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Primera Parte

La subordinación del Ejército al Ministerio de Defensa depende de los conocimientos militares del Ministro y del personal que le rodea. El aspecto político corresponde al nombramiento de las autoridades del MD, pero para que exista plena subordinación del Ejército al MD, debe existir liderazgo, y esto es de lo que se carece en nuestro país, donde los funcionarios son electos arbitrariamente por el Presidente de turno, basándose en simpatía, en favores personales, en vínculos familiares, etcétera.

Actualmente no se conoce una persona idónea para este cargo, pues los que pudieran ser, serían escogidos del Ejército Popular Sandinista o de la Guardia Nacional, y esto es a la vista de la mayoría, de mucho riesgo. La línea de mando del Ejército está perfilada para el próximo Comandante en Jefe, por personal que no tiene liderazgo, y que viene de grupos de militares, entre los cuales unos pocos tienen experiencia militar, aunque todos tengan preparación académica.

En el caso de la Policía existe mayor debilidad, pues los cargos de esta institución carecen de liderazgo, dado que está mandando una línea de subordinados menores en la época de 1979. El Ministro de Gobernación, a su vez, debe tener similares condiciones que el Ministro de Defensa en cuanto a liderazgo, conocimientos policiales y manejo de la lucha contra los principales estigmas de la delincuencia internacional.

En todo caso, la búsqueda del liderazgo en ambos ministerios es un reto que compete a la sociedad nicaragüense y no necesariamente sólo a la autoridad directa del Presidente de la República, aunque así lo disponga la legislación vigente en la materia. En efecto, sacar del ámbito de subordinación al Presidente de la República a las Fuerzas Armadas, a las fuerzas de Seguridad y de Orden Público de la nación, sería violatorio a las leyes y a la Constitución Política, e implicaría desbaratar el sistema existente en los últimos dieciocho años.

La institucionalidad no debe ser pisoteada, y debe partir siempre de los más bajo hacia arriba. Ordenar las instituciones implica no estar inventando directivas ni modelos arbitrarios del Presidente ni de los ministros. En una institución, cada cual debe conocer sus deberes funcionales y cumplirlos al pie de la letra, lo contrario implicaría no alcanzar el desarrollo por mucha democracia que exista. Al pueblo le gusta la gente que tiene liderazgo, y esto puede verse con Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, sean correctas o incorrectas sus actuaciones. Este liderazgo debe alcanzarse en los ministerios en cuestión.

Tuvo liderazgo, en su momento, Edén Pastora Gómez, a la gente le gustaba, pero sus actuaciones lo derrumbaron. Tuvo liderazgo Anastasio Somoza Debayle, tenía pueblo, pero sus actuaciones y su terquedad lo derrumbaron. Tuvo liderazgo dentro de la Guardia Nacional, el general Iván Alegrett, pero era un peligro y fue eliminado. Tuvo liderazgo dentro de la EEBI y la GN el mayor Pablo Emilio Salazar, conocido como “Comandante Bravo”, por su agresividad y por sus tácticas; por ello fue eliminado antes de integrarse a la contrarrevolución. Tuvo liderazgo el extinto jefe del Comando Regional 2, luego jefe del Estado Mayor de la contrarrevolución, Israel Galeano Cornejo (“Comandante Fraklin”), incluso más que el propio coronel Enrique Bermúdez. Analicemos y concluyamos, ¿quiénes tienen liderazgo? Si no podemos contestar, hay que buscar líderes, y… ¿quién da los líderes? No nacen, se hacen.

La triste historia es que cuando alguien se está perfilando, se corrompe, y luego pasa a ser aborrecido por el pueblo. Hay bastantes ejemplos: en su momento, alguno de los fundadores del Partido Liberal Constitucionalista pudo llegar a ser el líder máximo del PLC, ¿y qué pasó? Sus ambigüedades y camaleonismo hacen que la población dude de ellos, y actualmente nadie los quiere ni ver.

En su momento, un candidato a la Presidencia por el Partido Conservador de Nicaragua se estaba perfilando como líder de ese partido, con perspectivas de llegar a la Presidencia de la República, pero desistió por un amarre político o presionado por alguna potencia extranjera. Otros que eran vistos con buenos ojos, al separarse de su nodriza, caen en derrotero: Joaquín Cuadra Lacayo, nuestro mejor general por sus méritos propios, por su valentía, por sus decisiones acertadas, tuvo buen liderazgo. Él condujo la guerra contra la Resistencia nicaragüense, pero se separó del FSLN y buscó sus propios intereses políticos, que no cayeron bien en su partido de origen ni en la población que había cifrado sus esperanzas en él.

