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Señores diputados, pertenezco a la mayoría de los seis millones de nicaragüenses que no gozamos de los beneficios de la corrupción política y el nepotismo para el cual legislan.

Aunque les parezca increíble, la mayoría de los nicaragüenses no padecemos la tullidez mental del fan de la lucha libre. Promover una amnistía sólo los expone a la “indignación” orteguista. Eso es absolutamente innecesario, porque la falta de justicia, la justicia del orteguismo y la justicia liberal, son riendas de una misma coyunda con la que ustedes han lacerado la dignidad y el decoro nacional, poniendo en libertad asesinos, narcotraficantes y ladrones como su propio líder, Arnoldo Alemán.

Mejor entreténgannos haciendo todo lo contrario, para eso les pagamos. Los reto a que apoyen el esfuerzo justiciero del gobierno, sería divertido averiguar si Ortega está dispuesto a quemar a sus marionetas en esa hoguera y si ustedes no forman parte de la misma hipocresía. De ser así, la corrupción política restaría dos candidaturas, la de un ex presidente ladrón y su canciller, personajes que hasta ahora han sido efectivos en dividir el voto dentro de sus propias fuerzas políticas.

De no ser así, continúen con ésta o con cualquier otra pantomima. Se que no sienten pena, esa condición la perdieron cuando decidieron enriquecerse vilmente y hundir a Nicaragua. Adelante, pero sepan que ya vendrá el día en que la mayoría de los seis millones encontremos la forma no sólo de recuperar al país, sino de procesar a todos los culpables de su tragedia.