•  |
  •  |
  • END

En EL NUEVO DIARIO del 30 de diciembre de 2009, el historiador Rafael Casanova Fuertes muestra su preocupación por que la actividad estudiantil de los primeros años de la UCA pase a ser parte de historias olvidadas o poco conocidas. La historia está documentada. La UCA para este aniversario nos ofrece dos libros básicos compilados por Enrique Alvarado Martínez: “La UCA a través de la historia” y “Educación y desarrollo”, que contiene una selección de reflexiones del Rector Xabier Gorostiaga. Estos nos explican las razones por las que la UCA, como universidad, ha logrado la excelencia que la distingue.

He estado vinculado a la UCA desde el inicio de su segundo año académico y vivido sus logros y debilidades. De mis notas extraigo algunas consideraciones, y en los últimos cuatro párrafos inserto unas atinadas reflexiones del Rector Gorostiaga.

En 1959 triunfa la Revolución Cubana. Se produce la incursión armada de Olama y Mollejones en la que participan jóvenes provenientes de familias con altos ingresos económicos y formados principalmente en colegios privados. Para entonces se realiza la incursión guerrillera de El Chaparral. Los que éramos estudiantes en León creímos que Carlos Fonseca, nuestro compañero de estudios, era uno de los muertos. Los reclamos por la represión criminal de El Chaparral obtienen como repuesta la masacre estudiantil del 23 de julio.

Carlos Fonseca ya había sembrado en las aulas la semilla de una opción política de izquierda distinta a las propuestas de los partidos políticos tradicionales. Para nuestra generación un cambio “democrático o por golpe de Estado” deja de ser opción. Se logra la expulsión de los militares de la Universidad.

Los jesuitas de Centroamérica y los representantes del capital tradicional, observan y analizan con preocupación la tendencia de los jóvenes a radicalizar la postura política. Tratan de encontrar una salida que evite la solución cubana racionalizando sus propias relaciones políticas y laborales.

Una Universidad cristiana, dirigida por jesuitas competentes, entre ellos varios nicaragüenses, podría ser una opción que propiciara una solución distinta a la cubana.

En los primeros tres años de la UCA, el grado de politización de los estudiantes era muy limitado. En esos primeros años la mayoría de los que ingresaron inclinaban su simpatía o interés político a un partido conservador, -que logró un respiro político con el liderazgo de Fernando Agüero-, liberales, mayoritariamente hijos o familiares de funcionarios del somocismo, y unos pocos de las tendencias socialcristianas.

Hope, la esposa de Somoza Debayle, fue alumna en la UCA. Militares que se sentían marcados por los sucesos del 23 de julio del 59 y que por resolución de la Universidad Nacional fueron retirados, ingresaron a la UCA. Si bien, entre ellos estuvo el militante y mártir del FSLN David Tejada, la mayoría fueron militares comprometidos con los crímenes y latrocinios del somocismo.

Al endurecerse las luchas internas en la UCA, por la reforma hacia una universidad cristiana y liberadora, las autoridades hicieron causa común con la represión somocista y un gran número de estudiantes fueron expulsados. Fernando Cardenal, siendo jesuita, también fue expulsado. En mi caso las autoridades de entonces me expulsaron y solicitaron a la GN mi captura.

Cito al Rector Xabier Gorostiaga:

“En el caso de la UCA de Managua, los vientos de cambios vinieron desde los seglares, no de los jesuitas. La dictadura somocista había logrado someter a la UCA a su influencia directa a través de un pariente de Somoza. Un amplio sector de estudiantes radicalizados desde la secundaria, se unió a la lucha contra el somocismo y varios profesores y algunos jesuitas, que se solidarizaron con el movimiento estudiantil fueron expulsados de la UCA junto con los estudiantes. Distintas oleadas de expulsiones de estudiantes y profesores no impidieron que la UCA contribuyera también a la insurrección y a su legitimidad. En esta crisis, el modelo universitario de la UCA fue cuestionado, pero no transformado.

En la década de los ochenta el modelo universitario de la UCA sufrió cambios profundos. Se optó por la integración de la UCA al CNES y por la educación gratuita, financiada con el presupuesto del estado. Con esta decisión se rompió el modelo elitista de universidad privada de pago y se abrieron nuevas perspectivas para un mayor compromiso social. En realidad hubo más apoyo que crítica hacia la revolución. Fue un modelo de universidad ajustado a las necesidades del Estado sandinista y más particularmente a sus necesidades ideológicas y políticas. En realidad durante los 80, la UCA no respondió a las necesidades técnicas, científicas y profesionales del nuevo Estado ni a las necesidades del país.

El CNES recortó seriamente las posibilidades de tener autonomía y de plantearse una tarea académica propia. Incluso dentro del proceso revolucionario. En 1980, la UCA buscó más autonomía respecto del CNES para racionalizar su administración; pero no cuestionó el modelo universitario, ni el papel replegado, que con el resto de las universidades del país mantenía, ante el creciente agotamiento nacional causado por la guerra y por las propias limitaciones del proyecto sandinista.

La excelencia de nuestra universidad está en dominar nuestra propia realidad nacional, en formar una conciencia de transformación y en aportar eficazmente con esa conciencia al proceso de cambio. La excelencia de una Universidad distinta debe estar en el conocimiento de la realidad, en el saber lo que se hace y o que debería de hacerse.”

A 50 años estoy seguro de que la UCA ha logrado la excelencia como la define el Rector Gorostiaga.