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El deporte y la actividad gallística han estado presentes y de manera muy arraigada en nuestro continente desde siglos atrás. En Nicaragua, los gallos gozan de extrema popularidad en todos los sectores económicos, políticos y sociales. La afición por los gallos en todos los sectores surge primero como una costumbre, y luego en la actualidad como forma de expresión de tradición y de cultura de nuestro pueblo.

Hoy se pretende en el Anteproyecto de Ley de Protección y Bienestar Animal, introducir una ley (a escondidas) pero que es un secreto “público” entre todos los criadores de gallos, que pretende prohibir las peleas de gallos. Digo a escondidas, porque leyendo detenidamente el anteproyecto, en varios artículos, de manera solapada, va implícita una guerra abierta en contra de los gallos y de todos los aficionados a esta actividad. Pero este proyecto de Ley, además de atentar contra los gallos y los galleros, también atenta contra la población de Nicaragua, ya que este proyecto de Ley también atenta directamente contra todas las especies de interés zootécnico, es decir, contra las especies dedicadas a la producción (leche, carne, huevos, cuero etc.), ya que dicho proyecto de Ley es inquisidor e incriminatorio.

Las personas involucradas en la presentación de dicho proyecto de Ley ante la Asamblea Nacional, no tienen el menor conocimiento de la vida cotidiana del nicaragüense, del campesino, del obrero, que usa su perro, primero como compañía y segundo como guardián, y, peor aún, no tienen ningún vínculo con la actividad “galleril” del país, por tanto, no tienen ninguna potestad para decidir sobre cómo debemos pensar o actuar, ni tampoco pretender cambiar la naturaleza propia del gallo, ya que no pueden ni podrán borrar nunca su información genética.

El no estar de acuerdo con nuestras costumbres, tradiciones y cultura, no les da derecho a juzgarnos sobre lo que está bien o está mal, qué debe hacerse y qué no, sólo por el “terrible pecado” de ser y de pensar diferente. Este proyecto de Ley es denigrante para toda la sociedad, porque pretende equiparar la vida de un animal a la de un humano, por el simple razonamiento de los llamados protectores de animales, de que los animales tienen los mismos “derechos” que los humanos.

Hoy por hoy, los criadores de gallos y las peleas de gallos, como fenómeno social, son una realidad nacional y mundial. Esto nadie puede negarlo. Muy al contrario a lo expresado por los protectores de animales (PETA), que acusan a los galleros de sádicos y de realizar orgías sangrientas, la realidad es otra, ya que los que han hecho actos criminales a nivel mundial son ellos (PETA) a través de su brazo armado y terrorista Liberación Animal. Vea en internet las páginas, por mencionar algunas: petakillsanimal.com y liberación animal, y vea portada de nuestra Revista Cultural Gente de Gallos, Año 12. No. 71, noviembre-diciembre de 2009.

Alguien dijo por ahí que la hipocresía es la madre de todos los problemas de credibilidad, y, en esto, los llamados protectores de animales son campeones de campeones, porque el verdadero trasfondo de todo esto es “económico”, pues tienen que justificar todo el dinero que reciben de gente sensible y de la cual se aprovechan, viajando y viviendo como reyes. Hoy tratan de engañar a la población y a los diputados erigiéndose como los salvadores de los animales.

Hoy los diputados tienen la obligación moral de demostrar su apoyo a toda forma de expresión cultural y folclórica de su pueblo nicaragüense. Que a algunos no les gusten los gallos, lo entiendo y lo respeto, pero lo mismo exijo para mí. La pelea de gallos, igual que cualquier actividad personal o grupal de cualquier índole, solo es entendida por quienes la practican, de ahí viene que si no lo sientes… no lo entiendes.


*Egresado de zootecnista. UCA.