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Tasbapri. Diciembre 17 de 1985
Úrsula Taylor James se llamaba ella. En sus ojos profundos y de expresión nostálgica, se reflejaba el temor que como indeleble huella marcó para siempre el contorno de sus pronunciadas ojeras en el marchito rostro de sus casi sesenta años de edad. Han transcurrido exactamente tres años desde aquella trágica mañana de diciembre de 1982.

Una lágrima recorre los surcos de su piel tostada por el inclemente sol de la Mosquitia y se estremece al escuchar en los laberintos del recuerdo el sordo rugido de los helicópteros, que irrumpiendo en la sublime tranquilidad de la ribera del Río Coco, acompasaron el ronco retumbo de los tanques con la fatídica melodía de la metralla y los gritos cuartelarios de personas intrusas, que en intrusa lengua arengaban y atropellaban a su gente como rebaño… quienes no lograban comprender lo que ocurría.

Pero pase por favor y siéntese- alcanzó a decir la hermosa mulata sesentona al periodista de un prestigioso diario español que quiso conocer un poco acerca del afamado “paraíso miskito” en el que dicha etnia fue asentada...- ¿Gusta un poco de café?- le ofreció amable y ausente, al tiempo que le alcanzaba un jarro de aluminio.

Arturo se llamaba el periodista, alto, delgado y de ojos verdes, treinta y cinco años aproximadamente. Aun pensaba con cierto aire dubitativo si habría hecho bien en abandonar la comodidad de sus ocupaciones cotidianas en Madrid, al haberse decidido a toda costa en conocer las bellezas del paraíso revolucionario tan afamado en su país, que decidió constatarlo personalmente.

- Pero dígame Úrsula, ¿extraña usted su lugar de origen?- Hubo una profunda pausa revestida de un inusitado silencio que carcomía hasta los huesos enterrados en las fosas comunes. Un nudo oprimía la garganta de Úrsula, al tiempo que trataba inútilmente de esbozar una lánguida sonrisa y decir en tono taciturno: - ¡Qué pregunta la suya señor!
¿Qué no ve que aquí estamos más mejor, no nos falta nada y la revolución nos protege de los hombres malos, de los españoles de la contra pues?
Arturo la miró a los ojos en el preciso instante en que ella los bajó hacia el piso de tierra, como tratando de enterrar en vano su mirada, como un niño lo hace cuando es pillado mintiendo.- Úrsula, por favor… nadie nos escucha, dígame la verdad: ¿Qué ocurrió en aquella Navidad de 1982?
Las bombas caían sin cesar arrojadas desde los helicópteros, los ranchos de paja y bejucos se desvanecían en un mar de fuego vomitado por los órganos de Stalin, mientras cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos eran subidos a la fuerza en los camiones, a la vez que las bayonetas de los soldados apuntaban hacia ellos en forma amenazante.

La niña gritaba. Su tierna nieta de tan sólo catorce años era forzada por la soldadesca, quienes uno a uno destrozaban sus sueños infantiles inconclusos y anegados en el repulsivo esperma aportado por la tropa que reía a carcajada suelta… casi como ladridos furiosos de hienas hambrientas que disputan los despojos de la presa.

* ¡Déjenla piricuacos! ¡PIRICUACOS!
* ¡Despierte Úrsula, es sólo un sueño!
* AHHH...¡Ay Señor…que pena con usted.

¿Qué le pasó?- Por un momento usted se quedó como dormida y luego se puso a gritar, tal y como ocurre cuando se reviven recuerdos dolorosos.

* Nues nada señor… Disculpe a esta pobre vieja que ya está quedando loca.

* Usted mientras soñaba despierta, dijo una palabra en una lengua que no comprendo, creo que dijo: Piricuacos, ¿qué significa?
* ¡AHHH! Esa palabra es en mi lengua madre… pero si se la digo por favor no la repita nunca más…. hasta que se vaya para su país.

* Se lo prometo- Dijo Arturo francamente intrigado con la curiosidad de un niño.

* Pues, esa palabra mi señor, quiere decir: Perros Rabiosos.

Arturo sólo atinó a mirar su reloj. Con paso vacilante estrechó la mano de Ùrsula y se despidió deprisa, tratando de pensar en cualquier cosa, en el mundial de fútbol que estaba por dar inicio en México, en la cena navideña suculenta que aguardaba por él en Madrid…. Pidió viajar por tierra… hasta donde fuese posible…el sonido de los helicópteros le resultaba insoportable… tanto, como el inconfundible olor a muerte acuñado en los gemidos provenientes de las fosas….cubiertas por la naturaleza cómplice de aquel infierno verde.


*Jurista y Escritor Aficionado