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El viernes 5 de febrero, la Alcaldía de Granada, en solmene acto en el Convento de San Francisco, otorgó el reconocimiento de Hijo Dilecto, al doctor Rodolfo Vargas Almanza, destacado médico internista y endocrinólogo nicaragüense, residente en Estados Unidos. La justa y oportuna acción del Alcalde, Ingeniero Eulogio Mejía Marenco y los concejales, habla por los más desposeídos, que son el objeto de ayuda principal del doctor Vargas y un buen grupo de amigos estadounidenses que se alejan de familia y comodidades para venir cada año pagando pasajes y hospedaje, con el objeto de cumplir el más acariciado sueño de los hombres solidarios; darse a quien les necesita sin ningún interés de por medio.

Pocas veces me he sentido tan gratificada de asistir a un acto protocolario de homenaje, como este bien merecido nombramiento de “hijo dilecto” al doctor Vargas, en noble reconocimiento por su destacado altruismo y por su labor humanitaria dedicada al mejoramiento de la salud del pueblo nicaragüense y de manera especial por sus incontables obras benéficas para la población granadina. Cabe destacar que este acuerdo se dio con unanimidad de votos.

Rodolfo Vargas, graduado de honor en la Escuela de Medicina en la UNAN-León, en 1967, reside en Estados Unidos desde hace 40 años y mientras hacía su residencia en el Hospital El Retiro, de la vieja Managua, viendo las necesidades del pueblo, juró nunca olvidarse del lugar donde nació y donde creció, y hacer todo lo posible por ayudar a los necesitados desde donde él estuviese. Desde el inicio de los años 90 empieza a traer ayuda a Nicaragua, otorgando lavadoras y secadoras industriales y cocina de 12 hornillas al antiguo Hospital San Juan de Dios, de Granada. Los lamentos provocados por el Huracán Mitch, en Posoltega, también tuvieron eco en el corazón solidario de Rodolfo y un grupo de sus amigos.

Desde el año 2000 empieza a venir cada año a Granada, con Brigadas de médicos voluntarios, brindando atención a miles de enfermos, lo que en un momento llega a considerar insuficiente y decide fundar una clínica que brinde atención permanente durante todo el año. Nace así en 2004, la Clínica Alabama-Granada, atendida por 2 médicos nicaragüenses, brindando un promedio de 60 u 80 consultas diarias. En su afán de ayudar a la salud del pueblo nicaragüense Rodolfo ha sido apoyado por sus amigos y colegas de Highland United Methodist Church y otros organismos estadounidenses. Gracias al esfuerzo de este ángel de Granada, a partir de 2004 se han realizado más de 600 operaciones de catarata, 250 de estrabismo, 210 transplantes de córneas, 350 cirugías de retina, 216 implantes de marcapasos, 15 prótesis de rodillas y cada vez que vienen las brigadas, compuestas hasta de 25 médicos voluntarios, se atiende a más de 1,500 pacientes y la donación de miles de pares de anteojos.

Por si fuera poco, este hombre ha ido más allá de todo límite de la solidaridad; se ha llevado a su hogar en Birmingham a compartir con su esposa, María Esperanza y sus hijos, a decenas de jóvenes que han necesitado de largos tratamientos en Estados Unidos. María Esperanza ha funcionado no solamente como la esposa cooperante en estas causas nobles, sino además se ha involucrado, sirviendo de traductora, de intérprete, de enfermera, de madre, de conductora, en fin…, ¡ de qué no!.. Lo más lindo, todo lo han hecho con amor.

Como nicaragüense agradecida, no quisiera dejar de mencionar a los médicos que se han enamorado de Nicaragua dándole a nuestro pueblo atención de salud. Pilar fundamental han sido para el doctor Vargas los profesionales portadores de entusiasmo y entrega: Michael Callahan, John Parker, Mark Drabkin y Richard Feist (Oftalmólogos), Jerald Clanton y Joe Stowell (anestesistas), Nick Loon, Weilly Soong, Jon Vacik y Judy Loon (internistas), Bryan Benson, Janet Revés y Sussie Gokey (pediatras), Mary Mc Cornick (neuróloga pediatra), Sireesha Reddy y Diane Kober (ginecólogos), Iradj Sooudi (odontólogo), Roger Carlisle (gastroenterólogo), Joaquín Arciniegas, Ching Man y los galenos nicaragüense Christian Machado ( cardiólogos), Rodrigo Bolaños Hunter y Elquis Castillo.

De igual manera, desearía escribir en roca, como se construyen las buenas obras, el agradecimiento a los asistentes de estos médicos, todos voluntarios, entre ellos algunos compatriotas; Ana Muñoz, Laura Cantera, Claudia Ayala, Hill Goggans, Lynn Guzman, Keith y Cynthia Hodge, Lori Feist, Lowell Smith, Abbott y Cheryl Williams, Cecilia Burgos, Frances Owens, Laverne Ramsey, Lucía Sandino de Lacayo, Telma Chamorro, Dra. Karla Chávez, Dr. Guillermo Gómez, Janet Sandino, Dan Colmes, Tino Mc Elroy, Randy Stephens, Fátima Lacayo de Sáenz y Jaime Sáenz Arguello. Doña Adela Vargas de Lacayo ha mantenido el mismo entusiasmo durante estos 11 años, encargada entre otras cosas, de los intérpretes voluntarios.

Rodolfo Vargas ha hecho lo que lamentablemente no hacen muchos que tienen los recursos y capacidades. Rodolfo ha hecho suyo los versos del poema “Hemos de ser justos” de Darío, pues realmente es un hijo que dignifica sus raíces, embriagado siempre de paz y amor, con el alma a flor de labios y desnudo y limpio su corazón. Rodolfo, el ángel de Granada es un digno ejemplo de emular. Gracias Doctor.


* Periodista cultural educativa