•  |
  •  |
  • END

La mayoría, acostumbrada a escuchar repetidamente el sonsonete esteriotipado de Haití es el país más pobre de América, jamás podrá imaginarse que era la colonia más importante de las Antillas, el emporio más apetecido del mundo colonial de entonces. No existía en las otras islas del Caribe, colonos más ricos, negocios más activos y haciendas más hermosas como los de Haití.

Se cuenta que su actividad era más floreciente que los mismos puertos franceses y que superaba al mismo Marsella; actividad frenética en donde más de 1500 buques al año, arrimaban a la isla, para mantener todo un comercio y una industria destinada al procesamiento del azúcar, del ron y del brandy. Todo el chocolate que se consumía en Francia provenía del cacao de Haití; todo el café que se consumía en Francia provenía de Haití así como el algodón con que producían los telares franceses.

Eran gente satisfecha, orgullosa de su industria y de la belleza y prosperidad de su isla; eran 30.000 colonizadores en un mundo de medio millón de negros esclavos, a quienes con el látigo en la mano impusieron su casta y dominio. Crearon sus propios códigos de conducta en donde por faltas menores enterraban a los negros, dejándoles afuera la cabeza, embarrándolos con miel para ser devorados por las hormigas.

Pero en los montes de Haití resonaba el tambor del Vodú, que fue el primer himno a la libertad, un himno feroz, en donde Dios clama venganza; aparece en escena el negro Toussaint; de grupo en grupo los esclavos llevan silenciosamente el mensaje del Vodú, como sombras silenciosas, las antorchas se pintan de sangre y el grito retumba al unísono: antes morir que ser esclavos.

Y aquí se marcó el destino de Haití, Toussaint refuerza las contradicciones con los demás países colonialistas de la Antillas, que en su momento lo representaba, la preponderante Inglaterra y la decadente España.

Y a pesar de que todo el poder del mundo se vuelca contra el negro Toussaint, éste le infringe a Inglaterra, la más grande derrota que se conoce de las fuerzas expedicionarias, desde los días de la reina Isabel. Se calcula que Inglaterra sacrifica más de 80.000 hombres en esta lucha sin cuartel.

Derrota también en Santo Domingo a la decadente España, que aun se resistía con el comercio de esclavos, le gana al español sin mayores esfuerzos y mediante una capitulación caballerosa, Toussaint, entra a gobernar la isla de una punta a la otra.

Crea su propia constitución, sus propias leyes y solicita su aprobación de la metrópoli francesa; pero se tropieza con el orgullo napoleónico, que no perdona tal osadía a un negro esclavo. Y Napoleón prepara una de las expediciones más grandes de su vida, con una magnitud y una envergadura de mayor talante que preparó contra Egipto, en donde Francia, España y Holanda fueron sus aliados potenciales.

Después de cruentas luchas, en las que los haitianos preferían quemar las ciudades y huir a los montes, Francia y el general francés Lecler (cuñado de Napoleón), fueron sometidos a denigrantes derrotas.

Posteriormente, Haití siguió constituyendo un foco de dignidad revolucionaria y antiesclavista y por sus tierras y montes desfilaron Francisco de Miranda y el mismo Bolívar, quien fue acogido y apoyado cuando más necesitaba en su lucha de independencia. Lo único que Haití le condicionó al libertador fue la libertad de los esclavos de Venezuela.

Napoleón renunció a Haití de la misma forma que renunció, mediante venta, de su colonia de Luisiana; pero la suerte de Haití, estaba echada. Jamás se le perdonó su justa rebeldía y con el tiempo se lo hicieron pagar con creces los nuevos colonizadores de América. Y por eso Haití, es por hoy, el país más pobre de América.

La Naturaleza, parece que también, hoy se ha ensañado en contra de este pueblo digno y valeroso, a quien la comunidad internacional peyorativiza como un pueblo de brujos y negros.