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Después del desempleo es la delincuencia el otro problema más importante de América Latina, según la percepción recogida (septiembre-octubre 2009) en dieciocho países de la región por el informe 2009 que elabora desde 1995 la Corporación Latinobarómetro, ONG sin fines de lucro con sede en Chile.

Según el informe, el desempleo como problema principal, es señalado por el 21% de las personas, y la delincuencia por el 19%. La percepción más crítica sobre la delincuencia fue en Venezuela (55%), Panamá (45%) en donde hubo en 2008 un salto sorprendente en la tasa de homicidios, que pasó de 13 a 19 víctimas por cien mil habitantes, e inexplicablemente Costa Rica (32%), en donde se confirma la creciente desconfianza social entre las personas y hacia las instituciones. La delincuencia como problema es percibida en su menor categoría en Nicaragua (0%), en parte, porque los pobladores prestan mayor atención a las dificultades socioeconómicas que se encuentran por encima de la media latinoamericana; Honduras (1%), cuyo resultado no es compatible con los hechos criminales conocidos, porque el país registró la mayor tasa de homicidios de Centroamérica en 2008 superando a El Salvador; la explicación por este resultado puede ser que la crisis generada por el golpe de Estado desvió la atención pública. Viendo el desempleo como problema principal, están en el extremo superior Paraguay (42%), Ecuador (34%) y Nicaragua (31%). Los más bajos se registraron en Costa Rica (6%), Venezuela (10%) y Panamá (11%). Los tres países que registraron mayores niveles de percepción de la delincuencia como problema, son a la vez los que presentan los más bajos en cuanto al desempleo como problema. Ello indica que cuando los aspectos socioeconómicos son percibidos con menor preocupación, la gente está en posibilidades de preocuparse por otros, particularmente la amenaza delictiva. Esto se comprueba en los casos de Nicaragua y Costa Rica.

Al igual que otras encuestas aplicadas en nuestro país, el estudio confirma que los aspectos socioeconómicos están en el primer orden de las preocupaciones de los habitantes. Sumando desempleo, pobreza, inflación, problemas de salud y educación, el promedio de América Latina es del 50%; Nicaragua tuvo 85% (el más alto) seguido de Perú (68%) y Ecuador (67%). Los menores porcentajes fueron en Venezuela (21%), Brasil (28%) y Honduras (38%), que a pesar de tener el segundo índice de desarrollo humano más bajo de Centroamérica después de Nicaragua, la preocupación social estuvo centrada en el grave conflicto ocurrido, que revivió lo que se creía superado desde 1978, cuando se vivió el último golpe de Estado en Latinoamérica.

Hay una brecha entre tasa de victimización y percepción de delincuencia, entre hechos y percepción. En ello influye la confianza en las instituciones, los medios de comunicación social y el nivel de desarrollo humano. La confianza en las instituciones públicas puede mejorar la percepción de seguridad. Según el informe, la institución con mayor confianza promedio es la Iglesia (68%), seguida de los medios de comunicación social, en primer lugar la radio (56%), la televisión (54%) y los diarios (49%), en tercer lugar las Fuerzas Armadas (45%), que a diferencia de los órganos policiales, durante la última década ha incrementado la credibilidad social al no estar involucrada en el desgaste del día a día por el conflicto social, político y delictivo. Los resultados del mejoramiento de la confianza en los ejércitos son evidentes en Guatemala, El Salvador, Nicaragua, México y Bolivia, entre otros, en donde la población acepta y justifica un mayor involucramiento de las entidades castrenses en la seguridad pública. La menor confianza es en los partidos políticos (24%) por lo que distintos análisis insisten en reconocer una crisis en la “partidocracia”, ante su limitada representatividad. La confianza en los órganos policiales fue del 34%, ocupando la octava posición de un total de trece enumeradas. En Nicaragua la Policía ocupa el cuarto lugar después de la Iglesia, los medios de comunicación y el Ejército. Existe la tendencia, dada la creciente gravedad de la violencia delictiva, a dar mayor importancia a las policías, las que se convierten en “un símbolo importante del Estado, del gobierno y de las democracias”.

La confianza interpersonal expresada en quienes afirman “que se puede confiar en la mayoría de las personas”, aspecto fundamental en la convivencia, es en promedio del 21%. La mayor confianza se identifica en República Dominicana (36%) y extrañamente en Guatemala (30%); registran datos por encima del promedio: Uruguay (29) y Costa Rica (22), países que tienen relativos bajos niveles delictivos. Nicaragua (19) se ubica por debajo de la media junto a Colombia y Argentina. La mayor desconfianza interpersonal fue en Brasil (7), Chile (15), Paraguay y Perú (17). En la región se percibe un clima de desconfianza y de desintegración, que tiene raíz cultural e histórica, por las diferencias sociales, políticas, económicas, raciales y educativas; parece ser estructural.

América Latina sufre, aunque con menor impacto de lo que pudo haber pasado en otros tiempos, la crisis económica mundial, que apenas parece ha comenzado a ceder. A pesar de los avances democráticos, de la construcción de nuevas alternativas de integración como el ALBA, del surgimiento de gobiernos de izquierda y de centro-izquierda surgidos de elecciones en El Salvador, Nicaragua, Ecuador, Venezuela, Brasil, Bolivia, Uruguay, Chile, Argentina y Paraguay, la desigualdad socioeconómica, la pobreza y la delincuencia, continúan planteando retos que requieren urgentes esfuerzos sostenidos e integrales, desde cada país y desde la cooperación regional.


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