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Estamos a un día para que finalice el presente año 2009, un año que podríamos calificar de cierre de muchos acontecimientos sobresalientes en la accidentada historia del país. Algunos de estos hechos fue posible reseñarlos en publicaciones periódicas y en obras testimoniales o compilaciones como “Entre Sandino y Fonseca”, de Jesús Miguel Blandón, otros hechos e individualidades no corrieron la misma suerte.

Fue durante este año que se cumplió el cincuenta aniversario de la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959, fue por supuesto también el cincuentenario de tantos movimientos guerrilleros de este mismo año como el de El Chaparral, el de Olama y Mollejones, el de Manuel Díaz y Sotelo, el de Chale Haslam y de otros acontecimientos marcados con sangre.

A estos hechos le siguen otros como el cuarenta aniversario de la caída heroica de Julio Buitrago Urroz y otros militantes del FSLN en Las Delicias del Volga y Santo Domingo, ocurridos el 15 julio de 1969. Hubo sucesos mucho más lejanos, como la ejecución del caudillo antioligarca Bernabé Somoza Martínez, un 14 de julio de 1849 y la guerra civil de 1869, pero que también de trascendencia en su época. Pero por razones de la distancia en el tiempo, de estos últimos es normal que sólo sean parte de un breve episodio en la historia política nacional, recordado y datado principalmente, por especialistas en el campo de la misma historia.

Lo que puede resultar sorprendente es que acontecimientos mucho más cercanos y también trascendentes, como la huelga estudiantil de julio a septiembre de 1969 de la Universidad Centroamericana, UCA, pasen a ser parte de las historias olvidadas o poco conocidas, aun cuando algunos de los participantes y dirigentes están todavía entre nosotros.

La huelga estudiantil se inició la misma tarde del 15 de julio, cuando se escuchaban los disparos de los combates de Las Delicias del Volga y Santo Domingo, y los estudiantes, encabezados por Carlos Agüero Echeverría y Róger Cerda se tomaron las instalaciones de la Universidad e izaron simbólicamente el pabellón del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Sandino. La toma fue apoyada por la mayoría de los estudiantes y profesores; los huelguistas demandaron la entrega del cadáver de Julio Buitrago (ex -alumno del centro) y que se respetara la integridad física de las detenidas Doris Tijerino Haslam y Gloria Campos Traña.

Las máximas autoridades de la UCA, representadas entre otros por el rector somocista León Pallais, reaccionaron decretando la expulsión de cinco de los dirigentes de la huelga, siendo dentro del cuerpo de profesores Manolo Morales y Ernesto Castillo los únicos que se atrevieron a condenar abiertamente esta medida. Fue entonces que la huelga tuvo continuidad, exigiendo el reintegro de los expulsados, convirtiéndose en el paro estudiantil más prolongado en tiempos de la dictadura, en tanto cesó hasta el día 12 de septiembre de ese año 1969.

Las autoridades aceptaron, por fin, el reintegro de todos, menos uno, el del principal dirigente, Róger Cerda, estudiante de 5° año de Derecho.

Un movimiento de esta naturaleza, desde la perspectiva del sistema, resultaba anacrónico, dado que la UCA había sido creada años atrás para contrarrestar el papel de la UNAN como “principal foco y semillero subversivo del país”. Sin embargo, los hechos demostraban todo lo contrario.

Además de las circunstancias externas, como el papel del movimiento estudiantil a nivel mundial, no se puede comprender este comportamiento de los estudiantes de la UCA si no nos remitimos a hechos ocurridos en los años anteriores en esta Alma Máter, y principalmente el año 1966 –un año de mucha agitación política— cuando junto a connotados oficiales GN y OSN como Nicolás Valle Salinas, Juan Lee Wong, Humberto Lagos, Sergio Calderón y otros, también hizo su ingreso toda una generación que habría de jugar un rol muy importante en hechos que trascendieron en la historia política del país. Entre los de esta generación se puede mencionar a Daniel Ortega S., Julio López Campos, Edmundo Jarquín, Harold Solano, Melvin Wallace, el ya mencionado Róger Cerda y otros.

Es decir, que si bien la UCA se llenó de “chicos bien”, de oficiales GN y empleados somocistas, no pudo evitar el ingreso de elementos de avanzada y beligerantes en la sociedad, porque esta generación no hizo más que reforzar a otros que, como Casimiro Sotelo, Julio Buitrago, Dionisio Marenco, Danilo Aguirre Solís, David Tejada, etcétera, desde años anteriores habían venido fortaleciendo el Centro Estudiantil Universitario de la Universidad Centroamericana (Ceucca), convirtiéndolo no sólo en un centro de discusión y polémica sobre la problemática nacional e internacional, sino también en un centro de acción política contra el aparato de dominación somocista.

Aun cuando no fue revelado este suceso en los días exactos de su cuarenta aniversario, en mi opinión, como profesional, no se debe considerar una página leída de la historia, sino por el contrario, deben ser los días y meses del año 2010 los que deben estar dispuestos, por parte de los sobrevivientes, para reconstruir estos acontecimientos de forma objetiva e integral, para que permanezcan junto a otros hechos de carácter cívico, que marcaron, sin pretenderlo, nuestra historia política contemporánea.


* Historiador de la S. de Investigadores de la BCN