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El jueves 14 de enero, en horas de la noche, el oficialista Canal 4 de Televisión, trasmitió una comparecencia del Presidente de la República Daniel Ortega Saavedra, quien estuvo flanqueado por los representantes de la Banca Privada de este país, Banco de la Producción (Banpro), Banco Centroamericano (Bancentro), Banco de América Central (BAC), Banco de Finanzas (BDF). En la reunión participaron el Superintendente de Bancos, Roberto López, Presidente del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), Bayardo Arce Castaño, Rosario Murillo Zambrana y otros connotados funcionarios de este gobierno. Los que pudieron sintonizar el canal, observaron el ambiente en que se desarrolló la actividad, todo fue fraternidad, camaradería y compañerismo, los concurrentes se lanzaban flores y expresiones de cariño de afecto y mucho amor.

En la actividad, Ortega dio a conocer un pacto o acuerdo rubricado entre el Gobierno y la Banca Privada, a través del cual el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), sacará de sus arcas recursos económicos hasta por la suma de 45 millones de dólares, dinero que será entregado a los banqueros privados, con lo cual se financiará la construcción de viviendas de interés social para los trabajadores. Las viviendas tendrán un costo máximo de 30 mil dólares, pagaderos a un plazo de 15 a 20 años, con un interés anual del 8%. El requisito para ser beneficiado con el proyecto de viviendas, será que la persona tenga un trabajo permanente en los últimos siete años.

Los banqueros en la actividad reflejaban rostros brillantes y relucientes, todo era satisfacción y de felicidad, ese estado de ánimo no era para menos, pues los banqueros estaban suscribiendo un negocio redondo, el gobierno en bandeja de plata les va a entregar 45 millones de dólares, sin que los bancos se saquen de sus bolsillos un solo centavo. Los banqueros en el negocio de la construcción de viviendas sacarán la tajada de león, pues los dueños del dinero (los asegurados) además de entregar su dinero, una vez otorgado el crédito, pagarán un interés anual. Con esa decisión Daniel Ortega, está siguiendo los mismos pasos del gobierno de Arnoldo Alemán (1997-2001), que se caracterizó por usar los recursos del INSS, como fondo de caja chica, con propósitos politiqueros.

Aún no salgo de mi asombro como en este país, algunos sectores sociales no se quieren quitar la venda de los ojos. Muchos están ciegos totalmente, en especial los trabajadores, los desempleados, la gente más humilde, los que se encuentra en la pobreza y en la extrema pobreza, estos continúan creyendo en los cantos de sirena de Daniel Ortega. Piensan que Ortega sigue siendo un dirigente de izquierda, con tendencias socialista, cuando el gobernante con sus actuaciones en materia económica, demuestra todo lo contrario. La vieja y tradicional oligarquía de este país y la naciente oligarquía financiera se han unido en una sola cruzada para seguir chupando la sangre al pueblo de Nicaragua. La nueva oligarquía encabezada y representada por Daniel Ortega, se une con la tradicional oligarquía, hacen grandes negocios a costillas de los recursos económicos de los trabajadores, se distribuyen olímpicamente dinero que no les pertenece, lo que de acuerdo a la ley del INSS, ese dinero tiene un destinatario final, la jubilación digna y decorosa de los trabajadores asegurados.

El nuevo millonario de este país es don Daniel Ortega. El ex Alcalde de Managua, Dionisio Marenco, en sendo reportajes brindados al END, manifestó que los recursos de la ayuda Venezolana que maneja en forma privada el Presidente de la República, sobrepasa todos los recursos financieros que tienen todos los bancos privados que hay en este país. De manera que el gobernante de turno desplazó del primer lugar al señor Carlos Pellas, éste pasó a un triste segundo plano como empresario exitoso, pues la Familia Ortega Murillo es la que se destaca en todos los negocios. La nueva clase pudiente son socios mayoritarios en toda las esferas de la economía nacional, tienen inversiones en la generación y distribución de la energía eléctrica; transporte público urbano; negocios de inversión turística; manejan instituciones financieras (Alba Caruna); son dueños de los canales de televisión Canal 4 y 8; participan en las exportaciones e importaciones de materias primas (derivados del Petróleo y Otros); manejan empresas de construcción, las que ejecutan proyectos horizontales y verticales (carreteras y viviendas); en fin el emporio económico de la familia Ortega-Murillo, se aproxima cada vez más a la inmensa fortuna que acumulara por la familia Somoza durante 45 años de dictadura.

