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Queridos niños de Nicaragua:

Les cuento que hace poquito nací en Belén y me pusieron por nombre Jesús, porque tengo que salvar de sus pecados a los pueblos del mundo, incluido el Reino Socialista de Nicaragua, y les confieso que los pecados de los monarcas de ahí están ganando enormes intereses en el Banco Mundial del Infierno, y más ahora en que se quieren hacer pasar como seguidores míos sin dejar todo lo que tienen. Ya saben que mis papás se llaman José y María, y a mi papá le mandaron a decir de allá, que si no aceptaba que lo carnetizaran en el partido del rey, mejor no llegara. En cuanto a mi mamá ha estado muy decepcionada conque se manipulara el fervor mariano, primero apoderándose con imágenes de ella las rotondas, obligando a los condenados de la tierra fingieran rezar, y por estos días, en ocasión de celebrar la popular tradición de las Purísimas inspiradas en la Inmaculada Concepción, a los monarcas se les ocurrió explotar políticamente la miseria del pueblo, y atropellarlo en su dignidad en un grotesco y falso culto a la persona de mi madre.

Se sintió mal mi madre cargándome en las largas filas de personas que luchaban por obtener unas bolsitas de arroz o de frijoles, o cualquier chuchería igualmente pagada por los mismos impuestos del pueblo. Interminables filas que evidenciaban la crisis económica de ese reino. Sabemos que ese es un pueblo que quiere trabajo digno y no escarnio de sus necesidades, pues de esta última manera el gobierno, que se dice cristiano y más le valiera ser ateo, abusa de los pobres y de la religión. Aquí la historia, como siempre, a punto de llevarme de Herodes a Pilatos. A propósito del rey Herodes, parece que el rey de ustedes le informó que en Belén de Judea había nacido el Rey de los judíos, y ya ustedes saben que los reyes ven rivalidades en cualquier otro rey que no sea como ellos, es decir déspotas, y me pusieron los ojos encima a pesar de que a mí no me cabe eso de ser rey y mucho menos tener reinos que tienen fin. Mi idea del reino es de justicia, alegría y bondad sin fin, poblado de creyentes y no creyentes honrados, todos iguales, sin pobres ni ricos, en donde no se tenga que canjear dignidad por trabajo: un verdadero reino socialista fundamentado en el amor.

Para mí los problemas comenzaron por esos divertidos magos, Gaspar, Melchor y Baltasar, que llegaron hasta mi pesebre buscándome para darme unos regalitos, pero antes por puro entusiasmo y sin querer le contaron a Herodes que venían desde Oriente siguiendo una estrella para dar con el Rey de los judíos, y ahí fue cuando Herodes, celoso de mi supuesto reinado, les pidió que al regreso le contaran dónde estaba yo para ir a darme un besito de bienvenida. Lo que quería era matarme, así que advertidos de sus verdaderas intenciones, mis padres y yo huimos a Egipto, y los magos salieron envarajustados por otro camino. Entonces Herodes se encolerizó, pues comprendió que los magos habían descubierto su ardid, y mandó a matar a todos los niños de Belén menores de dos años. Así es la ira de los tiranos contra los inocentes. De manera que no pude regresar sino al cabo de dos años, cuando ya había muerto Herodes, y me fui a vivir a Nazaret, en Galilea. Por eso es que me pusieron el apodo de Nazareno, pero esa es ya otra historia, a la que pertenece el episodio de cuando el diablo me tienta en el desierto ofreciéndome todos los reinos del mundo; momento muy bien captado en un cuadro que todos pueden admirar en la Parroquia de San Rafael del Norte.

A estas alturas de mi carta comprenderán por todo lo dicho que este año no voy a llegar a Nicaragua. Total, ni siquiera sé patinar en hielo, porque aquí somos tan pobres que hasta respetamos la pobreza. El hielo de los corazones es el peor. Aquí también ocurre con el muro que construyeron para aislar y humillar a los palestinos. Es algo así como el muro de la reelección en Nicaragua, que separa a patriotas de opresores. Además, no hay condiciones para viajar a Nicaragua, pues yo no tengo un avión a mi disposición como el magistrado danielista Roberto Rivas, ni sus carros de lujo, ni sus mansiones en las que alojarme a mi paso por Costa Rica, y ni siquiera un burrito de Kentucky. Tampoco tengo dinero para pagarme frecuentes boletos aéreos como con los que el monarca obsequia a sus hijos. Sinceramente, no quiero tener nada de todo eso mal habido, y me duele que otros lo tengan a costa de un pueblo pobre. Eso sí, no los olvido, y tengo toda la buena voluntad de llegar el Domingo de Ramos montado en la burrita linda que ustedes me enviaron de regalo esta Navidad. Tengan listas las palmas. Los quiere mucho.

Jesús.

luisrochaurtecho@yahoo.com
“Extremadura”, 24 de diciembre de 2009