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Los meritorios esfuerzos que realiza el Intur, en coordinación con el Minsa, la Policía Turística, las alcaldías y organizaciones civiles, por promover, darle seguridad y rehabilitar los balnearios, puertos, pueblos y ciudades del país, tendrán mejores resultados a mediano o largo plazo siempre y cuando cuenten con un cambio de conciencia, tanto en la población como en los prestadores de servicios turísticos involucrados.

De nada sirve que las instituciones inviertan fondos para ordenar, restaurar o limpiar sitios turísticos si los visitantes botan basura en lugares no apropiados, aún teniendo el barril o canastilla cerca de ellos. La comunidad debe cuidar sus sitios turísticos, sentirse orgullosa de ellos, dejar de verlos como algo cotidiano, tratar de encontrar algo especial, novedoso en cada lugar o en cada actividad.

Por otro lado, y esto lo podemos percibir en ciudades identificadas como los destinos nacionales por excelencia, la atención a los clientes deja mucho que desear en algunos bares y restaurantes, ya no digamos el trato casi discriminatorio para atender a los turistas nacionales de los extranjeros.

Es importante que los dueños de estos negocios capaciten a su personal, promuevan servicios turísticos de calidad, que fomenten un cambio de actitudes, lo que generará una buena impresión en los turistas, asimismo, y en la medida de sus posibilidades económicas, inviertan (que no es igual a que gasten) en mejorar la infraestructura de sus establecimientos o al menos dotarlos de algunos detalles de creatividad que los haga lucir más atractivos. Precisamente, la Cultura Turística es lo que nos permite ver la actividad turística de una forma integradora, en la cual se conjugan la satisfacción del visitante, el mejoramiento en la calidad de vida de la comunidad y una adecuada administración de los recursos turísticos, culturales y naturales.

Todos somos parte del turismo, tenemos derecho al turismo, como consecuencia del derecho al descanso y al ocio, tenemos derecho a la libertad de desplazamiento turístico en un ambiente sano, solidario y de respeto, con recursos naturales y culturales auténticos, lo anterior conlleva necesariamente el deber de garantizar el bienestar económico de la población para que pueda hacer uso de estos derechos, no obstante, que para eso no se requieren grandes recursos, comencemos por promover el orden, el aseo y la amabilidad.

Recordemos que no hay mejor publicidad para un sitio o un negocio que una buena recomendación y que a los demás debemos tratarlos como nos gustaría que nos traten.