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Ayer el poeta Ernesto Cardenal cumplió 85 años de integridad continua, igual a los 80 años que el periodista y luchador inclaudicable, Onofre Guevara López cumplirá el ya próximo 11 de febrero. Cupo al Centro Nicaragüense de Escritores que presido, iniciar el lunes 18 de enero, Día Nacional del Escritor Nicaragüense, las jornadas de celebraciones de ambos cumpleaños, en medio del regocijo por el reconocimiento a ocho destacadas personalidades de nuestra cultura. A todo ello se suman los veinte años de existencia del Centro Nicaragüense de Escritores. A Onofre está por publicársele un libro con una selección de sus artículos, verdaderamente históricos. A Ernesto le entregamos otro libro, en cuya presentación afirmo:

Este libro es un profundo y a la vez ameno tratado sobre casi todos los aspectos del universo poético de Ernesto Cardenal. Digo casi, porque su obra continúa, y digo profundo porque leerlo es disfrutar de esa obra a través de la visión que de su cosmos nos permite un Telescopio en la noche oscura. Es un tratado colectivo e intemporal porque necesariamente fue escrito por sus autores a través del tiempo, quienes con sus observaciones y visiones recorren las diferentes etapas de la vida y obra del “profeta de barba blanca”, como lo llama José María Valverde, para de inmediato decir que “Ernesto Cardenal no es simplemente un poeta: su lectura nos cambia el mundo y nos llama a cambiar a nosotros mismos ante el mundo.” Es lo que Anthony Mansueto califica como “La visión cosmo-histórica de Ernesto Cardenal…que conduce más allá del socialismo, y aún del comunismo, hacia el surgimiento de una nueva especie, más hermosa de lo que alcanza a concebir la imaginación, y finalmente, a la consumación de un Omega, infinitamente auto-organizador.”

El título Re-Visiones, implica, digo yo, repasar uno en compañía de otros la vida en sí misma y la propia. Revisarla y re-visionarla. Pero sobre todo, lo que ha venido haciendo Ernesto en y con su vida, que es darnos una visión de Dios en todo lo existente y en todo lo posible. Ha querido ver y ha visto para que nosotros veamos. Ha contemplado y en su momento fundó en Solentiname una comunidad contemplativa, cuya principal característica espiritual fue la acción partiendo de discutir y compartir el evangelio. El acto de ver a Dios, en el cual consiste la bienaventuranza. Sea Luce López-Baralt en su prólogo a Telescopio en la noche oscura, quien mejor lo diga: “Es más fácil asumir la protesta política que la contemplación mística. Y ello va dicho sin menoscabo de una u otra dimensión de vida y de literatura, pues de ambas se ha hecho eco Cardenal. Pero lo cierto es que estamos ante al fundador de la literatura mística hispanoamericana y ante uno de los místicos cristianos más originales del siglo XX. Me atrevo a pensar que dentro de cien años recordaremos a Cardenal como poeta místico más que como poeta de compromiso social. O de compromiso social por místico, que acaso sea más adecuado.”

Una constelación de veintiocho escritores es la que en éstas páginas concurren, sin menoscabo de tantos otros que con igual capacidad y entrega han abordado éste tema universal, para trazar en el firmamento la figura de Ernesto Cardenal. Se trata de una visión armoniosa de astros que convergen a través del tiempo y de sus vidas ya vividas unos, y por vivir otros, en la Vida en el amor. Ese libro insignia que para mí representa la totalidad --principio sin fin-- de la obra de Ernesto, y que sin haber dejado de evolucionar alcanza su máxima expresión en Cántico cósmico, “el poema de Cardenal, donde se juntan poesía y ciencia, mito y realidad, caben todas las teogonías y teologías…es el único Poema de la Evolución… podría servir de fundamento científico y poético, histórico y moderno, ajustado a la vez al hombre y al Universo, para una teología católica-universal posterior a Juan XXIII”…dice en sus “Anotaciones” a Cántico cósmico, José Coronel Urtecho. Universo y Creación como sinónimos. Por eso afirmé que Cántico cósmico es culminación y continuidad de Vida en el amor. A propósito nos viene éste pequeño párrafo del prólogo de Thomas Merton a Vida en el amor: “La creación entera le enseñaría al hombre a amar, si él aceptara estas lecciones. La vida misma es amor, y si es verdaderamente vivida enseña amor. Cuando la conciencia del hombre es adulterada por el rechazo del amor, el hombre, criatura de Dios, rehace el mundo a su imagen, y hay un mundo de crueldad, codicia, odio, temor, conflicto. Cuando el hombre acepta amar y se entrega a la vida en su pureza primitiva --como un puro don de Dios-- entonces el mundo todo se ve lleno de amor.”

En definitiva, ésta es una obra unificadora de exhalaciones --estrellas pero no fugaces-- sobre la vida y obra de Ernesto Cardenal. El Centro Nicaragüense de Escritores la publica con la certeza de con ello estar contribuyendo al mejor conocimiento de nuestra literatura, de nuestra historia, y del universo que es amor y creación. Con éstas re-visiones, estoy seguro, tendremos una visión más clara y diáfana de una molécula --o si se quiere un átomo-- que brilla en el espacio proclamando el amor y la vida.

“Extremadura”, 21 de enero del 2010.