•  |
  •  |
  • END

El secretismo con que procede el gobierno desinforma y obnubila. Le han hecho creer a la gente que no hay más alternativas ante la crisis que aumentar impuestos, incrementar el costo de la gasolina y como réplica en cadena el de todos los productos. Pero estemos claros que sin impuestos ni aumentos, se pudo resolver el déficit de las finanzas públicas, promover la producción y fomentar el empleo. Si hubieran querido.

Lo que padece la economía popular es resultado de la prepotencia, el cinismo y la saña del grupo que gobierna el país. Son prepotentes porque al margen de todo, decidieron los aumentos, y son cínicos porque saben que con la información controlada pueden manipular las decisiones y determinar el modo de pensar de ese grupo de que todavía está adormilado y que sigue creyendo que no hay de otra, que sólo existe la voluntad del caudillo que gobierna el país.

Lo triste es que no están resolviendo siquiera el déficit fiscal. Los aumentos los acordó la cúpula negociando con el Cosep y obviando a los organismos de la sociedad civil. Estamos en contra de las misas negras de los aumentos y presentamos dos iniciativas. Una, promover la verdadera austeridad, y otra, terminar con las excepciones para la consolidación fiscal, cerrándole el paso a la cantaleta de que no hay de otra.

Con la primera iniciativa se hubieran conseguido ahorros millonarios si es pareja e incluye a los paniaguados y con la segunda se obtendrían otros tantos millones de córdobas que cubrirían el déficit de las finanzas públicas.

Con la cauda impositiva aprobada y su beatífico reglamento no resolverán ni siquiera el problema del déficit presupuestario, menos aún el de la carestía de la vida, y generarán quiebras y cierres de empresas y negocios. Huida de inversiones. El aumento a las gasolinas y al gas de manera especial propicia más la carestía. Ahora la gente está padeciendo mucho por esos aumentos. Sin embargo, no vacilan en aparecer como paladines de la defensa de la economía popular y hablan de medidas socialistas que son nada más que recetas neoliberales.

La gente se enoja con los políticos o con los voceros, cuando ellos sólo son empleados. Le echan la culpa a los diputados cañoneados. La culpa del desastre nacional es del grupo de incondicionales que no buscan una verdadera democracia y solo medran del presupuesto. Hay que crear conciencia de que las instituciones están al servicio de esa cúpula y de que no hay Estado de Derecho.

Hay que entender que el hombre es producto de las circunstancias y no menospreciar el poder de los medios. Es mucho mayor de lo que uno se imagina la influencia que tienen sobre la población. El aletargamiento de la gente se está dando por falta de conciencia y los medios pueden ser el despertador.

El principal sostén del régimen opresor es el control institucional que ejerce. Pero la gente ya no comulga con ruedas de molino y está abriendo los ojos. La gente va a terminar por despertar. Depende mucho del trabajo de concienciación que hagamos. Por eso es importante que este año sea el de la revolución de las conciencias. Mientras no haya un despertar de conciencias, desgraciadamente las cosas no van a cambiar.