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Nunca imaginé que alguien me sometería al escarnio de desnudarme en público. Por naturaleza soy desaprensivo. Si no lo fuese jamás publicaría poemas eróticos donde mis amigos más cercanos dicen verme retratado. Tu correo me produjo al comienzo risas. Me carcajeé y supuse que te escondías detrás de un seudónimo. Me dije, se trata de una muchacha desinhibida o uno de mis amigos perversos, conocedor de mis grandes pasiones. La única manera de despejar la incógnita era marcar el teléfono que aparecía al pie de tu nombre. Ni cuando escuché tu voz me di por satisfecho. Como te expliqué, a eso se debe que quiera conocerte. ¿Existes o no existes? Nos vemos en La casa del café a las seis de la tarde, ¿te parece? Estaré puntual.

¿Para qué acepté que nos viéramos? A lo mejor llega uno de mis amigos y me dice, ¡hombrecito engreído! ¿Quién te crees que eres? ¿Un artista consagrado a quien una mujer cita para pedirle su autógrafo? Rothschuh, ¡crecé, huevoncitó! Sos un majadero. ¿A estas alturas de la vida todavía crees en citas a ciegas? ¡En que lío me he metido! ¡Está bien que me pase por atolondrado! Debí leer el correo y luego olvidarlo. ¡La curiosidad mató al gato! Nada te obliga a ir. Puedes hacer lo mismo que le hiciste a la Haydeé, que la dejaste plantada cuando te pidió la primera vez que se vieran en Cinemark y no fuiste. Si ella llega y no te encuentra te hablará por teléfono y le pides excusas. No te parece lógico. ¿Ir o no ir? ¡He ahí el dilema!

Si se trata de una broma. ¡A vos que te importa! ¿Recuerdas lo que dijo Bustrofedón en Los tres tristes tigres? Levantó en su descapotable a una beldad que se abrió la blusa y le mostró la resolana de sus pechos. Creyendo que ya era suya al bajarse frente al Night Club, ella besó en la boca a la muchacha que le esperaba. Sintiéndose perdido exclamó, ¡y qué es para un tigre apuntarse una raya más! Mi cita no es amorosa. No me vengas con cuentos. Estás pensando llevarla a la cama si resulta bonita. Eso te pierde. Todo lo erotizas. ¿Entonces por qué querés ir? No me digás que únicamente lo haces para saciar tu curiosidad. Tiene mucho encanto que una mujer quiera conocer cuál de tus pasiones prevalece frente a las otras. Vos mismo me lo has preguntado en diversos momentos. ¿No crees que te esté brindando el estímulo para saberlo? ¡Saber o no saber!, esa es la cuestión. ¿Saber si se trata de una mujer o de alguien que desea divertirse conmigo?

Yo de vos no me privaría de ir. La caza del amor es caza de altanería. Lo recuerdas. Esa siempre ha sido tu divisa. ¡Quién se atreve con garza guerrera peligros espera! En estos versos están contenidas las claves para saber de antemano que a Santiago Nasar se lo llevaría la mierda. Estás griego. Muy trágico. ¿Vas a dar la espalda a tu lema favorito? Los amantes reinciden, me has dicho cada vez que tropiezo. Eso no implica dejar de ser cauteloso. ¿Cauteloso en cuestiones de faldas? Andá y sentate en una mesa al fondo. Llegá antes. Si se trata de algo meramente que roza con tus pasiones, no podes dejar ahora de ser apasionado. Si es fea no tiene porqué importarte. Te la quitas de encima de la misma manera que hiciste en Francia. Pichardo era un ingenuo. Me hizo atravesar todo París en tren, para luego presentarme a unas gorditas. Pero lo abandonaste a su suerte en el Barrio Latino inventando una reunión con el Embajador Serrano Caldera. Siempre lo recuerdo.

¿Ya se te olvidó que no puede ser ella, sino ellos? ¡No! De ninguna manera. Aquí lo que hay es gata encerrada. Encelada, querés decirme. Entonces vale la pena. ¿No será mejor confesarme en público? No te entiendo. Tengo dos maneras de responderle. Una a través del correo y la otra ¿frente a ella? ¡No! Eso es lo que trato de obviar. ¿No me vas a decir que le tienes miedo? Veo que no has entendido nada. No tengo problemas en responder a sus preguntas. Son de una mujer inteligente. ¿Por qué no un hombre? Los hombres carecemos de la agudeza femenina. Sigo creyendo que son más inteligentes que nosotros. Tanto que pueden engañarnos sin darnos cuenta. Vos salís con alguien y se enteran de inmediato. A nosotros nos lleva tiempo descubrir sus infidelidades. Estás equivocado son más fieles que nosotros. Soy machista.

