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El origen histórico de los términos “derecha “ e “izquierda” se remonta al contexto de la Revolución Francesa, donde los moderados y liberales Girondinos se sentaban en la Asamblea Nacional del lado derecho, y los extremistas Jacobinos a la izquierda. Los derechistas Girondinos fueron quienes llevaron adelante la revolución liberal, aboliendo los privilegios de la nobleza, y estableciendo la igualdad ante la ley, mientras que fue el ascenso al poder de los izquierdistas Jacobinos lo que terminó con el “período liberal” de la Revolución Francesa (1791-1793) dando comienzo al “Reino del Terror” bajo la siniestra figura de Robespierre.

Partiendo de esta premisa histórica como antecedente básico que justifique de algún modo el origen de la existencia del Totalitarismo como contraparte del ejercicio del gobierno fundado en el derecho y la razón, nos encontramos con el hecho de que los izquierdistas Jacobinos al manifestar lo que a su entender debía ser el ejercicio del poder, es decir, que sobre la base del extremismo, el Maniqueísmo y la represión, se fortalecería la revolución con el objeto de lograr el control total del Estado y la Nación, se constituyeron en la raíz ontológica del Totalitarismo y sus ideologías derivadas: El Fascismo y el Marxismo.

Ambas ideologías, hijas del mismo padre, han estado estrechamente ligadas por su finalidad de mediante el terror y la tiranía alcanzar el control total del Estado y de la sociedad. Por lo tanto, toda clasificación de las ideologías del siglo XX debe poner las totalitarias, como el Marxismo y sus derivadas, Fascismo y Nazismo en la izquierda junto a sus precursores Jacobinos, y al Liberalismo, legítimo heredero de los Girondinos, a la derecha.

Benito Mussolini, fundador del Fascismo Italiano (1883-1944), fue antes de la Primera Guerra Mundial un eminente ideólogo Marxista, destacado periodista y promotor de las reivindicaciones obreras frente al capital, cuya ascendencia le ganó el sobrenombre de “Duce”, es decir, líder o Caudillo. En 1915 fue expulsado del Partido Socialista Italiano por apoyar la participación de Italia en la guerra; a partir de ese momento, Mussolini experimenta un giro, no en su plataforma ideológica, sino en la expresión material de esta en razón de la coyuntura histórica, pasando del axioma Marxista de “promoción de la lucha de clases” a la necesidad estratégica de sostener la “armonía social”, para efectos de que a través de la legitimación de todos los sectores sociales, se afiance el control total del Estado sobre todos ellos.

De acuerdo con su nueva ideología, estos debían organizarse en corporaciones o uniones, (fasci en italiano) representadas en el gobierno: Los zapateros representados por zapateros y los ingenieros por ingenieros. En opinión de Mussolini, ello sería una auténtica democracia basada en “la auténtica representación del pueblo”, y por lo tanto mucho mejor que la falsa democracia liberal.

Según los exponentes teóricos del Corporativismo, todos los representantes del pueblo pertenecen a una elite de políticos de origen burgués; la justicia social en el régimen corporativo sería lograda mediante negociaciones entre representantes de los empleados y los empleadores, bajo la supervisión del Estado, o bien, a través de mecanismos de gestión ejecutiva sectorial mediante la puesta en marcha de Consejos Ciudadanos organizados ya sea por gremios, o por representantes del partido revestidos de autoridad local sobre circunscripciones territoriales, que como órganos paraestatales coadyuven en la satisfacción de las necesidades de sus habitantes bajo la condición de su subordinación a las políticas del Estado y del partido; esto, en los lineamientos ideológicos de la doctrina fascista, se conoció como “Democracia Directa”, en contraposición al modelo liberal burgués de la democracia representativa.

El problema de todas las ideologías totalitarias, tanto la marxista como la fascista es la concepción de que el ciudadano es un pupilo necesitado de protección y bienestar por parte del gobierno, y por ende, para que éste pueda recibir dicha protección, debe insertarse a la masa, como componente numérico integrante de la colectividad tutelada por el Estado paternal, pero carente de iniciativa individual, es decir, carente de libertad; como en sentido contrario se manifiesta la concepción ideológica del liberalismo.

Ciertamente, la libertad tiene su precio: el riesgo, mientras que la búsqueda de la seguridad conduce a la sumisión (Erich Fromm:“El miedo a la Libertad).Sin embargo, la historia nos ha enseñado con relación al fenómeno del Totalitarismo Marxista y Fascista, que aquellos que prefieren la seguridad a la libertad, pierden ambas.

*Abogado y Notario Público

Máster en Alta Gerencia de la Administración Pública