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El camino para que Nicaragua vuelva a ser República es largo y tenebroso. Lleno de hoyos profundos, maleza, pedruscos, morterazos, calumnias, amenazas de juicios amañados y cárcel, rajadas de cabezas, turbas integradas por maras y pandilleros seguidores de los pandilleros mayores, y fangales o ciénagas de aguas putrefactas servidas en los asquerosos combos que los dos partidos y sus alianzas le ofrecen al pueblo. Pistoleros con sus armas dotadas de silenciadores asechan cada palabra para silenciarla. Pero la decisión de Carlos Fernando Chamorro, anunciada el domingo pasado, de no caer en la trampa de la feria de las libertades conculcadas, es un campanazo más de alerta, para que tampoco nuestro pueblo y nuestra sociedad caigan en la farsa de prestarse a simular una democracia inexistente. En esta dictadura ya no existen libertades de expresión ni reunión, por eso actitudes como la mencionada demuestran que entre todos podemos hacer camino al andar, sin tener que contagiarnos de la incurable peste de los políticos tradicionales. Todos sabemos que, tal y como lo expuso Carlos Fernando en el inventario de la ignominia, el récord de Daniel Ortega en materia de libertad de expresión durante sus tres años como gobernante, salta a la vista: “Secretismo en el manejo de la información pública y violación sistemática a la Ley de Acceso a la Información Pública. Agresiones verbales y físicas contra los periodistas independientes. El chantaje y la manipulación con la publicidad estatal. El condicionamiento de las licencias de radio y televisión que se les venció el plazo. Las presiones económicas a los periódicos utilizando el sistema tributario y las aduanas. La promoción de juicios por injurias y calumnias contra periodistas.” ¿Harían falta más argumentos para no quedarse en el Canal 8, haciéndole el juego a Daniel Ortega?

Desde hace tres años la “libertad de prensa” en este régimen totalitario y dinástico, es patrimonio de un sector del periodismo que le rinde pleitesía con sumisión y servilismo. Se deben en cuerpo y alma al “pueblo presidente” que representa la cúpula en el poder. La misma cúpula que hace uso discrecional del dinero del pueblo que no es presidente, proveniente de Albanisa o del pueblo venezolano, para quedarse en los bolsillos monárquicos, permitiéndoles comprarse un canal de televisión con la intención de montar el imposible teatro de una libertad inexistente, y digo imposible porque la libertad nunca ha sido ni será un teatro para satisfacer los deseos de los tiranos. La hora de rechazar el caudillismo con sus dos paralelas históricas, y cuantos en ellas converjan, ha llegado. Allá quienes se queden jugando a diputados, jueces y magistrados como si los fueran de verdad. Y allá los partidos que quieran vender una imagen de opositores, mientras continúan en un pacto que ya tiene más de circo, hasta con palabras altisonantes cruzadas entre los dos caudillos y sus secuaces, cuando ya a estas alturas nadie se engaña y todos sabemos que la lucha está planteada contra la corrupción y la impostura que ellos representan por igual. Ahí donde no hay ni podrá haber ética ni moral jamás, que se queden todos ellos, junto con los ladrones de Tola y sus respectivos asesores políticos y económicos, mientras el caudillo de los robos originales engorda hasta la impotencia, alimentado por el caudillo de todos los totalitarismos. Que se queden en el basurero de la historia, porque es justo, profiláctico y necesario ir sin ellos hacia la ansiada meta de hacer de esta Nicaragua, hoy sometida al totalitarismo y la corrupción, una República en todo el esplendor que tiene esta palabra cuando es pronunciada por labios de patriotas.

Cuando sus asesinos confirmaron a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal como Mártir de las Libertades Públicas, poniéndole alas a su inmortalidad, no nos imaginamos que aquellos Somoza y somocistas del magnicidio, reencarnarían 42 años después en quienes hoy persiguen precisamente esas Libertades Públicas por las que Pedro dio su vida. Todavía ignoran que las Libertades Públicas son aquellas que nos permiten evolucionar cívica y democráticamente, de auténticos seres humanos a ciudadanos ejemplares, con impostergables deberes cuando a la Patria se le quiere arrebatar su libertad, y con derechos inalienables como los de pensar, opinar, asociarnos libremente y reunirnos en aras del bien común. Es la libertad que se define como la posibilidad absoluta, como el acto que tiene su fundamento en sí mismo y, por ello contraria a todo totalitarismo. Si se reprime al que opina, qué podrá esperarse que pase con el que pretenda ejercer alguna de las otras garantías esenciales? Los monarcas no tienen capacidad para el debate, y al hacer sus proyectos para perpetuarse en el poder, los asusta la libertad por la que en un momento que ya olvidaron dijeron luchar. Trabajan en secreto, rodeados de asesores con silenciadores. De momento, en ese arduo camino que nos queda por recorrer desde esta monarquía hasta que Nicaragua vuelva a ser República, el Mártir de las Libertades Públicas ha ganado otra batalla con la lección ética y moral con que nos acaba de infundir esperanza y determinación, en su nombre, su hijo Carlos Fernando.

luisrochaurtecho@yahoo.com
“Extremadura”, 28 de enero de 2010