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Alguien dijo, una vez, que la revolución cubana era hija de las radionovelas. Felix B. Caignet, sería así, según el chiste, el verdadero padre del proceso y Fidel Castro, el Albertico Limonta que ha exigido siempre su derecho a nacer. Hugo Chávez, de igual modo, sería el hijo de Delia Fiallos, al convertir el peplum hegeliano de Heinz Dietrich, en una telenovela. La diferencia sería que aquél donde nos hace llorar, éste nos hace reír.

¿Cómo hará esa V Internacional Socialista, que se dice proclamará el bolivarianismo para abril del 2010, con el racismo de Marx contra los latinos y la hegemonía de los medios audiovisuales? Marx creía que los mexicanos merecían vivir bajo los gringos, por su haraganería mestiza; a Bolívar lo comparó con un Emperador haitiano liberto que, por su tono, más pareció hacerlo por “afro” que por dictador.

¿Será el super mestizaje, como ruptura epistémica, el núcleo de la nueva internacional? ¿Eso oiremos de quienes sucederán a los fundadores de las otras cuatro internacionales (Marx/Bakunin de la I, Engesl/Bebel de la II, Lenin/Trotsky de la III y Trotsky de la IV) y que presidirán de seguro Fidel Castro y Hugo Chávez?
El mestizaje no ha dejado dormir al latinoamericano desde hace dos siglos. El tradicional (virtuoso y mesiánico) es el que va desde Rodó hasta Vasconcelos. El segundo aire, con Lezama Lima y Carpentier, terminaron de redondearlo Octavio Paz y Carlos Fuentes, entre otros. Estos últimos lo situaron entre un barroco como mezcla fecunda y un melodrama como superficialidad. Al mestizo no le gusta el vacío, nos daban a entender unos --y adora las telenovelas-- nos insinuaban otros, como prueba de inferioridad y mal gusto.

Desde entonces se han abierto varias corrientes de mestizajes que, sin embargo, simplificaremos en dos tipos: a) uno latinoamericanista descentrador del mestizocentrismo que ha pasado a defender a amerindios y afrodescendientes (el intercultural de Fornet Betancourt y el decolonial de Mignolo); y b) otro globalizador, encajando unos dentro de otros, más amplio (hibridez según Bhabha o supermestizos como propongo denominarlo) que incluye el postcolonial de Said y Spivak, el pensamiento de fronteras de las chicanas Gloria Anzaldúa y el método de Chela Sandoval (continuadora del cyborg feminista de Donna Horoway), así como el mestizaje lateral de John Francis Burke en EE. UU. y el intercultural en Europa, de José Carlos García Fajardo, aún minoritarios.

El tipo a), el clásico, se mueve entre la imitación que nos inferioriza y ridiculiza, desde ojos eurocentrados, y la admiración que le brindamos al europeo, que es la que confirma su “superioridad”. En este paradigma se mueve el mestizo, aborigen o afro, en estrategias de subalterno.

Para el mestizo desde sí mismo, admirar e imitar, son dos movimientos en uno y no encuentra contradicción porque “acepta” la “superioridad” del vencedor. Es el eurocentrado el que se desgarra entre repudiar la mímica de un extraño a quien mira como caricatura y aceptarle su admiración de subalterno para confirmar su “superioridad”. ¿Cómo miraran los franceses, por ejemplo, a los haitianos?
Para el tipo b), el eurocentrismo debe provincializarse, al disminuir su importancia, pero sin eliminar esa cultura, porque no podemos ignorar que domina y es mayoritaria. Significa integrarla, al ritmo de las luchas combinatorias que se desencadenen en los campos múltiples que presenten los actores. La lógica de los campos se abre en estas coordenadas, haciendo más importante las “luchas” que las “clases”, como una vez dijo Foucault a unos maoístas en una entrevista célebre. Más importante los medios que los fines; más las estrategias que las metas.

El peligro es que en los campos de lucha, siguen siendo los intelectuales a un lado y a otro, los protagonistas y el riesgo de que inventen a sus jugadores. Este es el temor de G. Spivak, por ejemplo, y la recomendación de no decirle nada a los intelectuales, cuya información siempre se la intercambian, de E. Said. Ellos, los subalternos, sean quienes sean, pueden defenderse, si es eso lo que quieren, solos. Lo han hecho desde siempre y, muchas veces, no por la ayuda de los intelectuales de cualquier tipo, sino a pesar de todos ellos.

Ahora algunos intelectuales euronorteamericanos, saben que el EE. UU. y la Europa del futuro inmediato, serán mestizos, por las consecuencias de las migraciones, quiéranlo o no, los eurocentristas. S. Huntington, en una de sus últimas obras, se hace la pregunta que nos hemos hechos los mestizos desde hace dos siglos: ¿Quiénes somos? Y, como en “Unbreakeable”, esa película con Bruce Willis y Samuel Jackson, donde hasta el final se sabe quién es el villano y quién el héroe, se le puede decir a los gringos: ahora que sabemos quienes son ustedes, sabemos quiénes somos nosotros.