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Tras el devastador terremoto llegó un aluvión de ayuda internacional para Haití. La primera prioridad ha sido salvar vidas. Esto significa llevar agua, alimentos, refugio, medicinas y otros insumos básicos a las víctimas. Este esfuerzo deberá ser respaldado por una cadena logística que funcione por varios meses.

Una vez estabilizada la respuesta humanitaria, deberemos enfocarnos en la entrega de servicios básicos y en la reconstrucción, y al hacerlo deberemos aprender las lecciones del pasado.

Luego de cinco misiones de paz y miles de millones de dólares en ayuda, Haití sigue siendo un país con algunos de los peores índices de desarrollo humano en el mundo.

Sin embargo, sabemos que el progreso es posible.

Antes del terremoto y a pesar de los huracanes de 2008, Haití había progresado – con elecciones exitosas y pacíficas, la estabilización de la inseguridad crónica y mayor recaudación de impuestos e inversión.

Apoyándose en estos éxitos, la reconstrucción y recuperación de Haití requieren un compromiso a largo plazo. Cuando las cámaras se vayan, los donantes no deben partir junto a ellas. En el pasado, la “fatiga sobre Haití” ha sido un obstáculo al desarrollo comparable a un desastre natural.

Los cuatro huracanes y tormentas tropicales de 2008 se llevaron un 15% del PIB. En esta ocasión los daños serán más extensos, y requerirán de un esfuerzo aun más sostenido y coordinado.

¿Cuáles son las lecciones aprendidas?

Haití no puede ser reconstruido por desconocidos bien intencionados. Los donantes deben trabajar de la mano del gobierno y pueblo haitianos, al tiempo que el gobierno y el Parlamento se comprometen a trabajar juntos y liderar el proceso.

La asistencia para la reconstrucción debe ser en forma de donaciones. Más dinero debe pasar por el presupuesto haitiano alineándose a los objetivos nacionales y creando capacidad, aunque al inicio las actividades vitales dependan de socios regionales e internacionales.

Debemos eliminar el peso de la deuda. El año pasado, junto al FMI cancelamos US$ 1200 millones de deuda. Pero restan US$ 1000 millones. Menos del 4% – unos US$ 38 millones – corresponden al Banco Mundial. Inmediatamente anunciamos que Haití no deberá cancelar vencimientos de deuda durante los próximos cinco años, y estamos trabajando para eliminar el resto de esa deuda. Los demás deberían seguir este ejemplo.

La asistencia debe ser más coordinada, menos proyectos para que los donantes se sientan bien consigo mismos, menos plantar bandera y una fuerte supervisión, transparencia y rendición de cuentas para asegurar que el dinero será utilizado efectivamente.

Reconstruir Haití de una manera mejor requiere de sentido común y estrategia.

Podemos respaldar la transición entre ayuda humanitaria y la reconstrucción a través de un sistema de alimentos o efectivo a cambio de trabajo, y así pagarles a los haitianos por reconstruir la infraestructura, o plantar árboles. Los proyectos comunitarios pueden impulsar la agricultura de pequeña escala, que luego de un tiempo puede proveer y hasta reemplazar los programas de asistencia alimentaria. Con modestas inversiones en insumos y equipos, Haití podrá establecer empresas de construcción con mano de obra intensiva.

Impactado repetidamente por los desastres naturales, la geografía ha sido la maldición haitiana. Pero la geografía puede tornarse en una oportunidad estratégica. A mil kilómetros de los Estados Unidos, Haití tiene un potencial enorme. Accede al mercado estadounidense a través de la legislación “ HOPE II” que lo beneficia. Ello ha de generar empleo en el sector del vestido y la agricultura. Y creando un ambiente propicio para las inversiones y con mejor infraestructura (tendido eléctrico, puertos y carreteras) el país podrá desarrollar el sector privado.

Hay ejemplos exitosos. La Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, ha invertido en Digicel, ampliando la cobertura en telefonía celular. Una zona franca cercana a la frontera con la República Dominicana atrajo a inversionistas estadounidenses del sector textil, creando miles de empleos. Existe la oportunidad de expandir esta iniciativa.

Para que Haití prospere, la legitimidad, la seguridad y el desarrollo deben ir de la mano.

Los televidentes entienden ahora lo débil que es el Estado haitiano. Desde la falta de equipo pesado para remover escombros, hasta la pequeña fuerza policial o el débil sistema judicial. Es un Estado con poca capacidad y exiguos ingresos para proteger a su población o proveer servicios básicos.

Debemos ‘asegurar el desarrollo’ a través de sedimentos profundos como para quebrar el ciclo de fragilidad, pobreza y violencia. Con estabilidad política, seguridad y un gobierno efectivo, las inversiones y el desarrollo aumentarán.

El ejemplo de Aceh en Indonesia es ilustrador. A cinco años del tsunami, la reconstrucción de Aceh es un caso exitoso. Se reconstruyeron 140,000 viviendas, se construyeron 4,000 km de caminos, y se apoyaron 200,000 pequeñas y medianas empresas.

En Aceh, los donantes respaldaron la reconstrucción a través de enfoques coordinados alineados al liderazgo gubernamental y las prioridades locales. Quince países y organizaciones internacionales juntaron US$700 millones a través de un Fondo de donantes múltiples administrado por el Banco Mundial. En vez de quince proyectos separados para la vivienda y la construcción vial, cada uno con procedimientos y criterios diferentes, se implementó un solo programa muy bien coordinado entre las comunidades, agencias de gobierno, ONG y agencias internacionales.

Los haitianos no quieren ser víctimas, lo que es algo natural. Con un fuerte liderazgo haitiano – y un apoyo regional e internacional, coordinado, consecuente y eficiente- podremos transformar unos días de impacto noticioso en una década de éxitos.


*El autor es el Presidente del Grupo Banco Mundial