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El cambio de manos de Canal 8 viene a reconfigurar el mapa de la televisión en Nicaragua. Una de las características sobresalientes de este canal ha sido el ejercicio crítico que manifestaba en relación a las políticas impulsadas por el gobierno. El beneficio de la publicidad gubernamental, jamás se tradujo en excluir o condicionar a partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil, su aparición en el medio.

La presencia de los programas Esta Semana y Esta Noche bajo la dirección y conducción de Carlos Fernando Chamorro, confería un estatuto distinto al canal de Carlos Briceño. Mantener espacios críticos a las políticas implementadas por el gobierno que preside el Comandante Daniel Ortega, equivalía a mostrar un rostro pluralista. En las democracias todos tienen derecho a expresarse. El gobierno se ha mostrado poco tolerante con sus críticos. Convencido que desde el interior de los medios se gestan campañas de terrorismo mediático en su contra, aduce que los cuestionamientos son conspiraciones encaminadas a tumbarlo del poder.

Si Canal 8 es adquirido por empresas o sociedades afines al gobierno, los programas dirigidos por Chamorro Barrios tendrán que salir de ese canal. En esta operación importa tanto quienes lo compran cómo las razones porque lo hacen. Una estación de televisión se adquiere entre otras cosas para incidir en la mente y los corazones de las personas. La televisión se ha convertido en una máquina prodigiosa para gobernar, dada la naturaleza lúdica de su lenguaje y la plasticidad de sus imágenes. La televisión en Nicaragua se ha transformado en el principal dispositivo que utilizan las personas para informarse, educarse y entretenerse. Ningún otro medio de comunicación disputa su hegemonía. Estas son las virtudes en las que se asienta el deseo de coparla o absorberla.

El acaparamiento de los medios tiene implicaciones reales con el ejercicio de la libertad de expresión. La garantía de este derecho pasa inevitablemente hoy en día por la tenencia o disponibilidad que ofrecen los medios a los distintos actores de la sociedad. Entre mayor es el número de medios existentes y más variada su tenencia, las posibilidades que tiene la ciudadanía de expresarse son más amplias. Un auténtico sistema mixto de comunicación garantiza la existencia de una pluralidad de medios para que la ciudadanía exponga sus ideas y sus diferentes puntos de vista. Entre mayor sea el acaparamiento de los medios, los canales de expresión quedan reducidos a la mínima expresión.

El traspaso de propiedad de los medios de comunicación en Nicaragua ha quedado reducido a una simple operación bursátil. Las disponibilidades de recursos financieros propician que personas o sociedades de cualquier tipo se lancen a copar estos espacios. A eso obedece el celo que guardamos en relación a la nueva ley de telecomunicaciones. Someter a licitación las licencias de operación de los canales televisivos o estaciones de radiodifusión equivaldría a reducir las posibilidades de contar con un canal o una radioemisora a personas e instituciones de escasos recursos económicos. En una puja de esta naturaleza las posibilidades reales de obtener una licencia quedan limitadas a quienes disponen de un alto poder financiero.

La nueva ley de telecomunicaciones debe contemplar que las estaciones de radio y televisión cuenten con programación nacional. Igualmente garantizar la existencia de las radios comunitarias y fundamentar la necesidad de una política estímulos para todas aquellas pequeñas empresas interesadas en instalarse en las regiones más remotas del país. La relocalización de las culturas plantea la urgencia de fortalecer las propuestas locales. Todo con el propósito de garantizar la pluralidad de medios y la pluralidad de voces, en un momento que las voces disidentes continúan estrechándose.

Uno de los grandes riesgos son los procesos concentracionarios a los que asistimos a lo largo y ancho del planeta. Cada día el número de conglomerados mediáticos se reduce y su poderío se acrecienta. Son dueños de satélites, compañías telefónicas, empresas discográficas, periódicos, editoriales y estaciones televisivas. Estos procesos están conduciendo inevitablemente a la privatización de la libertad de expresión. Las nuevas formas de propiedad mezclan negocios de diferente índole (turismo, banca, comercio, finanzas, industrias farmacéuticas) junto con la tenencia de medios de alcance planetario. Este mismo esquema en miniatura se réplica en nuestros países.

