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Señor, Daniel Ortega Saavedra
Presidente de Nicaragua.

Soy un jubilado y quisiera hacer la siguiente reflexión.

Me pregunto: ¿Y a nosotros quién nos salva?

Los gobiernos van y vienen, pocos son los cambios para los pobres, pareciera que los políticos han caído en discursos teóricos, sin fuerzas ni valores éticos morales.

Soy un jubilado que tiene esperanzas en que en Nicaragua, los de la tercera edad tenemos dignidad y se nos debe respetar. La situación de nosotros es vista a veces con menosprecio, además de ser maltratados y de recibir una mísera ayuda económica.

Particularmente, a mí me ha costado dar a Nicaragua mis preciosos hijos, uno que murió en la guerra, abonando con sus sangre el deseo de tener una nueva Nicaragua, y otro que sufrió la muerte a manos de inescrupulosos ladrones que causan terror y muerte en nuestro país.

Mi sueño es que los “Viejos”, como comúnmente se nos dice, vivamos haciendo poesía, caminando libres y aportando con nuestra sabiduría en la construcción de la Nicaragua con amor y ternura. No es posible construir una Nicaragua para todos, si se sigue marginando y matando poco a poco a los de la tercera edad.

En esta carta quiero pedir al presidente Daniel Ortega, que por favor nos tome en cuenta, que no nos deje en el abandono cruel, en la incertidumbre de no saber cuál será nuestra última cuota de la pensión que dignamente nos ganamos con el aporte que dimos a nuestro querido país, que amamos profundamente, digo parafraseando a Rubén Darío “tercera juventud te vas para nunca mas volver”.

También le recuerdo, presidente Ortega, que arrieros somos y en el camino andamos, hoy ya tengo 79 años, mañana los tendrá usted y otros más.

La compasión es un don de Dios, por eso pedimos públicamente se nos trate dignamente, sin discriminación.

Le pido:
a) Que aumente nuestra pensión
b) Que se mejore la atención para nosotros.
c) Que nos construyan centros de recreación.

Espero lea esta sencilla carta y me conteste.

* Monseñor Lezcano.