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Los rezagos educativos a los que Nicaragua desde 1979 se comprometió enfrentar con un 7% del PIB en el 2000, llevan ya diez años de grave incumplimiento. Por mucho que miremos buenas políticas y estrategias educativas en marcha, sin la disponibilidad de recursos al sistema educativo no se podrán construir y habilitar las instalaciones de pre-escolares, escuelas, institutos y universidades; tampoco se podrá invertir en la calidad de personal docente, técnico y directivo competente y con vocación; ni en estrategias educativas que aceleren los impactos en los ámbitos del bienestar y el desarrollo nacional.

Esto hace mucho más necesario que el país se ponga en estado de educación. Entender y asumir que todos tenemos un rol educativo en la sociedad. Esta responsabilidad no es sólo de las instituciones tradicionalmente educativas como las escuelas, los institutos, las universidades, las familias, las iglesias y organizaciones no gubernamentales que trabajan en educación. Todos los sectores juegan un rol educativo y las instituciones educativas gubernamentales (Ministerio de Educación, INATEC, Universidades Públicas y Privadas) son coordinadoras de las acciones educativas formales y no formales de los diferentes sectores.

Consensuar la educación como prioridad nacional empieza porque cada quien asuma una responsabilidad en este estado de educación. A continuación algunas razones de porqué los sectores no sólo pueden, sino deben y necesitan participar activamente en la educación, y algunas ideas básicas de lo que podemos hacer.

El Sector Empresarial bajo su estrategia de Responsabilidad Social Corporativa tiene ante sí una obra que no es una mera cuestión de asistencialismo, sino que el hacer educación de calidad con las familias y comunidades con las cuales trabajan, asegura en el mediano y largo plazo la formación y sostenibilidad de recursos calificados con un enfoque adecuado que combine la competitividad y el desarrollo de valores personales y comunitarios; y en el corto plazo aportan sin duda bienestar social entre las familias beneficiadas, generando confianza en su labor.

Las instituciones sociales gubernamentales y no gubernamentales por definición tienen una responsabilidad educativa, en tanto sus intereses son generadores de valores, actitudes y prácticas en temas relevantes para la formación de nuestra niñez, adolescencia y juventud. Temas como la salud, la alimentación nutricional, la lucha contra el abuso, el maltrato y la violencia, la seguridad ciudadana, la equidad de género, la sexualidad, la participación ciudadana, y la prevención de la corrupción administrativa y jurídica, entre otros, son temas que requieren de una celosa formación.

Las instituciones ligadas con la producción agropecuaria, los servicios y las industrias tienen por definición la necesidad de desarrollar enfoques y competencias para elevar la productividad y el PIB Sectorial, lo cual es una tarea formativa; pero también sus estrategias de mercadeo, gerencia, comunicación, e interacción con sus clientes en forma sustentable requieren de la formación de redes técnicas, profesionales y gerenciales que contribuyan a formar un tejido social sólido.

Así, el sector agropecuario y agrario tiene su razón de ser no sólo en elevar las ventas internas y las exportaciones, sino la creación de una vida plena para un desarrollo rural integral. Esto es educación para la vida rural. Unas micro, pequeñas y medianas empresas no sólo para ser competitivas, sino también con visión de desarrollo de valores culturales que se acuñen como nacionales. Esto es educación cultural.

Un sector constructivo con diseños y normas de calidad y pertinencia que se apliquen efectivamente a nuestra realidad de riesgos sísmicos y aluviones. Esto es educación para la responsabilidad con la vida. Un sector turístico propositivo de innovaciones para convertir nuestras riquezas naturales en cada vez más atractivos destinos turísticos nacionales e internacionales, una con visión sustentable. Esto es hacer de la educación un ejercicio creativo eficiente.

Instituciones gubernamentales y no gubernamentales que trabajan por el cuido, preservación y sostenibilidad ambiental, que vienen desarrollando planes de capacitación para asegurar que no queden en papeles los estudios de impactos ambientales, se apliquen las normas en las áreas protegidas y se promueva el amor por nuestros ambientes naturales. Estas realizan y deben profundizar su labor educativa por una cultura ambiental.

Los medios de comunicación, cuya fortaleza entre otros viene de una interpretación efectiva y creativa de la idiosincrasia y visión de las audiencias, tienen un aporte estratégico y transversal en todos estos aspectos, siendo ellos mismos facilitadores del desarrollo. Este acompañamiento social es una labor educativa invaluable.

Finalmente, y quizás más importante, nuestra participación personal y comunitaria en procesos educativos que pueden ser de diferente tipo: desde alfabetización, cuido de niños, personas con capacidades diferentes o adultos mayores, hasta compartir experiencias con jóvenes y participar en diálogos constructivos de diferente tipo.

Comenzar por hacer educación desde nuestros radios de acción es una necesidad para construir los ambientes y la visión de desarrollo que cada uno está llamado a construir. Debemos armar bien las piezas de nuestro rompecabezas, viendo y actuando por encima de los límites ficticios que muchas veces nos imponen nuestros horizontes de clase, de credo religioso, de partido, de raza, incluso de sectores técnicos y profesionales. El perfil de nuestra nación nunca estará bien asentado si no consensuamos ampliamente la educación como prioridad nacional.