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La necesidad de dinero en Estados Unidos y la Unión Europea, determinó una ofensiva contra los “paraísos fiscales” y puso a Suiza contra las cuerdas. La crisis financiera global apunta hacia la abolición, o transformación, de los paraísos fiscales y del “secreto bancario”, la institución que los protege.

Como es obvio constatar, Estados Unidos y la Unión Europea necesitan dinero desesperadamente y su coordinación anuncia medidas sin precedentes. Se estima que los paraísos fiscales administran globalmente 7 billones de dólares, de los que la tercera parte están en Suiza.

Estos acontecimientos representan el último capítulo en la campaña de los gobiernos para limitar las cuentas secretas off-shore. El comportamiento del G-20, en la reciente cumbre en Londres, donde se reunieron representantes de las economías industrializadas y de algunas naciones emergentes. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se considera investida de autoridad para confeccionar listas “negras” y “grises”, donde agrupan a países que no acatan sus mandatos.

Las listas fueron hechas a pedido del G-20, que reúne a las naciones más poderosas del mundo, y las eventuales sanciones quedaron en manos de la OCDE. Esa organización se basa en cuatro criterios para definir un paraíso fiscal: impuestos insignificantes o inexistentes, ausencia de transparencia en el régimen fiscal, carencia de intercambio de información fiscal con otros Estados y el hecho de atraer a empresas de fantasía para desempeñar una actividad ficticia.

Por ello, y ante la presión internacional, por primera vez en su historia, Suiza tuvo que saltarse sus propias normas, se vio obligada en marzo a flexibilizar el secreto bancario y adaptarlo a las normas de la OCDE. Aunque, de todas maneras, fue colocada en la “lista gris”, divulgada públicamente durante la cumbre del G-20. Esa lista incluye las naciones que, según la OCDE, no han aplicado reformas “sustanciales”.

La Confederación Helvética Suiza, reaccionó igual que David frente a Goliat. Después de todo, Suiza es uno de los países más ricos del mundo gracias a su sistema bancario. El país, que sólo ingresó a la ONU en 2002, tiene 7,5 millones de ciudadanos y un Producto Interno Bruto per cápita de US.880 (Banco Mundial, 2007). Seguidamente, Suiza, molesta por la hipocresía de gobernantes de países poderosos, congeló fondos destinados a la OCDE, como protesta a su inclusión en la “lista gris” de paraísos fiscales. Según declaró una portavoz del Ministerio de Economía: “Suiza utilizó su derecho de veto” para bloquear una suma de 136,000 euros (US9,000) destinada a la cooperación entre el G-20 y la OCDE. Asimismo destacó que “la suma es relativamente modesta, pero se trata de un gesto simbólico”.

Suiza, conocido por su régimen fiscal especialmente favorable a los ciudadanos y empresas extranjeras, está viendo peligrar su secreto bancario. Las autoridades estadounidenses exigen ahora al mayor banco helvético USB, que revele los titulares de 52.000 cuentas. El banco es sospechoso de evadir impuestos al fisco de EU mediante cuentas opacas en paraísos fiscales. Esta medida contribuye a acabar contra el dinero negro, que se calcula, puede constituir el 5% del PIB mundial.

Con el Presidente Bush, el tema no prosperó, pero la crisis convierte la imperiosa necesidad de ingresos en presiones irresistibles. La Unión Europea se propuso, adoptar medidas contra los paraísos fiscales. Así que, pasadas las primeras exclamaciones y aspavientos, las autoridades suizas se han hecho a la idea de que van a tener que cambiar si no quieren arriesgarse a enfrentar a la potencia coordinada de las 20 mayores economías del mundo.

En Suiza, el secreto bancario es considerado un derecho civil y parte esencial de la privacidad de las personas. Cualquier persona, sea suiza o extranjera, que use algún servicio financiero en Suiza tiene derecho al secreto bancario. Su legislación distingue de manera casi maquiavélica, entre “evasión fiscal” y “fraude fiscal”. Como no considera delito lo primero, no coopera judicialmente con otros gobiernos en ese ámbito. Como consecuencia, alrededor del 80% del capital extranjero que hay en Suiza es dinero evadido de países del Tercer Mundo, fondos de la mafia y sobre todo de tránsfugas fiscales, estima Jean Ziegler, relator de la ONU y conocido crítico del sistema bancario suizo.

Ante ello, los suizos se defienden con el argumento de que no son los únicos en Europa que amparan prácticas financieras irregulares. En Inglaterra, según datos oficiales, hay 115.000 personas que se benefician de la sibilina distinción británica entre “residente” y “domiciliado” en el país. Si uno es “residente” pero no domiciliado sólo pagará impuestos sobre el dinero que ingrese en el país, no sobre lo que genere fuera de él.

Esa es la razón del éxito que Londres tuvo en los noventa como domicilio de nuevos ricos rusos.

Las medidas en Suiza para tapar tal cantidad de agujeros serían insuficientes, señalan fuentes del sector bancario suizo. Incluso si se pusiera coto a todos los paraísos y semiparaísos fiscales europeos, se plantea el escenario de la emigración de capital negro desde Europa a los refugios fiscales americanos o asiáticos.

Por cierto, el secreto bancario no es exclusividad de Suiza, operando de igual manera en Austria, Bélgica, Chile, Hong Kong, Luxemburgo, México, Panamá, Perú y Singapur, etc. Según la OCDE la lista mundial de paraísos fiscales arroja un total de 35 países, otras mencionan hasta 75 países, incluidos los propios Estados Unidos.

Con la diferencia de que ninguno de estos mercados, administran más de 3,2 billones de francos suizos anuales, según la Asociación Suiza de Banqueros (ASB), lo que equivale a cerca de un tercio de la riqueza depositada en el sistema financiero mundial.

El secreto bancario nació en Ginebra en el siglo XVII. Hoy, es la sólida figura que explica que Suiza sea el polo financiero más rentable del orbe. Aunque el secreto bancario forma parte de la vida cotidiana de Suiza desde el siglo XVII, fue sólo en 1934, cuando se promulgó la ‘Swiss Federal Banking Act’ (SFBA) o ley bancaria de Suiza, que adquirió estatus jurídico.

El sector bancario responde del 10% de la economía suiza y da trabajo a casi el 5% de los empleados de la Confederación. Perdiendo su condición de gran lavadero internacional de dinero sucio, Suiza se convertirá en “un país europeo normal”, ha dicho Jean Ziegler: “No es ningún drama, su democracia sobrevivirá a los efectos de la abolición del secreto bancario”, afirmó.

En diversas ocasiones, las autoridades suizas han congelado cuentas bancarias relacionadas con gobernantes extranjeros acusados de saquear las arcas de sus países. Sin embargo, como ocurrió en un caso en 2003 relativo a dos asociados al ex presidente de Liberia Charles Taylor, el gobierno suizo no publica los nombres de las personas ni de los bancos en cuestión para salvaguardar uno de los pilares de su economía, el secreto bancario.

El secreto bancario también ha sucumbido a expedientes políticos, como los abusos probados de dictadores como el filipino Ferdinand Marcos o el nigeriano Sani Abacha, cuyos gobiernos solicitaron, con éxito, la devolución de fondos depositados en Suiza.

El núcleo financiero suizo es uno de los mayores del mundo. En ocasiones se le acusa de albergar dinero de sombría procedencia debido a su secreto bancario, aunque estas acusaciones se basan en meras generalizaciones. El debate sobre el secreto bancario en el siglo XXI, apenas inicia, y sus mejores capítulos están por escribirse.

* Jurista, Politólogo y Diplomático.