capital, quienes son los que presiden las tarimas, quienes son los que se benefician con la riqueza que llega en forma de cooperación y se auto-recetan cargos en esas empresas que han surgido gracias a la retórica de la defensa de los pobres? ¡Ellos son los verdaderos traidores!, ¡Debería darles vergüenza seguir mencionando a los héroes y mártires en sus actividades millonarias y llenas de lujo y derroche!

En Nicaragua todos sabemos quién es quién, por eso no nos vamos a perder, lo importante es que no se convierte nunca en sandinista ni revolucionario un cepillo aunque se quede pelón, los únicos sandinistas somos los que no seguimos a Daniel Ortega ni sus rémoras adheridas a su poder, eso no nos convierte en derechosos, eso no nos quita nuestros méritos, no necesitamos un carné de mentira para alegar nuestra mística, los verdaderos revolucionarios no agreden a las personas inocentes con piedras, garrotes y morteros, el verdadero sandinista es respetuoso de los seres humanos, no son cuatro vagos y pandilleros en busca de saciar su odio y complejo clasista en contra de los que adversamos al gobierno del Frente, deben aceptar esa realidad, deben entender que ya dejaron de ser sandinistas y revolucionarios, ¡son la nueva oligarquía!

¡Cuádrense firmes ante los héroes que ya no militan en sus filas, talvez un día aprendan de los verdaderos héroes, de una revolución que terminó hace muchos años!