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La guerra entre los humanos no debiera existir. No obstante, la historia relata que siempre ha estado presente desde tiempos inmemoriales, y, al parecer, el mismo Homo Sapiens pudo haber hecho desaparecer al hombre de Neandertal, otra especie que al igual que el chimpancé, comparten un ADN muy similar al de las personas modernas.

Desde el punto de vista humanista, la guerra no tiene justificación en los sistemas establecidos por la raza humana. Al razonar por analogía, la guerra entre los buenos y los malos es una constante dentro el organismo humano, desde el punto de vista médico. Si los buenos pierden la batalla, nos enfermamos o morimos, de manera que en la primera línea se encuentran los glóbulos blancos combatiendo todo tipo de intrusos como los gérmenes y los virus que tratan de invadir y destruir el sistema inmunológico.

La teoría de Charles Darwin sobre la ley del más fuerte o mejor adaptado parece cobrar vigencia en todos los tiempos. Adolfo Hitler logró el apoyo del pueblo alemán, porque algunos judíos, mediante el sistema capitalista, explotaban a los alemanes en su propia tierra. La raza aria quiso eliminar a los judíos que también se creen una raza superior. Esta última fue más inteligente al extender su influencia en los grupos de poder de las nuevas potencias mundiales, por eso no es casual, ver como EU ha defendido a Israel en el conflicto con los árabes.

Por otro lado, la historia ha sido testigo de cómo los grandes imperios se desarrollan con guerras, pero, eventualmente, los imperios se debilitan y caen por los mismos conflictos militares, independientemente del dominio tecnológico.

Las tribus humanas más inteligentes, y por ende con más educación, se desarrollan más con más rapidez, así que las nuevas batallas se libran en el campo de los conocimientos y del avance de las ciencias. No quiero ser un determinista y seguir creyendo que la guerra es inevitable, es decir, que la humanidad como especie está condenada a la constante de la guerra. Si con la ciencia se puede manipular los genes, existe también la posibilidad de cambiar la conciencia de la humanidad para preservación de nuestra especie.

Algunas naciones actualmente se han desarrollado sin necesidad de convertirse en imperios militares, por ejemplo, los países nórdicos, los Tigres Asiáticos, etc. En esos países se ha dado cabida a la democracia, a la educación y al debate como verdadera opción para evitar la guerra. El diálogo y la negociación en un sistema democrático mundial podrían, incluso, evitar una hecatombe mundial.

Hoy, el poder y el progreso de los pueblos se manifiestan en términos económicos y en relaciones comerciales, asimismo, la globalización es un fenómeno de interdependencia ineludible y muy real en el sistema capitalista actual.

Líderes de países tercermundistas como Mahmud Ahmadinejad, Hugo Chávez o Daniel Ortega, no podrán cambiar las bien integradas estructuras del mundo capitalista, independientemente de que las mismas hayan conllevado a la destrucción del planeta y a relaciones injustas entre las naciones.

En conclusión, sólo a través de la democracia y de las oportunidades educativas es que pequeños países como Nicaragua podrán avanzar un poco. No saldremos de la pobreza con la retórica agresiva hacia otros países que nos apoyan financieramente, más bien, tenemos que estudiar la historia para dejar de ser prisioneros del pasado, y tenemos que entender la economía para poder visualizar que nos depara el futuro.