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Si por la víspera se saca el día, la operación de traspaso de Telenica Canal Ocho es saludable para el estado de la democracia en Nicaragua y en especial para la libertad de expresión y de información como derechos del pueblo nicaragüense. Como ya lo evidencia el regreso al canal de Erwing Vega con su programa de entrevistas matutinas, es de esperarse que la nueva conducción del medio adopte una política informativa más abierta y plural, cuya agenda noticiosa priorice los temas sociales y económicos, deje de atizar la confrontación y la polarización política y sobre todo, que abandone para siempre lo que ha sido hasta ahora la principal característica de ese canal: la explotación inmisericorde de la nota roja como instrumento para ganar audiencia.

Por eso no deja de llamar la atención que la única reacción en contra de la operación de traspaso haya sido la de la familia Chamorro, propietaria de los dos únicos diarios de circulación nacional en Nicaragua. Fíjense los observadores que ningún otro medio de comunicación se ha manifestado en contra de la venta del canal, algo que no tiene nada del otro mundo en esta economía de libre mercado y que además ha estado sucediendo constantemente desde que se liberó el mercado de las comunicaciones. ¿Acaso los otros grupos mediáticos como Coasa, Ratensa y el grupo del Canal Doce no han estado todos estos años comprando otras radioemisoras pequeñas y endeudadas para fortalecerse como empresas monopólicas?
Ninguna de estas operaciones ha sido afectada por el “clima de inseguridad jurídica” (?) que pregonan los que ahora nos salen con el uyuyuy de ¡Cuidado, el Orteguismo se apoderó del canal ocho! Mucho menos que alguna de estas operaciones verdaderamente monopólicas hayan sido criticadas.

Parece una paradoja: el monopolio no quiere monopolio. ¿Por qué no nos dan a los nicaragüenses una lección de la transparencia que exigen con el canal ocho y publican mañana en primera plana la lista de los propietarios y accionistas del diario La Prensa? ¿Por qué sus vecinos de El Nuevo Diario (¡atención Onofre!) no nos cuentan como está la composición accionaria actual de esta empresa periodística, que nació como una cooperativa de trabajadores que hace mucho tiempo dejaron de ser propietarios, pues vendieron sus acciones para dejarlas concentradas en unas pocas manos? ¿O es que sería bueno que sepamos quienes son los nuevos dueños del canal ocho, pero no es bueno que sepamos quienes son los dueños del monopolio de los periódicos? ¿El que habla de las peras, comérselas quiere?
Dicen los detractores de la operación de compra del canal ocho que con ella se está causando un grave daño al pueblo de Nicaragua, que cuando Briceño fundó el canal se planteó como misión “promover el periodismo profesional” y que hasta hoy el canal ocho “ha sido promotor de la libertad y del periodismo crítico”. Nada más falso.

Negocio es negocio

Yo como periodista opino exactamente lo contrario. Muchos saben que Briceño montó su canal sobre los cenizas (y los equipos) del estatal canal seis con la venia del gobierno de doña Violeta de Chamorro, y no como parte de un apostolado democrático, sino como una empresa, sin más objetivo que el de ganar dinero, lo cual hizo en todo su derecho. Por otra parte, en mi opinión Briceño pasa a la historia de la comunicación moderna en Nicaragua como el promotor del peor estilo de hacer periodismo: la nota roja televisiva, que cultivó a diestra y siniestra durante todos estos años, sin importarle las críticas de la población y con la grata complacencia de los grandes “observadores” de los medios y la comunicación.

Y tras él fueron casi todos los demás canales. Y ahí siguen todavía. ¿Cuántas honras de familias pobres han sido mancilladas por estos noticieros de nota roja?, ¿cuántas mujeres, niños y niñas violadas, víctimas de violencia intrafamiliar, cuántos pleitos vecinales azuzados por las cámaras, cuánta miseria humana ha sido puesta en desayuno, almuerzo y cena de los hogares nicaragüenses por este tipo de “periodismo profesional” que ahora defienden abierta y descaradamente los detractores del cambio de mando en el canal ocho?
Esto sin hablar de otros fenómenos que caracterizaron la era Briceño en ese canal, como la paga miserable que siempre recibieron los
--y especialmente las-- periodistas jóvenes, que como carne de cañón eran enviados desde la Facultad de Comunicación de la UCA, como material humano barato, solícito y siempre desechable. O cuando eran obligados a asistir a las “marchas blancas” para defender a capa y espada los gobiernos de Chamorro, Alemán y Bolaños.

Esperamos que en la nueva administración del canal ocho no se repitan estas lacras y que verdaderamente se estimule la realización de un periodismo más de orientación social y popular, que contribuya a darle esperanzas al pueblo y no ese que lo llena de malas noticias, sangre, dolor y anuncios apocalípticos. Un medio de comunicación que no atice la confrontación política, que promueva la paz, la unidad y la reconciliación.

Es evidente que no es eso lo que quieren los que usan los medios como armas para derrocar a un gobierno que no representa sus intereses. Pero para el pueblo común y corriente, con el traspaso de mando en el canal ocho el pueblo nicaragüense sale ganando, pues con ello se obtendrá un espectro de medios televisivos más balanceado, contrario a lo que ocurre actualmente en los periódicos, donde la independencia, el pluralismo, la objetividad y la apertura hacia todas las fuentes hace tiempo se perdió.


*Presidente de la Unión de Periodistas de Nicaragua