•  |
  •  |
  • END

La Unión Europea maneja una propuesta de ley para limitar el volumen de emisión de los reproductores de música. El máximo organismo europeo se muestra preocupado por la salud auditiva de los ciudadanos del viejo continente. La medida se basa en los crecientes problemas de audición provocados por escuchar música a un volumen demasiado alto de manera prolongada.

Desde su aparición, hace poco más de una década, los reproductores portátiles de audio se han incorporado a nuestra vida diaria de forma vertiginosa. Gracias a unos auriculares, conseguimos amenizar el camino al trabajo, a la escuela o la espera a la cita que se retrasa. Es frecuente ver en metros y autobuses a personas de todas las edades ensimismadas en su música, sin prestar atención a nada ni a nadie más. Éste, junto al problema de pérdida de audición, es el segundo gran inconveniente del adelanto tecnológico.

Los reproductores personales influyen en una menor socialización de las personas. Las voces que cada persona escucha en su cabeza han hecho que el silencio se haya apoderado de la rutina diaria. Los accidentes provocados por despistes fruto del ensimismamiento que producen los auriculares son otra causa de preocupación, aunque menos contrastable. Las personas caminan como autómatas al ritmo de su música sin darse cuenta de lo que sucede a su alrededor.

Más allá de los graves problemas sociales, están los de salud. Diferentes estudios encargados por la Unión Europea confirman que, en muchos casos, las personas se lesionan escuchando música sin ser conscientes de ello. En Europa se estima que unos 50 millones de personas escuchan música a través de sus aparatos mp3. De ellos, unos 10 millones están en peligro de sufrir algún tipo de sordera, provocada por el reproductor musical.

En la actualidad, y a la espera de que la Unión Europea cambie la legislación, el volumen de los mp3 va desde los 60 a los 120 decibelios. Una persona que escuche música al máximo volumen agrede sus tímpanos de la misma manera que si escuchase a poca distancia un avión despegar. El empleo de estos dispositivos portátiles en lugares con ruido fuerza a los usuarios a subir su volumen, perjudicando su salud. A mayor nivel de decibelios, menor es el número de horas de exposición recomendado.

Al emplear auriculares las ondas sonoras impactan de manera directa los órganos auditivos, lo que ‘facilita’ el daño a este sistema. La consecuencia es alarmante; Un sonido de 95 dB a través de un mp3 durante quince minutos, equivale al ruido de un tren en marcha durante 8 horas. El daño provocado en apenas unos minutos resulta irreversible.

Entre las enfermedades más comunes producidas por escuchar sonidos a volúmenes altos de manera prolongada la más preocupante es la pérdida de audición, pero no es la única. También es frecuente dejar de escuchar algunas frecuencias como podrían ser sonidos graves o agudos, y una de las más incómodas es el tinnitus. Esta enfermedad consiste en la percepción de pitidos o zumbidos producidos por el propio oído. Se desconocen las causas, pero los jóvenes expuestos a altos niveles de sonido, y de manera más concreta a música alta a través de auriculares, son propensos a padecerlo.

El Comité Europeo para la Normalización Electrotécnica (Cenelec) será el encargado de delimitar los decibelios de los nuevos reproductores. Las dos posibilidades manejadas son limitar las horas de exposición, algo que legalmente es inviable, y la otra opción es reducir el volumen máximo de reproducción. La cifra barajada como máxima es 90 dB. Este sonido es similar al que una persona escucha en pleno atasco de una gran ciudad.

La asociación de fabricantes de aparatos electrónicos, Digital Europe, se mostró a favor de la medida, pero con matices. Según su directora general, Bridget Cosgrave, los nuevos estándares técnicos “deben respetar la capacidad de elección de los consumidores”.

La decisión se conocerá en las próximas semanas y sin lugar a dudas ayudará a las personas a preservar su capacidad auditiva, de manera especial a los más jóvenes. Este grupo es el más expuesto a los peligros que conlleva escuchar música durante mucho tiempo a un nivel excesivo. Pero mucho nos tememos que no es un problema de decibelios.


*Periodista
ccs@solidarios.org.es