¿Las pruebas iniciadas en Canal 11 de televisión abierta suponen cambios o desplazamientos en la numeración que hoy ocupa Canal 11 en la televisión por cable? ¿Pueden existir dos canales con el mismo nombre? ¿Deberá adjudicársele a Canal 11 una nueva ubicación y por lo tanto una nueva numeración? En todo caso corresponde a Telcor despejar estas interrogantes. Con la apertura de este nuevo canal se fortalece aun más la presencia del empresario Ángel González en Nicaragua. La empresa Radio & Televisión Nicaragüense (Ratensa) añadirá una nueva estrella para iluminar el firmamento nacional. Estamos asistiendo a una reconfiguración del mapa televisivo.

Todavía está por conocerse el destino de la frecuencia de Canal 6. Desde que el Presidente Enrique Bolaños sacó del aire al 6 y de haberse comprometido a relanzar el canal, se dijo que el actual gobierno restablecería la señal. Nada de eso ha ocurrido. La situación actual ofrece de nuevo la oportunidad de crear en Nicaragua una verdadera televisión pública. Un canal novedoso que responda a las expectativas de las audiencias. Equidistante de la televisión comercial y de la televisión estatal. Con una programación que dé cabida a los distintos actores que conforman la sociedad nicaragüense y brinde especial atención a los sectores eternamente postergados. Especialmente a las etnias de la Costa Caribe, niñez, adolescencia, jóvenes mujeres y discapacitados desde una perspectiva diferente. Sin mediatizar sus posiciones y ofertas.

El interés por adueñarse de los medios tiene múltiples implicaciones. El afán por acapararlos o cooptarlos no obedece únicamente a razones políticas. En la sociedad contemporánea los medios filtran versiones y visiones de la realidad mundial, regional, nacional o local, con el ánimo de incidir en el comportamiento de sus lectores y audiencias. No sólo a través de los noticieros, también lo hacen a través de los programas de ficción, películas, series y telenovelas. Aun cuando internet ha comenzado a disputarle espacio a la televisión, en sociedades como las nuestras no alcanza los altos porcentajes que tiene en Estados Unidos y Europa.

Nada resulta más ensombrecedor para una sociedad que cuando las posibilidades de expresarse a través de los medios están sujetas a las políticas informativas y editoriales de un reducido grupo de personas, quienes deciden sobre qué debe informarse y qué aspectos de la realidad deben ser pasados por alto. Los gobiernos tienen la enorme propensión de evitar las críticas y cuestionamientos. A eso obedece la necesidad de la existencia de otras miradas y voces que recreen y analicen el entorno desde otra perspectiva.

Muchas veces no alcanza a comprenderse que la creación, venta o traspaso de una estación televisiva, una radio o un periódico, nunca será igual a una operación financiera pura y simple. El funcionamiento de los medios está ligado con el quehacer cotidiano de la ciudadanía. Si creyéramos que la compra-venta de Canal 8 fuese una operación sin repercusiones en la manera de ver y entender la realidad que generan los medios, estaríamos equivocándonos de calle. El número de estaciones de televisión en Nicaragua está concentrado en pocas manos.

Una de las constantes del gobierno del presidente Ortega ha sido su manifiesta animadversión contra medios y periodistas que no supeditan sus políticas informativas y editoriales a sus designios. Jamás ha buscado como contemporizar con los medios. Su estrategia política más bien tiende hacia la polarización. Los medios han cometido el error de contribuir a apuntalar esta estrategia con sus informaciones, omisiones y encontronazos, en muchas ocasiones innecesarias y hasta contraproducentes.

¿La compra de Canal 8 abonará a una ampliación de los espacios de expresión ciudadana? ¿Dada la política de comunicación alentada por el gobierno, debemos suponer que se avizora una apertura incluyente? ¿Se producirá una inflexión en su política informativa y editorial? ¿Veremos más de lo mismo o estamos frente a un nuevo proyecto comunicacional? Las opciones están abiertas. Se quiera o no el nuevo destino de Canal 8 compete a todos los nicaragüenses. Cuando los espacios de libertad conquistados se achican, todos salimos perdiendo. Incluso el mismo gobierno, puesto que al pretender apagar las voces críticas, solo escucha a sus corifeos, para los cuales nada anda mal. Todo marcha a la perfección. En este contexto terminan por instalarse la sordera y el autismo.