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BEIJING

La “Reunión de Trabajo Central sobre la Economía” de China, que abarca a los altos funcionarios gubernamentales encargados de la toma de decisiones, recientemente optó por continuar con la política fiscal y monetaria expansionista lanzada en el último trimestre de 2008. Pero también instó a un mayor énfasis en transformar el patrón de desarrollo de China y reequilibrar su estructura económica.

La medida así señaló el inicio --mucho antes que otros países-- de la “salida” de China de las políticas económicas propulsadas por la crisis. De hecho, China debería acelerar su cambio de rumbo. Si bien las políticas expansionistas han logrado asegurar una recesión en forma de V, sus efectos a mediano y largo plazo son preocupantes.

En primer lugar, la gestión de la crisis en China hizo que su patrón de crecimiento, marcado por una demanda de inversión masiva, se volviera aún más problemático. La tasa de inversión de China es extremadamente alta en comparación con otras economías importantes, y se ha estado incrementando sostenidamente desde 2001, creando primero un recalentamiento y luego un exceso de capacidad. Sin embargo, hasta la crisis financiera/económica global que comenzó en 2008, un fuerte desempeño de las exportaciones ocultó el problema del exceso de capacidad de China que, gracias al paquete de estímulo, hoy puede tornarse más serio. A decir verdad, la tasa de inversión de China puede haber superado el 50% en 2009.

En segundo lugar, el desequilibrio externo de China también puede agravarse. El comercio y las exportaciones representaban el 67% y el 37% del PBI del país, respectivamente, antes de la crisis global, pero desde entonces han caído significativamente. Y, sin embargo, la dependencia de la demanda externa sigue sin grandes cambios, aún cuando el aporte de las exportaciones netas al crecimiento del PBI se ha tornado negativo. De hecho, un agravamiento del exceso de capacidad, junto con los muchos tipos de distorsiones de precios que siguen vigentes, pueden llevar a las empresas chinas a alentar la producción para los mercados de exportaciones, como Estados Unidos, donde las tendencias proteccionistas probablemente se intensifiquen en 2010 y después.

En tercer lugar, la estabilidad financiera y la posición fiscal de China pueden deteriorarse en el mediano plazo. El gobierno, plenamente consciente del problema del exceso de capacidad, concentró el paquete de estímulo del país en la inversión en infraestructura en lugar de en nuevas fábricas. Pero la infraestructura es una inversión a largo plazo, cuyas ganancias serán menores sin una inversión complementaria en capacidad industrial. Una autopista de ocho carriles debe tener tráfico para generar peajes.

Es más, en caso de una implementación apresurada y poco supervisada, el derroche en construcción de infraestructura puede ser serio. Con una tasa de inversión del 50% y una tasa de crecimiento del PBI del 8%, la relación incremental entre capital y producción podría ser superior a 6, comparado con 4,1 en 1991-2003, lo que implica no sólo una baja eficiencia, sino también la posibilidad de un incremento significativo de préstamos con problemas de recupero.

Finalmente, la política monetaria ha sido demasiado laxa. A diferencia de Estados Unidos, China no sufrió una escasez de liquidez y una crisis crediticia durante la crisis financiera global. Por lo tanto, las bajas tasas de interés y la interferencia no mercantil, en lugar de la demanda de las empresas, alimentó un crecimiento explosivo del crédito en la primera mitad de 2009, sobrepasando el objetivo para todo el año. Si a los bancos comerciales se les hubiera permitido basar las decisiones de préstamo exclusivamente en consideraciones económicas, la oferta de crédito y monetaria habrían crecido más lentamente, limitando el riesgo de crecientes proporciones de créditos morosos, de una reforma empresaria estancada, de presión inflacionaria y del resurgimiento de burbujas de activos a medida que el exceso de liquidez penetra en los mercados de acciones y bienes raíces.

Por cierto, los precios de la vivienda en China se han disparado en los últimos meses. El gobierno fue demasiado generoso a la hora de ayudar a revivir la demanda de bienes raíces y, abrumado por el temor del impacto negativo de la caída de los precios de los activos en el crecimiento económico, ha sido demasiado cauteloso en el tratamiento de las burbujas cuando reaparecieron. Con un sector inmobiliario que representa el 10% del PBI y una inversión en desarrollo de bienes raíces que asciende al 25% de la inversión fija total, cualquier decisión para frenar una corrida de los precios inmobiliarios será difícil.

En resumen, el impacto negativo de las medidas de gestión de crisis del gobierno chino en el crecimiento a largo plazo de China puede ser serio si las autoridades no logran enfrentar abiertamente los problemas estructurales de la economía. Pero también vale la pena mencionar que el gobierno es plenamente consciente de los problemas, y ha comenzado a tomar medidas para volver a colocar el ajuste estructural entre los primeros tópicos de la agenda política.

En 2010, por ejemplo, el gobierno tal vez intente estimular el consumo interno haciendo que la distribución de ingresos le resulte más favorable al sector de las familias en relación al sector empresario, y ofreciendo más bienes públicos para reducir los ahorros preventivos de los hogares. En rigor de verdad, sin una distribución de ingresos más equitativa, el discurso oficial de crear una “sociedad armoniosa” sonará vacío. Es más, el gobierno debería seguir eliminando las distorsiones de precios creando mecanismos más flexibles, incluso para el tipo de cambio.

El objetivo del gobierno debería ser lograr no sólo revivir la economía, sino también revertir el deterioro de los problemas estructurales de China, sentando así un cimiento sólido para el crecimiento económico en el futuro. En este sentido, los chinos tienen buenos motivos para ser optimistas, ya que su país ha desafiado las predicciones de un deceso económico en varias ocasiones en las últimas tres décadas.


Yu Yongding fue miembro del comité de política monetaria del Banco Popular de China, director del Instituto de Economía y Política Mundial de la Academia de Ciencias de China y presidente de la Sociedad de Economía Mundial de China.


Copyright: Project Syndicate, 2010.

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