¿Entonces qué vas hacer? Muy sencillo. Vargas Llosa sostiene que escribir es un acto de striptease nada más que a la inversa. ¿Dónde apunta eso? En la Historia secreta de una novela cuenta cómo escribió La casa verde. En el proceso de escritura el creador al final queda vestido. ¿Eso que tiene que ver con tu cita? ¡Te vas a desnudar frente a ella! Eso vengo haciendo desde hace rato. Con esto salvo dos preocupaciones. Evito la vergüenza de encontrarme con algún bellaco, que sonriente me dirá, “Sos incorregible. Seguís comportándote como un niño”. Pero si vos mismo decís que las preguntas acusan un olor a faldas que nadie se la quita. ¿Y si fueron hechas a petición de algún amigo que desea jugarme una mala pasada? Ahora vos sos el machista. El humor empieza por casa. Eso fue lo que más me gustó de Un baile de máscaras. Sergio es un cabrón bien hecho. Celebra su nacimiento riéndose hasta lo insufrible de su familia. En eso radica su autenticidad.

Si se aparece algún huevón tenés que celebrarlo. Al final te jodió. Tuvo la audacia de escribirte y luego citarte a un lugar público para hacer mofa con vos. ¿Cómo se llama ella? Me hizo prometerle que jamás revelaría su nombre. Mientras ella se parapeta en el anonimato, a vos te expone a luz del atardecer. La penumbra amortiguará el golpe, ¿no crees? No sé porque estás sufriendo. Existe una manera de saber quién es. Dale el número telefónico a algún policía al que diste clases en la Academia Walter Mendoza y que el resuelva tu angustia. No querés que le pida mejor el favor a doña Sofía o al Inspector Morales. No estaría mal. El cielo llora por vos. De esa manera acabas de una vez con esa pendejada. Te estoy viendo maricón. En una situación como esta uno se crece no se acochona. No me has dejado plantearte la otra salida. La encuentro más a tono con la naturaleza de sus indagaciones.

Sea quien sea creo que debes darle una lección. Empezá diciendo que te escribió la joven... con el propósito de saber... Pero no me has dicho qué es lo que quiere saber. Veo que no estás poniendo atención. Te lo dije desde el comienzo. Su nombre no te lo diré. Pareces periodista. Prometiste no revelar el nombre de la fuente y vas a cumplirlo hasta el final. ¿Qué te hace pensar que puede tratarse de uno de tus amigos? Decís que son tan pocos que se cuentan con los dedos de las manos. ¿Será Edgard? No creo. ¿Carlos Fernando? Nunca. ¿Alfonso? Menos. ¿Kiko? Podría ser. Tan seriecito que se ve. Tiene un humor de la gran puta. Detrás de esa formalidad se esconde un verdadero Cronopios. No los falsos desdeñados por Cortázar que aparecen ahora en Papeles inesperados. Se cagaron en Julio. La Bernárdez hizo lo mismo que la Matilde Urrutia. Editaron ripios, textos que ellos jamás hubiesen publicados. Para nacer he nacido Matilde los sacó de un cajón olvidado por el poeta.

Con justa razón García Márquez incineró los cuadernos que empleó para auxiliarse en su creación más prodigiosa. Alegó que los recursos de utilería que le sirvieron para la fundación del reino de Macondo y la ilustre familia de los Buendía, no eran para conocerse. Los hubiese subastado para ganarse unos dólares. Eso es lo que pretendían la Bernárdez y la Urrutia. Malas, pésimas albaceas. Con tal de ganarse unos realitos exponen al escarnio a Cortázar y Neruda. ¿A que obedece su interés de saber cuál de las pasiones te arrastra y seduce frente a las otras? ¿Qué logra con conocer el lugar ocupan en tu vida la literatura, la escritura, la docencia y los amores enfebrecidos? Soltero como estás, ¿no será que quiere casarse con vos? ¡Solo sos verga! En verdad son una revoltura que nunca he podido
jerarquizar como ella pretende. Escribo, leo, doy clases y hago el amor con idéntico arrebato.

Alterno mis pasiones como los tahúres barajan sus cartas. Aunque ha habido momentos en que la pasión del amor me ha hecho olvidarme de todo. Hay épocas que me he entregado a ellas por entero. Lo que jamás lograré es casamentarme con solo una de ellas como lo pretendieron mis antiguas mujeres. Mis relaciones siempre han sido adúlteras. Paso de una a otra pasión, cuando me sumerjo en la lectura, escribo al margen de los libros y lo aprendido sirve de sustento para impartir mis clases. Al terminar de escribir un poema o un ensayo, me gusta leérselos en la cama, porque jamás he tenido mejores críticos que mis amigas, sinceras en sus decires e intensas en sus entregas. La reflexión apenas empieza. Ya veré mañana si acudo o no a la cita o veo de qué manera respondo a su inquietud.