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En estos días ha habido mucho alboroto, medio justificado, en los medios por el inminente peligro de que el país pierda a muy corto plazo lo poco que se le quedó de bosque tropical, la Reserva de Biosfera Bosawás. Digo medio justificado, pues la destrucción de la zona de amortiguamiento, su deforestación para facilitar la ganadería extensa y extensiva del 2000 por adelante no era secreto para nadie. Tampoco la situación más que precaria -en alimentación, educación y salud- de los Mayangnas ha sido un secreto de Estado, sino se ha venido tematizando periódicamente.

No justificado, más bien bastante hipócrita, si se ha tomado nota de las noticias económicas de los medios impresos y televisivos -los mismos que hoy aparentemente promueven un frente de defensa de Bosawás- cuando alabaron el incremento sustantivo en las exportaciones ganaderas y lácteas del país. ¿Cómo si no por medio de la expansión territorial pudo darse tal incremento, si no hubo ni el más mínimo incremento en los indicadores de reproducción y producción ganadera en el mismo periodo? Visto así, la destrucción de la zona de amortiguamiento y la inminente destrucción de la reserva misma, es sólo el precio a pagar por la expansión de la ganadería extensiva.

En este contexto no sé si me debe dar risa o rabia, leyendo que personas e instituciones “bien intencionadas” ahora apuestan a campañas de concienciación y educación ambiental por medio de mini-proyectos en particular para jóvenes Mayangnas, mientras al mismo tiempo la UCA está graduando a los últimos Ingenieros en Medioambiente y Sistemas de Agroproducción, carreras ya cerradas por falta de demanda estudiantil. O sea se pretende elevar la conciencia de los que durante siglos convivieron con el bosque sin destruirlo mientras al mismo tiempo como país se renuncia a desarrollar y promover las ciencias y las tecnologías indispensables, si se quisiera, profesionalizando al agro, de verdad frenar la destrucción por la agricultura extensiva. ¡Más hipócrita no hay!

El problema Bosawás muestra como bajo lupa un problema de fondo del país: no hay concertación ni cohesión, ni entre actores y grupos interesados, ni entre objetivos y acciones para el desarrollo. A la vez no obstante se presenta una oportunidad para iniciar a hacerlo en forma diferente.

En ese sentido un comité/consejo “Salvemos a Bosawás”, de la Sociedad Civil, debería contar no solamente con la presencia de ecologistas, representantes de los afectados Mayangnas y ONG sino con la participación activa de Conagán -la Comisión Nacional de Ganadería-, de UNAG y Upanic más la participación de los brazos promotores de la banca nacional que empujan la Ganadería -Fundación del desarrollo empresarial del Grupo Pellas y Lafise-AGRO-, más las empresas procesadoras y exportadoras de ganado y lácteos, pues sin atacar el problema en sus raíces no habrá solución nunca. De ejemplo si la banca y las empresas sólo implementarían co-requisitos ecológicos mínimos para créditos ganaderos respectivamente la compra de productos ganaderos, rápidamente la deforestación para expandir la ganadería extensiva dejaría ser una opción económicamente interesante.

Si se suman las universidades aún vinculadas con el desarrollo rural y por ende las instancias públicas mejor aún, pero a la inversa sólo con activismo entre ecologistas, afectados y ONG más parte de los sectores público y académico no se va a llegar a ningún lugar. Otros países ya están practicando este tipo de criterios complementarios, de las futuras exigencias de países importadores como los EU. y la Unión Europea en el contexto de las políticas para enfrentar el cambio climático ni hablar.

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