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Si ya el viraje hacia la derecha del parlamento de la Unión Europea viene dándose desde mediados de los 90 (paralelamente a una radical pérdida de su legitimidad representativa), a partir de las últimas elecciones de junio de 2009 se consolidó la hegemonía de un bloque cerril de derecha. En éste se funden los partidos de la tradicional derecha fascitoide (conservadores neofascistas que se etiquetan, en algunos casos, como “populares”, democristianos, liberales y otros), junto con los partidos de la derecha travestí que tiene sus orígenes en la antigua socialdemocracia y en los antiguos comunistas conversos al neoliberalismo (algunos conservan el mote de socialistas, otros se bautizaron simplemente como demócratas).

Tres dimensiones fundamentales cohesionan el bloque hegemónico: a) la adopción del neoliberalismo como estrategia de acumulación de capital, que persiste a pesar de su estrepitoso fracaso; b) el endurecimiento de la dominación imperialista como servil furgón de cola del unilateralismo imperial que despliega USA en el mundo; y c) en un contexto de despojo creciente de los derechos históricos de los trabajadores europeos, acentuado por las actuales condiciones de crisis, la promoción del odio racial y la xenofobia contra los migrantes como chivos expiatorios del deterioro de la calidad de vida de las poblaciones (aquí cabe señalar matices: la derecha fascistoide hace ostentación de su odio racial y su xenofobia; la derecha travestí los practica con un resguardo vergonzante; sin embargo, a la hora de las normativas y sus aplicaciones no hay discrepancias).

En su estilo de ejercicio de la política, el bloque se inspira en los valores y las tradiciones de la Europa de los imperios coloniales: *) una autoimagen de modelo civilizatorio de donde se deriva una visión de inferioridad de “los otros” y una conducta de arrogancia narcisista; *) el recurso a los enmascaramientos ideológicos para legitimar una práctica política cínica de dominación y explotación de los pueblos de la periferia capitalista (antes, en la era colonial, estaba el ropaje de la civilización y la cristianización; hoy está el ropaje de los derechos humanos, la libre expresión y la democracia).

En este contexto arriba descrito, un grupúsculo del bloque de derecha del parlamento europeo, característico de sus miembros más obtusos y provocadores, encabezado por el diputado liberal holandés que vino a instigar un golpe de Estado, emitió una resolución contra Nicaragua que ha provocado la consabida estridencia de los poderes mediáticos nativos.

Por su talante colonizador, arrogancia, ignorancia de la realidad y derroche de cinismo, este documento me recuerda las ordenanzas oficiales emitidas en la tenebrosa época de los imperios coloniales europeos. ¿Qué legitimidad representativa tiene esta resolución? Por desencanto, desconfianza y repudio hacia la institucionalidad de la Unión Europea, la mayoría de la población europea no votó en las últimas elecciones parlamentarias. Este fenómeno se viene dando desde 1999, pero en las elecciones de 2009 el abstencionismo alcanzó su punto máximo: el 57.06 % de los ciudadanos no votó y los diputados fueron electos por un 42.94 % de quienes tenían derecho a votar. Es decir, que el parlamento en su conjunto representa a una minoría de los europeos. Resulta aquí pertinente introducir una acotación pedagógica: que en Nicaragua en las últimas elecciones para presidente y diputados participó entre el 85 % y el 90 % de los nicaragüenses con derecho a voto; y que por ende, de partida, nuestra institucionalidad, que no pretende ser modelo para nadie, posee una legitimidad sustancialmente más elevada que la que sustenta la Unión Europea. A lo anterior cabe agregar que la resolución contra Nicaragua fue votada por 52 de los 732 diputados que conforman el total de parlamentarios. Ello significa que fue votada por el 7.1 % del conjunto de parlamentarios, lo que convierte este documento en una veleidad pretenciosa de un grupito fanfarrón que no tiene ninguna base jurídica vinculante ni representativa. Por una curiosa concepción (¿de qué será? ¿Será de democracia?), en el parlamento europeo se permite que minorías ínfimas aunque no exista quórum, puedan emitir resoluciones que si bien no son vinculantes jurídicamente quedan registradas oficialmente.

¿Cómo elaboran los contenidos de sus resoluciones estos grupúsculos provocadores? Desde luego que no se preocupan por investigar seriamente las realidades acerca de las cuales se pronuncian. Ni les interesa. Recurren a la información que les suministran sus agentes mercenarios-clientes nativos que operan en el país (mercenarios – clientes vía las perversiones en que se ha degradado la cooperación para el desarrollo, vía financiamiento de viajes, suntuosas estadías y otras prebendas). Ni siquiera se toman la molestia de de redactar sus propios textos sino que reproducen casi sin variación los contenidos que les entregan o envían sus agentes nativos. En diciembre del 2008, otro grupo con un perfil semejante al del grupo actual, compuesto por 74 de los 732 diputados que integran la totalidad de parlamentarios, emitió otra resolución contra Nicaragua igualmente deleznable, aunque menos grotesca que la que hoy comentamos. Cuando leí el texto de dicha resolución, me resultó evidente que había sido redactado en Nicaragua, y también puede imaginarme quien había sido el autor. En un momento posterior, tuve la oportunidad de encontrarme con un amigo europarlamentario de izquierda, y le comenté: “ese documento de la resolución estoy seguro que se redactó en Nicaragua, ¿sabes quién lo redactó?” Mi amigo me respondió: “tienes razón, el autor del borrador del texto fue Edmundo Jarquín”.

No tendría nada de extraño que Mundo, cuyo papel en la política criolla se torna cada vez más siniestro, esté también detrás del contenido de esta última resolución que instigó el eurodiputado liberal holandés que vino aquí con la aviesa intención de promover un golpe de Estado.

Una sugerencia como epílogo. En aras de la dignidad de Europa, algún miembro con sentido de responsabilidad de la representación de la UE en Nicaragua, debería dirigirse a los poderes mediáticos nativos para instruirlos sobre algunas realidades que resulta conveniente aclarar y divulgar entre los nicaragüenses acerca de la UE: 1) que resoluciones como la que se emitió recientemente en el parlamento europeo contra Nicaragua, no tienen ninguna validez jurídica vinculante ni representativa, y expresan criterios desatinados de grupúsculos que ni siquiera tienen eco entre el bloque de derecha que domina el parlamento. 2) Que aunque en minoría, dentro del parlamento opera un amplio sector de diputados que rechaza el neoliberalismo, la dominación imperialista, el racismo y la xenofobia. Y sobre todo 3), que junto al rostro repugnante de la Europa de derecha, está vivo, resiste y lucha otro rostro de Europa, el de sus brillantes tradiciones de lucidez y humanismo.

Después de todo, la UE no se merece ser subsumida y valorada entre nuestro pueblo, con base en las sandeces que emiten algunas de sus minorías insignificantes.