Esta segunda etapa de la “revolución” se diferencia abismalmente con la primera, de 1979 a 1990, en la cual ciertamente se trabajó duro, aún en medio de una guerra, se hicieron esfuerzos importantes por llevar al pueblo humilde salud, educación y trabajo. Los nueve comandantes de la Revolución en los ochenta no eran millonarios ni tenían negocios de petrodólares, no se codeaban ni confraternizaban con la oligarquía financiera nacional. En ese entonces no interesaba para nada quedar bien o sacar buenas notas con las recetas del FMI, BID y BM. En la década de los ochenta en medio de grandes limitaciones, el embargo económico y la guerra, los trabajadores gozaban de una cierta protección social por parte del gobierno. Pero como Daniel Ortega, Bayardo Arce, Tomás Borge, Rosario Murillo, Gustavo Porras y otros dizque “revolucionarios”, haciendo uso de una fraseología izquierdista, valiéndose del populismo y la demagogia política, con el discurso de proclamarse auto defensores de los intereses de los pobres, se dicen de palabra enemigos enconados de los explotadores capitalistas. Con ese mensaje burdo han embaucado a un segmento de la población (ahora es mucho menos del 38%), para lograr posiciones de poder, lo cual les ha permitido acumular una inmensa fortuna y convertirse en los nuevos millonarios en esta empobrecida nación.

Bajo su nuevo status de ricos empresarios, la naciente oligarquía, que se dice “revolucionaria”, se preocupa profundamente por mantener estable la macroeconomía; que el Córdoba no se devalúe; que la economía no se descarrile de los programas y de las recetas del FMI, y si es posible sobrecumplir las metas; que la inflación se mantenga en menos de un dígito, aunque el sacrificio lo tenga que pagar la inmensa mayoría del pueblo. Daniel Ortega, como Presidente de la República, está trabajando eficientemente en función de velar por los intereses de una oligarquía financiera, pero no trabaja en función de la inmensa mayoría de la población. En definitiva, lo que Ortega está defendiendo desde el gobierno son sus propios intereses, clase de oligarca y de millonario en que se ha transformado. Ahora bien, no es ni constituye delito el que una persona de origen humilde aspire en este país a convertirse en un día lejano en un exitoso empresario, como todo el tiempo han sido la familia Pellas.

Lo indigno, lo repugnante, lo condenable y reprochable es que los nuevos oligarcas de esta nación, los Ortega y compañía, hagan uso de un discurso demagógico, diciéndole a los pobres y tontos trabajadores de Nicaragua, que ellos son revolucionarios, que su lucha es por el pueblo y por los más desposeídos de esta nación. Ese discurso hipócrita contrasta con la realidad social y económica en que viven los trabajadores. Mientras los nuevos ricos y millonarios se dan la gran vida a costillas del pueblo, se reúnen, se ponen de acuerdo con la tradicional y rancia aristocracia financiera para hacer sus grandes bisnes, para aumentar su poder económico, la sufrida población se ve sometida a un brutal desempleo, disminuyen los servicios de salud y educación, el desempleo aumenta, los pocos que logran encontrar un empleo no pueden con el sueldo que les pagan el Estado y los empresarios privados, cubrir el equivalente a una canasta básica mínima que oscila en estos momentos en más de 10 mil córdobas. Los falsos revolucionarios del FSLN, deberían hacer a un lado su verborrea revolucionaria, su demagogia política, pues la máscara de luchadores sociales definitivamente se les cayó. Quedaron al descubierto y completamente desnudos, por causa y culpa de los millones de dólares que ostentan y por las grandes empresas y negocios que tienen en todo el país. Ya es tiempo de que se quiten esa máscara de que son representante de los pobres, y asuman su verdadera personalidad e imagen de capitalistas salvajes, se declaren sin ambages partidarios del libre mercado, de que son socios y hermanos de la clase de los empresarios aglutinados en el Cosep, pero por favor no sigan ante el pueblo trabajador, diciendo que son defensores de la clase trabajadora. Señor Daniel Ortega, pare ya su discurso populista y demagógico de “Arriba los Pobres del Mundo”, cámbielo por otro que diga por ejemplo “Arriba los Capitalista del Mundo”.

*Abogado y Notario Público