Ni siquiera el actual jefe del Ejército tiene el liderazgo necesario, pues nunca ha estado al frente de operación militar alguna, aunque el resto del Alto Mando del Ejército sí tiene esa experiencia adquirida en la década de los 80. Pero, ¿tienen liderazgo? Líderes militares del tipo de Julio Ramos Argüello, de Manuel Salvatierra Rivera, de Antenor Rosales Bolaños, de Roberto Calderón Meza y de tantos otros intermedios, ya han sido apartados, y no pueden per se retomar el liderazgo perdido y olvidado. En nuestro país, el asunto del liderazgo está en decadencia, acompañado de tantos escándalos políticos, electorales y hasta judiciales. Pero Nicaragua tiene que surgir de nuevo.

La historia mundial contemporánea tiene sus propios líderes con luz propia, como es el caso del General de Ejército Dwight David Eisenhower, que llegó a ser Presidente de los Estados Unidos, luego de ser el comandante de la Fuerza Militar Expedicionaria de los Aliados occidentales contra los alemanes. Busquemos aquí en Nicaragua un líder similar. Otros, con igual fuerza, tuvieron que ser despedidos por su gran capacidad de liderazgo, que pudo ser engorroso para los Estados Unidos, como el General de Ejército Douglas Mc Arthur.

Pero en Nicaragua, ¿cuál es la perspectiva de liderazgo reflejado en una o varias personas, que unan a toda la nación? Solamente cuatro ejemplos reconocidos de liderazgo: 1) El general José Santos Zelaya, que al final fue doblegado por los Estados Unidos y obligado a renunciar; 2) el general Augusto C. Sandino, que basó su liderazgo en el ejemplo personal de lucha; 3) Carlos Fonseca Amador, que fundó el Frente Sandinista de Liberación Nacional, pero que al final no logró llegar vivo al triunfo de la Revolución Popular Sandinista; 4) Daniel Ortega Saavedra, que supo encontrar en los sandinistas el apoyo necesario para consolidarse en el poder. El resto han sido personas de poca credibilidad y con acciones que dejan en tela de duda su honorabilidad, por lo tanto, su liderazgo no tiene la calidad que se necesita para que el nicaragüense, con los ojos cerrados, se deje llevar por ellos.

Los recursos financieros no son un obstáculo para que se forme un líder, esto más bien parece que fuera una artimaña para obtener dinero fácil. El verdadero líder busca la forma de organizar las fuerzas y los medios de que dispone, para asegurarse el éxito, buscar la manera de lograr el objetivo, el cumplimiento exitoso de la misión, y, por sobre todo, buscar el superior y sagrado interés de la nación: La independencia económica y el bienestar gradual, pero concreto, de todos nuestros conciudadanos. Pero no es así, en Nicaragua los falsos líderes siempre están buscando la manera de obtener mayor presupuesto y es un engaño.

Los civiles no tienen visión estratégica cuando no les interesa, cuando sólo quieren llenar un vacío que les permita obtener dinero extra. La visión estratégica la da la necesidad de resolver los asuntos en el orden que se busquen. En Nicaragua ya existe una doctrina que es conocida como Libro Blanco de la Defensa Nacional. Ésta es al menos la primera llave para lograr el liderazgo que tanto se necesita. El civil puede llegar a tener visión estratégica siempre que se comporte como un verdadero líder, y no como un asalariado como tantos que abundan en los dos ministerios en cuestión.

En Nicaragua es falsa la aseveración de que no existen expertos civiles en defensa nacional. ¿Y qué pasó, pregunto, con los militares retirados que ahora son civiles? Todo es hacer una convocatoria para que por medio de currículo se presenten, pues están atentos al llamado por ser expertos en la materia, pero olvidados por la sociedad civil. Los gobiernos pretenden crear líderes dando una cartera o un cargo en el Ministerio equivocado, y esto es contraproducente y negativo, pues incurre en gastos que son innecesarios y que crean suspicacias.

*Mayor condecorado y retirado Ejército de Nicaragua
Ex Oficial de Información
Ex Miembro del Estado Mayor General del Ejército de Nicaragua