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Religiosamente, la pobreza se ve derivada de la pereza. San Gregorio Magno (S.VI), quien categorizó los pecados capitales en siete, lo miraría así Y el pueblo por su inoperancia sería el gran responsable de la pobreza en que estamos envueltos. Pero un poco más tarde, San Cipriano de Cartago hablaba de ocho pecados capitales, y ahora no sabemos cuántos males han generado estos vicios. Lo cierto es que no faltan criterios para hacer sentir la importancia imperativa de adoptar un cambio tan profundo como el de un nuevo paradigma de una verdadera democracia socioeconómica nicaragüense.

Pero es urgente salir de la desgastada y manipulada democracia impuesta por los intereses mezquinos de los mismos políticos desde hace treinta años. Pero hay un argumento real, nada ideológico o teórico, que es la pobreza extrema en que vive el pueblo, a diferencia del mundo de los políticos y sus allegados.

Hay un grito desgarrador en los rostros y la conciencia de la gente del pueblo, que va más allá de todo límite, la reducción exponencial de capacidad para suplir los artículos de primera necesidad en el hogar dicen mucho, la duplicación y reduplicación de los fenómenos externo e internos que generan la pobreza, bien pudieron ser amortiguados si existiera una voluntad política de parte de las clases dominantes, que hacen de la pobreza toda una apología sesgada a sacarle ventaja partidaria. ¿Dónde está el esfuerzo por una concertación nacional contra la pobreza? ¿Cuáles son las políticas inclusivas que permitan poner a Nicaragua por encima de los intereses partidarios? ¿Dónde está el patriotismo y amor por Nicaragua de nuestros políticos y grandes empresarios?
Ya nos produce vahído el ver a los caudillos rasgarse las ropas ante el altar de la inanición paupérrima de la falta de oportunidades, del olvido extenuante y del sacrificio económico asfixiante preconcebido por décadas, para darle vida a una nueva elite que se erige a imagen y semejanza de los huesos de la clase burguesa de la dinastía de los setenta.

La pobreza es un pecado capital generado por revanchismo, oportunismo, políticas prebendarias, corrupción por robos, abuso de poder e incapacidad administrativas. Esta pobreza se hace acompañar de falta de libertad, perspectivas, horizontes claros para nuestra juventud a fin de evitar su migración, y más bien profundiza un adoctrinamiento dogmático con el propósito de hacer prevalecer el modus vivendo de esa clase usurpadora del bienestar del pueblo.

Las instituciones del Estado creadas para dar respuesta a las necesidades del pueblo, se han convertido en laboratorios de experimentación para generar dependencia y sometimiento del pueblo a intereses antagónicos que permitan oxigenar la grave crisis
a la que hemos sido sometido. ¿Cuándo los nicaragüenses nos veremos como sujetos de cambio, de transformación y no como botín de las cúpulas políticas?