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La impresión que puede llevarse de Nicaragua un turista extranjero es de pesar e incertidumbre, de asombro y desesperanza, que no trasciende sino las fronteras del pesimismo y la duda; lo que se confirma al revisar las páginas fatales de su historia, que nos impone un sello de tragedia clásica, calamidad o signo de desolación.

Al bajar de un fastuoso crucero aparcado en el puerto de Corinto, o en El Astillero, de Rivas, lo primero que encuentra el viajero es una feria de artesanía, que lo invita a recorrer una hilera de tramos maltrechos donde se exhiben hamacas, manualidades, cerámicas de barro, adornos prehistóricos de madera o de piedra, canastos, abalorios etc... no faltando un habano de Estelí o el ron Centenario Flor de Caña, cuya autenticidad constatará al pasar por largas extensiones de caña en los ingenios azucareros de Chichigalpa, y que dirá al probarlo: “Quizás esto sea lo único pasable que se encuentre en Nicaragua.”

Más adelante, el turista aventurero conocerá la inveterada muestra de iglesias y de catedrales en las distintas ciudades de corte colonial y pueblos de enorme atraso, sin atractivo para el que viaja de una potencia desarrollada, por lo que bien podrá referir nuevamente: “Aquí el tiempo se ha detenido en los siglos de la conquista”.

Visitando los “Pueblos Blancos” comerá una que otra cajeta, oirá de sus mitos y leyendas, usos, hábitos y costumbres, bailes, tradiciones y folclor o idiosincrasia; probará su comida típica en las mesetas y cordilleras... y sentirá aún más las intensas regresiones al pasado y a la prehistoria. Lagunas cratéricas, paisajes lacustres, volcanes sui generis, mojarras, guapotes.... y verificará fielmente que... “Nicaragua se encuentra en el paleolítico...” Una conclusión nada descabellada si tomamos en cuenta que nuestro país todavía no ha saltado a un período histórico medio o superior, y ha permanecido estático en el tiempo de recolección de frutos, viviendo de la pesca y de la caza, del espeque y del arado, del trabajo manual y artesano, del mito y de la religión… y del apareamiento animal desordenado.

Las grandes potencias y países desarrollados han devastado sus campos, debido a la industrialización, las minerías… la producción de bienes y servicios, para mejorar los niveles de vida de sus habitantes. Pero aquí en nuestra pobre y atrasada Nicaragua, se han desforestado los bosques, contaminado las aguas, alterado los ecosistemas con daños irreversibles al medio ambiente… que han arrasado la flora y la fauna, pero no gracias al avance tecnológico y a la industria, sino por un aumento desproporcionado de la población, mayoritariamente joven, que sigue sin oportunidades, en un país con los mayores indicadores de pauperismo, de natalidad y de desnutrición. En comparación con otras naciones que han sacrificado su naturaleza y hábitat para ser más prósperos y dignos, aquí se ha producido un efecto a la inversa, ocasionando grandes desastres ecológicos, seguidos de hambre, de miseria y de subdesarrollo.

Los campos y los potreros, las áreas verdes y de cultivo han sido ocupadas por proyectos turísticos y habitacionales, urbanizadoras y zonas francas, barrios y asentamientos espontáneos... pero sin mejoría alguna… todo va de mal en peor. Nicaragua debió haberse convertido en el mejor y más grande oferente de oxígeno en el mundo y no de letrinas y de casuchas, de emigrantes y de indigentes, de burócratas y de dictadores; porque para vender oxígeno se necesitaba preservar los bosques y las cañadas, los campos verdes y los ríos, no sustituirlos por techos y por retretes, por villorrios y por suburbios.

Si vamos a llegar a un mil millones de personas, necesitamos adoptar el modelo chino de no proliferación demográfica, cero procreación, o un único hijo, y dirigir nuestras energías y esperanzas en nuestra educación técnica y científica, en el acceso a la información y a los medios tecnológicos, al conocimiento, a la ciencia y al método experimental. Necesitamos cambiar el modelo de educación actual y vigente para forjar una nación secular, sencilla y modesta, tal vez, sin religión ni poesía, pero con vasta cultura y desarrollo humano. Los antropoides del período neolítico estaban en transición al perfeccionamiento de sus instrumentos de caza y pesca, pasando de la simple recolección de frutos al cultivo de granos básicos e irrigación, simplificando sus labores cotidianas y de supervivencia… algo que apenas parece vislumbrarse en la producción de bienes y de servicios básicos en el país.


wilsonhenri@yahoo.es